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Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo de David Lipsky

I.

Así que le diría a David, si pudiera, que volver a vivir estos días con él fue un gran placer. Le daría las gracias, diría que le estoy agradecido por haberme dejado estar ahí. Le contaría que aquellos días me recordaron qué era la vida, en vez de funcionar como un desahogo de ésta, y diría que leerle hizo que me sintiera mucho menos solo.

II.

Pues yo opino que ser tímido básicamente implica estar ensimismado hasta el punto de entorpecer la relación con los demás. Por ejemplo, si estoy contigo, ni siquiera tengo claro si me caes bien o no, porque estoy demasiado preocupado por si yo te caigo bien a ti. Resulta estresante y desagradable o lo que sea. Y tengo elementos de esa clase de timidez en mi interior.

III.

Pero a la mayoría de individuos brillantes les ocurre algo antes de cumplir los treinta que les abre los ojos al hecho de que la consideración que los demás tengan de ellos no posee las suficientes calorías para impedir que se vuelen los sesos. Es algo que tienes que averiguar por ti mismo, y con lo que alcanzar otro tipo de tregua.

IV.

Aquello es como peor que cualquier cosa, no sé si tú has tenido alguna experiencia en este sentido. Es peor que cualquier clase de daño físico, o que cualquier clase de… tal vez sea lo que en el pasado se denominaba una crisis espiritual o lo que fuera. Es como si sintieses que la totalidad, cada axioma de tu vida resultara ser falso, y que en realidad no hubiese nada, y que tú no fueses nada y todo fuera una ilusión. Y que fueras mejor que nadie por haber visto que es una ilusión, y sin embargo fueras peor porque eres incapaz de funcionar. Y eso era sencillamente, era sencillamente horrible.

V.

Yo tengo la, y esto te va a parecer una bobada, pero tengo la increíble convicción como de crío de cinco años de que el arte es sencilla y absolutamente mágico. Y de que las buenas obras de arte pueden hacer cosas que nada más en el sistema solar es capaz de hacer. Y que lo bueno sobrevivirá, y será leído, y que en el gran proceso de separación de paja y trigo, la mierda se hundirá y el material valioso se elevará.

VI.

La paradoja es que lo popular te enseña a no esforzarte. Te dice que no tienes que esforzarte.

VII.

Que el temor es la condición básica, y hay todo tipo de motivos para que tengamos tanto miedo. Pero el hecho es que, es que la tarea que tenemos por delante es aprender a vivir de tal modo que no estemos aterrorizados permanentemente. Y sin valernos de todo tipo de cosas, ni de personas, para mantener esa clase de terror a raya.

M Train de Patti Smith

Me quedo sentada frente al inigualable café de Zak. En el techo, los ventiladores giran como veletas enloquecidas. Fuertes vientos, lluvia fría o amenaza de lluvia: un desfile de cielos calamitosos en ciernes que impregna sutilmente todo mi ser. Sin darme cuenta, caigo en una ligera aunque persistente desazón. No es depresión, sino más bien fascinación por la melancolía, a la que doy vueltas en la mano como si fuera un pequeño planeta, veteado de sombras, de un azul imposible.

Razones para seguir viviendo de Matt Haig

Si alguna vez has creído que una persona con depresión quiere ser feliz, te equivocas. No podría importarle menos el lujo de la felicidad. Sólo quiere dejar de sentir dolor. Escapar de una mente en llamas, donde los pensamientos arden y humean como viejas posesiones destruidas en un incendio. Ser normal. O, como lo normal es imposible, estar vacío.

Lady Sings the Blues de Billie Holiday

I.

Señor McKay – dije a mi marido -, hoy has recibido una lección. Alguna gente es gente y otra gente no lo es. Ese hombre no es gente.

II.

La droga nunca ayudó a nadie a cantar mejor, ni a tocar mejor, ni a hacer nada mejor. Te lo dice Lady Day. Si alguna vez alguien trata de convencerte de que la droga ayuda, pregúntale si cree saber sobre la droga algo que Lady Day no sepa.
Creo que el hecho de engancharme mató a mi madre. Al menos contribuyó, sin duda. Y pienso que si un hijo mío se enganchara, me mataría. No tengo coraje para ver a otro soportar las torturas que soporté para curarme y mantenerme sana.
Lo único que la droga puede hacer por ti, es matarte… lenta y duramente. Y al mismo tiempo puede matar a la gente que quieres. Esta es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Pero mentía…

Open de Andre Agassi

OpenTranscritas. Agassi habló y habló durante horas, o días, no lo sé. Todo lo que dijo se grabó, se transcribió, se seleccionó, se pulió y se publicó. La voz transcrita es lo que distingue Open de otras memorias. Porque es como si Agassi eligiera a cada uno de los lectores personalmente para contarles su historia. La honesta. La real. La del tenista un poco chulo. La del hombre complejo y frustrado. Pero leal. Y muy tierno. Por absurdo que parezca sus recuerdos responden preguntas. Al menos una.

