Archivo de la categoría: Novela

La Esposa joven

I.

Especifico por la noche, ya que suele ocurrir que me despierto repentinamente en un momento determinado de la madrugada, antes del amanecer, y con gran lucidez calculo la derrota de mi vida o, por lo menos, su geométrica putrefacción, como de fruta olvidada en un rincón: de hecho, la combato reconstruyendo esta historia, u otras historias, algo que de vez en cuando me aleja de mis cálculos, y otras veces no me lleva a ninguna parte.

II.

Sentirse terriblemente hermosas, dijo la Mujer elegante. ¿Te ha ocurrido alguna vez?
Una vez, una mañana, dijo la Esposa joven.
Tal vez incluso sentirse despreciadas, dijo L., pero no lo sé, tal vez. Tal vez me gustaría hacerlo con alguien que me desprecia, no sé, debe de ser una sensación fortísima y no es algo que en la vida te ocurra.

Ars Magica de Nerea Riesco

I.

FILTRO PARA OLVIDAR UN AMOR

  • Un mechón de pelo de la persona que quiere olvidar a su amor.
  • Un trébol de cuatro hojas.
  • Una rosa roja marchita.
  • Una cinta color verde esperanza.

Preparó una pequeña hoguera y unió frente a ella todos los ingredientes anudándolos con la cinta verde, formando un atado mientras murmuraba:

Nunca la dicha me cubrió,
ave del cielo, lombriz de tierra.
Trueque te propongo,
sol en la noche, luna nueva.
Mi corazón cautivado
por una tranquila hoguera.

II.

-Mi padre siempre decía que los cobardes mueren mil veces antes de la muerte -se aventuró a contarle la mujer-, pero que los intrépidos siempre están vivos…

Ve y pon un centinela de Harper Lee

I.

(…) El señor Stone puso ayer en la iglesia un centinela. Debería haberme dado también uno a mí. Necesito un centinela para que me guíe y me diga lo que ve cada hora a la hora en punto. Necesito un centinela que me diga “esto es lo que dice fulano y esto es lo que quiere decir de verdad”, que trace una raya en medio y diga “aquí hay una justicia y aquí hay otra” y me haga entender la diferencia…

II.

-Es por el alcohol. Dime qué tienes dentro de esa cabecita.
– Un espacio en blanco, mi señor*-respondió débilmente.

*Cita de Noche de reyes, de Shakespeare.

III.

La isla de cada ser humano, Jean Louise, el centinela de cada uno, es su conciencia. Eso de la conciencia colectiva no existe.

IV.

Yo fui en tiempos una joven muy rara,
que sufría de tedio y a la mínima se desmayaba.

Tokio, año cero de David Peace

Tokio Año CeroMi duda siempre ha sido la misma: ¿por qué nunca he percibido rencor por parte de los japoneses hacia el ejército invasor tras la Segunda Guerra Mundial? ¿Porque realmente no hubo, porque siempre me salto veinte años de historia y abro los ojos en un Japón ya reconstruido o porque a nadie le interesa hablar de este tema en profundidad?

Hace unos meses, para intentar comprender, me apunté a un curso impartido por la Universidad de Tokio llamado “Visualizing Postwar Tokyo”. En él, el profesor Yoshimi Shunya asegura que el motivo de esa ausencia fue el traspaso de culto: sustituyeron al emperador por el General McArthur y siguieron con sus vidas.

¿Pero qué vidas tenían? ¿Cómo vivieron los japoneses en Tokio justo después de la guerra? ¿Pasaron hambre? ¿Qué hacían para conseguir comida? ¿Acudían al mercado negro? ¿Las mujeres se prostituían? ¿Tenían empleos? ¿Cómo funcionaban las instituciones? ¿Y la policía? ¿Era corrupta? ¿Cómo trabajaba el ejército estadounidense para controlarlas? ¿Qué pasó en Tokio justo antes de que llegaran las reformas?

David Peace responde con dos onomatopeyas: “ton-ton”, el incesante sonido de los martillos que construyen y reconstruyen edificios y “gari-gari”, el infinito picor producido por los piojos que poblaban todas las cabezas japonesas. El Tokio del año cero de David Peace es miserable, corrupto, podrido, triste, deprimente, asfixiante y desesperanzador. Pero interesante, revelador y real también. El hilo conductor de la novela negra son los asesinatos cometidos por Yoshio Kodaira y la investigación del detective Minami. El asesino es real, el policía, ficción.

Si bien su retrato sensato de la capital japonesa un año después del fin de la guerra me ha resultado más útil que cualquier otro relato histórico de no ficción, la forma en la que está escrita la novela desquicia. Despista también. Requiere una atención fuera de lo habitual y, por qué no decirlo, la destroza. En la portada comparan a Peace con Ellroy. Para mí no existe la similitud. Ellroy sabe dónde está el límite porque sabe escribir. De Peace, pese a que entiendo sus motivos, no puedo decir lo mismo.

