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Black Dahlia Avenger II de Steve Hodel

Black Dahlia Avenger II  Seré muy breve porque lamentablemente hay poco que decir. Primero, recomiendo leer el comentario que escribí sobre el primer libro de Steve Hodel, Black Dahlia Avenger. Así será más fácil hacerse una composición de lugar. En cualquier caso, haré un resumen: Steve Hodel, durante muchos años detective de la policía de Los Ángeles, descubre entre los recuerdos de su padre fallecido fotos de varias mujeres entre las que cree distinguir a Elizabeth Short*, la famosa joven asesinada de forma brutal en los años 40. Su instinto de policía le induce a emprender una investigación que detalla a lo largo del libro y que concluye con la certeza de que su padre, George Hodel, mató a la Dalia Negra y a otras tantas mujeres en las décadas de los 40 y 50.

Black Dahlia Avenger II es un inmenso apéndice del primer libro. También hay menciones al segundo, sobre otros asesinatos también presuntamente cometidos por George Hodel en la zona de San Francisco, que yo obvié por su probable falta de veracidad (ahora parece que el señor Hodel es el culpable de todos los asesinatos sin resolver de la historia de California). Cuando digo apéndice, me refiero precisamente al añadido de datos, anécdotas, fotografías y otros que no aporta nada nuevo a la idea principal y que simplemente busca afianzarla. La editorial del primer libro es Harper Collins, la del segundo, Thoughtprint Press. La diferencia entre ambas es grande. El primer libro era un relato bien expuesto y cuidado. El segundo es tan literario como un expediente policial: desordenado, mal redactado, mal maquetado y muy reiterativo. En resumen, sí, es un libro del que se puede prescindir aunque seas un aficionado a las historias criminales.

*Es curioso el tema de las fotografías. Steve Hodel reconoce en este segundo libro que tiene dudas de que la mujer de las fotografías fuera Elizabeth Short. Es decir, que su corazonada fue falsa aunque el resultado de la investigación fuera bueno. Curioso.

Black Dahlia Avenger de Steve Hodel

Black Dahlia Avenger  (Cómo me ha gustado la textura de este libro: suave, manejable, con las puntas dobladas por el uso…)

El primer capítulo de Black Dahlia Avenger es una reconstrucción del tiempo que pasó Elizabeth Short en el hotel Biltmore de Los Ángeles la tarde del 9 de enero de 1947. Según la versión oficial, nadie volvió a verla con vida. El segundo comienza seis días después, cuando el cuerpo de Elizabeth Short apareció en un solar cortado por la mitad, drenado y “colocado”. El tercero es desconcertante porque, de repente, el autor cambia de registro y empieza a hablar de su vida. De su matrimonio prematuro, de sus veinticinco años como detective de homicidios de la policía de Los Ángeles y, sobre todo, de la relación complicada con su padre, George Hodel. Al final, Hodel hijo habla de la muerte de su progenitor, del duelo y de cómo entre sus pertenencias encuentra varias fotografías entre las que aparece, sorpresa, Elizabeth Short*.

Su instinto de detective, (según el autor, yo me inclino más por la sospecha razonable), le hizo desconfiar de esas fotografías y, como profesional, decidió comenzar la investigación del crimen como si hubiera sucedido en el año 2000 y no cincuenta años antes. Sus conclusiones son sorprendentes. A pesar de no contar con apoyo oficial ni con ninguna prueba forense capaz de confirmar o negar sus suposiciones, creo que Steve Hodel ha logrado resolver el caso de la Dalia Negra (y posiblemente otros diez o veinte más de mujeres asesinadas entre los años 40 y 60 en California). Sin embargo, nadie va a reconocerle el mérito porque, al parecer, el expediente del asesinato de Elizabeth Short fue “limpiado” hace ya unos años y las pruebas forenses capaces de eliminar todas las dudas, también. Mierda de la policía corrupta enterrada durante décadas que, si resucitaba, arruinaría la vida profesional de muchos jefes de policía de prestigio. Supuestamente, claro.

*El relato de Steve Hodel a mí me convence siguiendo mi propio criterio, que no es el del ningún profesional. Sin embargo, las fotos que desencadenaron su investigación sí me crean dudas. Por muchas pruebas que el autor presente para demostrar que la mujer de las fotos de su padre y Elizabeth Short son la misma persona, a mí no me lo parece. Pero claro, mi criterio es subjetivo y no forense.

Severed: the true story of the Black Dahlia de John Gilmore

Era guapa, ¿verdad?

