Archivo de la categoría: Novela

Por encima de la lluvia de Víctor del Árbol

I.

Debe de resultarte ridículo que alguien pueda decirte que te ama habiendo compartido contigo solo un fin de semana. No me importa ser ridícula, ni me importa, en el fondo, si me crees o no, si eso despierta inquietud o esperanza en ti. La vida no es una película, lo sé. No es una novela ni se vive en una canción. Vivir no es recordar para olvidar, correr para escapar; también lo sé. Pero dime, Miguel: ¿a quién le debe explicaciones mi corazón? ¿Te las debe a ti, acaso? ¿A los demás? Siento lo que siento, y no hay conveniencia o necesidad, no hay razón o justifica, sentido común o lo contrario. Elegí a un hombre, mi piel lo eligió por mí.

Acabarás solo, Miguel. Y será una pena, pero tú lo habrás decidido. Y algún día comprenderás que, vivir, se vive una vez y para siempre, o se muere sin remedio en medio de los días.

II.

Caluroso y pesado ha sido el día,
mas ya la noche se aproxima
y viene borrando toda pena
y murmurando una canción de cuna.

Iván Bunin

III.

En jaquecas y angustias,
la vida, vagamente, se escapa,
y el tiempo dictará su capricho,
tal vez hoy o tal vez mañana.

W. H. Auden

IV.

El mundo no podía cambiarse, y él tampoco comprendía todo lo que significaba la vida. Solo que pasaba deprisa, que se iba, con sus injurias y sus penas y sus alegrías. Que algunos apretaban los ojos fuertemente y se tapaban los oídos para no escuchar su llamada, que otros sufrían y no se quejaban y tiraban de sus existencias sin mirar atrás, y que unos pocos aprendían a tiempo a vivirla.

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Matadero Cinco de Kurt Vonnegut

El libro era Maníacos en la cuarta dimensión, de Kilgore Trout. Hablaba de las personas cuyas enfermedades mentales no podían ser tratadas porque sus causas estaban todas en cuatro dimensiones, y los tridimensionales médicos terrícolas no podían ver esas causas, ni tan siquiera imaginarlas.

Trout defendía una teoría que encantaba a Rosewater. Decía así: tanto los vampiros como los brujos, los duendes, los ángeles, etc., existían, pero en la cuarta dimensión. William Blake, el poeta de Rosewater, también estaba de acuerdo con Trout. ¿Y acaso no existían el cielo y el infierno?

La tormenta de hielo de Rick Moody

(…) Pero lo principal era que quería hablar con su hermana. Quería decirle que aquello no iba a funcionar, que ninguna novia funcionaría jamás, y que siempre iba a vivir en aquel panteón sin ventanas donde nadie le tocaba nunca la piel. Su cuerpo, le quería decir, era como una pared que rezumaba la humedad de una bodega de vinos. Respiraba el aire mohoso de las criptas. No podía estarse quieto.

Felicidad familiar de Laurie Colwin

El llanto juvenil es una cosa y el llanto adulto otra muy distinta. Las lágrimas de la juventud son limpiadoras, como las siestas o las duchas tonificantes. Una buena llorera hace que el joven que sufre sienta que se ha conseguido algo. Lás lágrimas de la edad adulta dejan a la víctima seca y agotada. Dejan los ojos escocidos. Dejan a su paso un dolor bajo las costillas y en la frente.

La Esposa joven de Alessandro Baricco

I.

Especifico por la noche, ya que suele ocurrir que me despierto repentinamente en un momento determinado de la madrugada, antes del amanecer, y con gran lucidez calculo la derrota de mi vida o, por lo menos, su geométrica putrefacción, como de fruta olvidada en un rincón: de hecho, la combato reconstruyendo esta historia, u otras historias, algo que de vez en cuando me aleja de mis cálculos, y otras veces no me lleva a ninguna parte.

II.

Sentirse terriblemente hermosas, dijo la Mujer elegante. ¿Te ha ocurrido alguna vez?
Una vez, una mañana, dijo la Esposa joven.
Tal vez incluso sentirse despreciadas, dijo L., pero no lo sé, tal vez. Tal vez me gustaría hacerlo con alguien que me desprecia, no sé, debe de ser una sensación fortísima y no es algo que en la vida te ocurra.

Ars Magica de Nerea Riesco

I.

FILTRO PARA OLVIDAR UN AMOR

  • Un mechón de pelo de la persona que quiere olvidar a su amor.
  • Un trébol de cuatro hojas.
  • Una rosa roja marchita.
  • Una cinta color verde esperanza.

Preparó una pequeña hoguera y unió frente a ella todos los ingredientes anudándolos con la cinta verde, formando un atado mientras murmuraba:

Nunca la dicha me cubrió,
ave del cielo, lombriz de tierra.
Trueque te propongo,
sol en la noche, luna nueva.
Mi corazón cautivado
por una tranquila hoguera.

II.

-Mi padre siempre decía que los cobardes mueren mil veces antes de la muerte -se aventuró a contarle la mujer-, pero que los intrépidos siempre están vivos…

Ve y pon un centinela de Harper Lee

I.

(…) El señor Stone puso ayer en la iglesia un centinela. Debería haberme dado también uno a mí. Necesito un centinela para que me guíe y me diga lo que ve cada hora a la hora en punto. Necesito un centinela que me diga “esto es lo que dice fulano y esto es lo que quiere decir de verdad”, que trace una raya en medio y diga “aquí hay una justicia y aquí hay otra” y me haga entender la diferencia…

II.

-Es por el alcohol. Dime qué tienes dentro de esa cabecita.
– Un espacio en blanco, mi señor*-respondió débilmente.

*Cita de Noche de reyes, de Shakespeare.

III.

La isla de cada ser humano, Jean Louise, el centinela de cada uno, es su conciencia. Eso de la conciencia colectiva no existe.

IV.

Yo fui en tiempos una joven muy rara,
que sufría de tedio y a la mínima se desmayaba.