Hombres de Dios de Pearl S. Buck

Hombres de DiosLo he leído porque lo tenía. De no haber estado en mi estantería nunca lo habría hecho. El motivo habría sido mi mala experiencia con Viento del este, viento del oeste pero también una falta de interés manifiesta por China. Sin embargo, estaba desesperada, quería reconciliarme con algún autor clásico (todavía no he asumido que soy incapaz de leer a Tolstoi) y tenía tiempo. Cuando quise darme cuenta ya casi había terminado el segundo tomo. Y lo mejor, sin excesivo esfuerzo.

Los hombres de Dios del título son dos hijos de misioneros estadounidenses en China, William y Clem. Tras el levantamiento de los bóxers, ambos regresan a Estados Unidos y el desarrollo de su vida allí quedará siempre condicionado por su experiencia en el país asiático. Ambos se convierten en hombres millonarios y poderosos pero ni los fines que persiguen ni los medios que utilizan se asemejan.

Es bueno que en Hombres de Dios no haya percibido una superioridad del pensamiento occidental enmascarado. No puede existir porque China ya no es lo que era. Es solo una ilusión, una utopía, o peor, algo que hay que salvar. La dicotomía aquí se centra mucho más en los aspectos espirituales de los dos protagonistas. Al parecer son dos caras de la misma moneda. Siempre insatisfechos. Para terminar hay una moralina, claro. Y una pregunta que se hace William cuando le sorprende la duda: “¿he hecho bien?” Sin Dios todo habría sido mucho más fácil…

La casa redonda de Louise Erdrich

La casa redondaLo intenté con Plaga de palomas hace un año pero no lo conseguí. Recuerdo que lo achaqué a que no me había acostumbrado todavía a leer en una pantalla. Pero lo que pasó en realidad fue que no me interesaron los cuentos de los nativos…

La casa redonda es diferente. No me di cuenta de que se trataba de la misma autora hasta que terminé la novela. De hecho, en mi ignorancia solía pensar que quizá se había despertado un movimiento a favor de los derechos de los nativos americanos… Obviamente no era así, solo se trataba de Louise Erdrich escribiendo.

El narrador de la novela es chippewa, como la autora, y durante la novela recuerda lo que le ocurrió a su familia en el año 1988, cuando a sus trece años le llamaban Joe y vivía en una reserva regida por unas normas que a veces se oponían por principios a las impuestas desde fuera.

Como hay decenas de reseñas que hablan de todo lo que cuenta Joe sobre lo que ocurrió en aquellos días, me lo voy a saltar. También las dicotomías, los conflictos y las complejidades. No voy a detenerme tampoco en el desorden, en los cuentos innecesarios a modo de entremeses o en la falta de desarrollo de algunos personajes. En realidad solo hay tres cosas que quiero decir sobre esta novela y creo que ya he dado demasiadas vueltas para hacerlo.

La primera es que he deseado durante muchas noches meterme en la cama solo para disfrutar del relato de Joe junto a su compañero del alma, Cappy. La segunda es que la parte en la que espían al Padre Travis, la primera vez que ven Alien, la charla, las cicatrices y el inmenso atractivo del cura harán que nunca olvide esta novela. La última, y creo que la más importante, es que considero el verso “su pene colgaba con vehemencia” como el mejor desde “desangra en amarillo” de Lorca.

El diario de Bridget Jones de Helen Fielding

El diario de Bridget JonesNo hace tanto que vi la película. Creo que menos de un año. Conozco a alguien que dice que practica la “lectura rápida”. Es algo parecido a lo que hacía Dustin Hoffmann con los palillos en Rain Man. Leer de un vistazo y entenderlo todo. Eso no es leer. Es simplemente presumir de superpoderes. Durante mucho tiempo yo hice lo mismo con la película de El diario de Bridget Jones, un “visionado rápido”. Es decir, no verla. Hasta que lo hice. El otro día terminé de leer el libro y la experiencia fue muy similar a la de haber revisado el guión de la película. He llegado tarde a todo.

De todas maneras, hay lecturas que envejecen mejor que otras. A mí la verborrea de Bridget me resulta simpática y al mismo tiempo me siento muy identificada con su torpeza. Sin embargo, no comparto sus lamentos. Creo que en estos años hemos avanzado un poco y ahora mismo una mujer soltera que no ha cumplido los treinta no es una paria. Ahora solo lo son las de más de treinta y cinco.  Y tal y como está el panorama últimamente, Bridget no habría sobrevivido. Las mujeres de ahora, escondidas bajo un feminismo mal entendido, nos hemos vuelto imbéciles.