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Still Life de Louise Penny

Life is change. If you aren´t growing and evolving you´re standing still, and the rest of the world is surging ahead. Most of these people are very immature. They lead “still” lifes, waiting.

Waiting for what?
Waiting for someone to save them. Expecting someone to save them or at least protect them from the big, bad world. The thing is no one else can save them because the problem is theirs and so is the solution. Only they can get out of it.
(…) That´s it. The fault lies with us, and only us. It´s not fate, not genetics, not bad luck, and it´s definitely not Mom and Dad. Ultimately it´s us and our choices. But, but- the most powerful, spectacular thing is that the solution rests with us as well. We´re the only ones who can change our lives, turn them around. So all those years waiting for someone else to do it are wasted.”

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Salinger de David Shields y Shane Salerno

I.

Y eso me recuerda a algo que Jerry me dijo en una carta: “A veces tienes que darte la aprobación a ti mismo. A veces la gente no te la da. O bien te llega demasiado tarde o bien no te llega nunca.”

II.

Todos estamos rotos; todo el mundo en algún momento, y sobre todo en la adolescencia, se siente irreparablemente traumatizado, todos necesitamos curación. El guardián entre el centeno proporciona esa curación, pero muy sutilmente. Ni siquiera sabes cómo; al final solamente te llega una pizca de optimismo, pero no te da la sensación de que te haya suministrado un remedio universal. Solamente te sientes curado a un nivel profundo e imposible de expresar.

Por encima de la lluvia de Víctor del Árbol

I.

Debe de resultarte ridículo que alguien pueda decirte que te ama habiendo compartido contigo solo un fin de semana. No me importa ser ridícula, ni me importa, en el fondo, si me crees o no, si eso despierta inquietud o esperanza en ti. La vida no es una película, lo sé. No es una novela ni se vive en una canción. Vivir no es recordar para olvidar, correr para escapar; también lo sé. Pero dime, Miguel: ¿a quién le debe explicaciones mi corazón? ¿Te las debe a ti, acaso? ¿A los demás? Siento lo que siento, y no hay conveniencia o necesidad, no hay razón o justifica, sentido común o lo contrario. Elegí a un hombre, mi piel lo eligió por mí.

Acabarás solo, Miguel. Y será una pena, pero tú lo habrás decidido. Y algún día comprenderás que, vivir, se vive una vez y para siempre, o se muere sin remedio en medio de los días.

II.

Caluroso y pesado ha sido el día,
mas ya la noche se aproxima
y viene borrando toda pena
y murmurando una canción de cuna.

Iván Bunin

III.

En jaquecas y angustias,
la vida, vagamente, se escapa,
y el tiempo dictará su capricho,
tal vez hoy o tal vez mañana.

W. H. Auden

IV.

El mundo no podía cambiarse, y él tampoco comprendía todo lo que significaba la vida. Solo que pasaba deprisa, que se iba, con sus injurias y sus penas y sus alegrías. Que algunos apretaban los ojos fuertemente y se tapaban los oídos para no escuchar su llamada, que otros sufrían y no se quejaban y tiraban de sus existencias sin mirar atrás, y que unos pocos aprendían a tiempo a vivirla.

Matadero Cinco de Kurt Vonnegut

El libro era Maníacos en la cuarta dimensión, de Kilgore Trout. Hablaba de las personas cuyas enfermedades mentales no podían ser tratadas porque sus causas estaban todas en cuatro dimensiones, y los tridimensionales médicos terrícolas no podían ver esas causas, ni tan siquiera imaginarlas.

Trout defendía una teoría que encantaba a Rosewater. Decía así: tanto los vampiros como los brujos, los duendes, los ángeles, etc., existían, pero en la cuarta dimensión. William Blake, el poeta de Rosewater, también estaba de acuerdo con Trout. ¿Y acaso no existían el cielo y el infierno?

La tormenta de hielo de Rick Moody

(…) Pero lo principal era que quería hablar con su hermana. Quería decirle que aquello no iba a funcionar, que ninguna novia funcionaría jamás, y que siempre iba a vivir en aquel panteón sin ventanas donde nadie le tocaba nunca la piel. Su cuerpo, le quería decir, era como una pared que rezumaba la humedad de una bodega de vinos. Respiraba el aire mohoso de las criptas. No podía estarse quieto.

Felicidad familiar de Laurie Colwin

El llanto juvenil es una cosa y el llanto adulto otra muy distinta. Las lágrimas de la juventud son limpiadoras, como las siestas o las duchas tonificantes. Una buena llorera hace que el joven que sufre sienta que se ha conseguido algo. Lás lágrimas de la edad adulta dejan a la víctima seca y agotada. Dejan los ojos escocidos. Dejan a su paso un dolor bajo las costillas y en la frente.

La Esposa joven de Alessandro Baricco

I.

Especifico por la noche, ya que suele ocurrir que me despierto repentinamente en un momento determinado de la madrugada, antes del amanecer, y con gran lucidez calculo la derrota de mi vida o, por lo menos, su geométrica putrefacción, como de fruta olvidada en un rincón: de hecho, la combato reconstruyendo esta historia, u otras historias, algo que de vez en cuando me aleja de mis cálculos, y otras veces no me lleva a ninguna parte.

II.

Sentirse terriblemente hermosas, dijo la Mujer elegante. ¿Te ha ocurrido alguna vez?
Una vez, una mañana, dijo la Esposa joven.
Tal vez incluso sentirse despreciadas, dijo L., pero no lo sé, tal vez. Tal vez me gustaría hacerlo con alguien que me desprecia, no sé, debe de ser una sensación fortísima y no es algo que en la vida te ocurra.