Archivo de la categoría: Novela

If Beale Street Could Talk de James Baldwin

Those were great days and we were always very happy – but that was because of our father, not because of the city. It was because we knew our father loved us. Now, I can say, because I certainly know it now, the city didn´t. They looked at us though we were zebras – and, you know, some people like zebras and some people don´t. But nobody ever asks the zebra.

Anuncios

The Cruellest Month de Louise Penny

She knew that kindness kills. All her life she´d suspected this and so she´d only ever been cold and cruel. She´d faced kindness with cutting remarks. She´d curled her lips at smiling faces. She´d twisted every thoughtful, considerate act into an assault. Everyone who was nice to her, who was compassionate and loving, she rebuffed.

Because she´d loved them. Loved them with all her heart, and wouldn´t see them hurt. Because she´d known all her life that the surest way to hurt someone, to main and cripple them, was to be kind. If people were exposed, they die. Best to teach them to be armored, even if it meant she herself was forever alone. Sealed off from human touch.

Still Life de Louise Penny

Life is change. If you aren´t growing and evolving you´re standing still, and the rest of the world is surging ahead. Most of these people are very immature. They lead “still” lifes, waiting.

Waiting for what?
Waiting for someone to save them. Expecting someone to save them or at least protect them from the big, bad world. The thing is no one else can save them because the problem is theirs and so is the solution. Only they can get out of it.
(…) That´s it. The fault lies with us, and only us. It´s not fate, not genetics, not bad luck, and it´s definitely not Mom and Dad. Ultimately it´s us and our choices. But, but- the most powerful, spectacular thing is that the solution rests with us as well. We´re the only ones who can change our lives, turn them around. So all those years waiting for someone else to do it are wasted.”

Salinger de David Shields y Shane Salerno

I.

Y eso me recuerda a algo que Jerry me dijo en una carta: “A veces tienes que darte la aprobación a ti mismo. A veces la gente no te la da. O bien te llega demasiado tarde o bien no te llega nunca.”

II.

Todos estamos rotos; todo el mundo en algún momento, y sobre todo en la adolescencia, se siente irreparablemente traumatizado, todos necesitamos curación. El guardián entre el centeno proporciona esa curación, pero muy sutilmente. Ni siquiera sabes cómo; al final solamente te llega una pizca de optimismo, pero no te da la sensación de que te haya suministrado un remedio universal. Solamente te sientes curado a un nivel profundo e imposible de expresar.

Por encima de la lluvia de Víctor del Árbol

I.

Debe de resultarte ridículo que alguien pueda decirte que te ama habiendo compartido contigo solo un fin de semana. No me importa ser ridícula, ni me importa, en el fondo, si me crees o no, si eso despierta inquietud o esperanza en ti. La vida no es una película, lo sé. No es una novela ni se vive en una canción. Vivir no es recordar para olvidar, correr para escapar; también lo sé. Pero dime, Miguel: ¿a quién le debe explicaciones mi corazón? ¿Te las debe a ti, acaso? ¿A los demás? Siento lo que siento, y no hay conveniencia o necesidad, no hay razón o justifica, sentido común o lo contrario. Elegí a un hombre, mi piel lo eligió por mí.

Acabarás solo, Miguel. Y será una pena, pero tú lo habrás decidido. Y algún día comprenderás que, vivir, se vive una vez y para siempre, o se muere sin remedio en medio de los días.

II.

Caluroso y pesado ha sido el día,
mas ya la noche se aproxima
y viene borrando toda pena
y murmurando una canción de cuna.

Iván Bunin

III.

En jaquecas y angustias,
la vida, vagamente, se escapa,
y el tiempo dictará su capricho,
tal vez hoy o tal vez mañana.

W. H. Auden

IV.

El mundo no podía cambiarse, y él tampoco comprendía todo lo que significaba la vida. Solo que pasaba deprisa, que se iba, con sus injurias y sus penas y sus alegrías. Que algunos apretaban los ojos fuertemente y se tapaban los oídos para no escuchar su llamada, que otros sufrían y no se quejaban y tiraban de sus existencias sin mirar atrás, y que unos pocos aprendían a tiempo a vivirla.

Matadero Cinco de Kurt Vonnegut

El libro era Maníacos en la cuarta dimensión, de Kilgore Trout. Hablaba de las personas cuyas enfermedades mentales no podían ser tratadas porque sus causas estaban todas en cuatro dimensiones, y los tridimensionales médicos terrícolas no podían ver esas causas, ni tan siquiera imaginarlas.

Trout defendía una teoría que encantaba a Rosewater. Decía así: tanto los vampiros como los brujos, los duendes, los ángeles, etc., existían, pero en la cuarta dimensión. William Blake, el poeta de Rosewater, también estaba de acuerdo con Trout. ¿Y acaso no existían el cielo y el infierno?

La tormenta de hielo de Rick Moody

(…) Pero lo principal era que quería hablar con su hermana. Quería decirle que aquello no iba a funcionar, que ninguna novia funcionaría jamás, y que siempre iba a vivir en aquel panteón sin ventanas donde nadie le tocaba nunca la piel. Su cuerpo, le quería decir, era como una pared que rezumaba la humedad de una bodega de vinos. Respiraba el aire mohoso de las criptas. No podía estarse quieto.