Hay algo que siempre me ha costado mucho entender en los demás: el desperdicio de talento. Muchas veces me he preguntado en qué estaba pensando mi persona talentosa para perder de forma absurda tantas oportunidades de hacerse grande. De todas las explicaciones posibles, la que nunca se me pasó por la cabeza fue la que tenía que ver con el odio. Supongo que por simpleza. “¿Cómo va a odiar su don, eso que le distingue del resto, eso que inspira?” A veces no doy más. Tenis y odio siempre van juntas en los recuerdos de Agassi. Sigo sin entender el porqué pero al menos sé que hay otros mundos más complejos que los del blanco y el negro.

He pensado mucho sobre estas memorias en estos días, mientras las leía y después. Sabía quién era Agassi pero nunca le seguí. He buscado videos, he leído críticas y mi buena sensación sigue intacta. Ha sido un descubrimiento. Una amiga me dijo que cuando se publicó, Open causó mucha polémica porque Agassi cuenta que jugó dopado y que la autoridad tenística lo pasó por alto. Me enseñó un artículo en el que a los tenistas más grandes de todos los tiempos se les llenaba la boca criticándole. Yo todavía no había llegado a esa parte, pero ahora sé que no habían leído el libro. De haberlo hecho, no habrían dicho las tonterías que dijeron.

De todas maneras, qué mezquindad. Andre Agassi se desnuda por completo en sus memorias, se frota con esponja de esparto, nos enseña las heridas, nos da una lección y a nosotros solo nos preocupa la marca del jabón…

No soy ese tipo de chica de Lena Dunham

NosoyesetipodechicaNo sé cómo enfocar esto. No he visto la serie Girls. Tampoco tengo intención de verla ni la tenía antes de leer el libro de Lena Dunham. Ni siquiera sabía quién era esta mujer. No tenía ni idea de su prestigio como guionista, directora, actriz y no sé cuántas cosas más. Decidí leer No soy ese tipo de chica por un comentario que leí que decía que era diferente. Lo empecé en un avión y lo tuve que dejar después de dos páginas porque no podía concentrarme en lo que Lena quería contarme sobre todo lo que había aprendido en sus veintinueve años de vida. Entonces pensé que era por los nervios del viaje. Hoy creo que no.

Lo que voy a decir puede o no puede tener dos interpretaciones. Una puede ser la literal y otra puede ser la que introduce todo lo negativo en un plano de la percepción no apto para todos los públicos. Por ejemplo, si digo que No soy ese tipo de chica es un libro tan desordenado que a veces se convierte en un texto muy difícil de seguir, puede significar exactamente eso o puede implicar que ese desorden es más importante para un genio que escribir para ser comprendido. Si digo, muy desconcertada, que no sé qué es eso tan importante que Lena ha aprendido en su corta vida. Si estoy convencida de que en realidad no existe ningún propósito. Si me atrevo a insinuar que la vida pintoresca, atolondrada y a veces tierna de esta chica no resulta tan interesante, puede que tenga razón o simplemente puede que se trate de lo de siempre: el conocimiento supremo que a muchos nos está vedado.

Si la serie es igual, y sospecho que así es, otra sorpresa más que añadir a mi colección.

Servicio completo de Scotty Bowers

Servicio completoScotty Bowers es un hombre muy desinhibido sexualmente y quizá por eso su relato no sea apto para todos los públicos adultos. Al principio de sus memorias intercala fragmentos de su infancia con los inicios de lo que acabó siendo un servicio de citas muy extendido en Hollywood. Después se centra más en sus aventuras de cada década, con nombres, apellidos, preferencia sexual y detalles íntimos de actores, actrices, nobles, artistas y cualquiera que tuviera algún tipo de relevancia en aquellos años. Desde muy joven se convirtió en un celestino sexual. Hombres y mujeres de cualquier condición sexual acudían a él para que les organizara encuentros de todo tipo. Él no recibía dinero por el trabajo pero sí eran servicios pagados.

No hay modo de comprobar que todo lo que cuenta es cierto, pero obviamente cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Una de las mías es que, sin ser mojigata, me resulta difícil de creer que los encuentros sexuales que tuvo cuando era niño no solo no le afectaran sino que los disfrutara. Pero reconozco que es una consideración moral. La misma que aparece cuando leo sobre lo que él considera que es una relación sentimental. Otras veces me muestro bastante incrédula. Gustaba a todo el mundo. Todo el mundo le deseaba sexualmente. Todos eran unos promiscuos. En la vida solo existe el sexo. Me chirría un poco tanta idealización.

Si tuviera que quedarme con algo, lo haría con el cariño con el que trata a todos. Y el respeto. No es un carroñero que ha estado acumulando cotilleos de famosos durante años, es un hombre que fue su amigo, su confidente, su amante y su celestino.