Como me ocurre a menudo, yo creía que la Dalia Negra era un invento de James Ellroy. Como casi siempre, me equivoqué. El asesinato de Elizabeth Short ocurrió alrededor del día 15 de Enero de 1947 y, como todo el mundo sabe, su cuerpo apareció cortado en dos por la cintura en un descampado de Los Ángeles. Nadie sabe con seguridad quién la asesinó ni por qué.

Hay teorías, versiones, películas, documentales y libros. De todos ellos, creo que el texto de Gilmore es el más acertado. No porque presente un candidato a asesino bastante probable. Tampoco por la gran cantidad de datos que maneja. Es acertado porque resucita la memoria de Elizabeth Short y se olvida de toda la parafernalia que rodeó a la Dahlia Negra, el invento de la prensa.

¿Y quién era realmente Elizabeth Short? Yo creo que era una mujer infeliz y frustrada que se escondía bajo su capa de maquillaje. Una mujer que frustraba a su vez a los hombres. Una chica joven con un gran problema que no tenía modo de solucionar. Una mujer a la que le gustaba imaginar una vida alternativa que no tenía. Gilmore la describe así y creo que no se equivoca.

Sin embargo, para mí el gran misterio de Elizabeth Short es por qué, más de cincuenta años después, sigue despertando tanto interés. Ya no solo su asesinato y las teorías satélite, sino ella. Quería ser actriz y el tópico aquí se cumple: seguro que jamás imaginó que la fama le llegaría de este modo. ¿O sí?

James Ellroy

Escrito el 18 de Octubre de 2008

Pocos días antes del día de San Juan de 1958, Jean Ellroy, de nombre completo Geneva Hilliker Ellroy, apareció asesinada en una cuneta del condado de El Monte, en Los Ángeles. Las perlas de su collar estaban desperdigadas por todo el terreno pero no había más pistas. La causa de la muerte oficial fue asfixia por una media de nailon y una cuerda de persiana. Tenía el vestido por encima de las rodillas y el sujetador subido. No presentaba más signos de violencia.

Después de varios años de investigación, la policía de Los Ángeles no llegó a ninguna conclusión clara. Sin embargo, la pelirroja Geneva dejaba un hijo de diez años, James, y un ex-marido, llamado Armand, contable en paro, soñador y lo que hoy llamaríamos un vago en toda regla, a cargo del niño.

El padre le regaló al niño una perra llamada Minna. James leía muchas novelas policíacas de la época y veía muchos programas de televisión de crímenes. Comían basura. Eran pobres. James empezó a robar y a obsesionarse con La Dalia Negra. En el instituto era un provocador nazi y fascista. Bebía alcohol y se dedicaba a entrar en las casas de las jóvenes ricas para buscar “algo” y oler su ropa interior. Intentó ingresar en el ejército pero supo que no encajaría y montó un numerito del “chico-tartamudo-perturbado” para que le licenciaran. Mientras, su padre sufrió varias apoplejías y murió. El dinero del seguro de Geneva no daba para mucho más. James empezó a drogarse. Primero con drogas caras y luego con jarabes para la tos e inhaladores para constipados. Seguía bebiendo. Vivía la mayor parte del tiempo en la calle, de prestado en casas de amigos, en cárceles y en hospitales. Sufrió una neumonía grave. Casi a los treinta años, producto del alcohol, tuvo un apagón mental. Lo que más miedo le dio fue la posibilidad de que su mente le fallara y volverse loco. Dejó las drogas y el alcohol. Solo fumaba marihuana. Trabajó de caddy. Ingresó en Alcohólicos Anónimos pero lo dejó porque a falta de alcohol, un polvo siempre era bueno. Empezó a acercarse a las mujeres de varias formas. Después de escribir sus primeras novelas y de cosechar sus primeros éxitos, encontró a la mujer que “Dios le tenía reservada”.

Yo… le admiro. James Ellroy es, posiblemente, el escritor con el que más disfruto. Es el único con el que consigo desconectar totalmente del mundo que me rodea con una sonrisa en la cara. Es absorbente. Su obsesión es contagiosa. Su honestidad es brutal pero gris brillante. Nadie es demasiado bueno ni demasiado malo en sus libros. Cada vez que leo algo suyo tengo la sensación de que durante mucho tiempo ha sido un recipiente en el que ha ido metiendo datos, datos y datos, para luego convertirlos en historias. Me gusta tanto que no puedo evitar escribir con frases cortas cada vez que pienso en él. Es su estilo. Lo llaman telegráfico pero a mí me parece más automático. Creo que por eso me gusta tanto. Porque dispara directamente. Su prosa es como fuegos artificiales. A veces me pierdo entre los nombres pero me maravillo de que sea capaz de crear tanto. Nunca deja nada al azar. Es meticuloso. A veces tierno. Sus diálogos son los mejores que he leído nunca en una novela. Nunca me canso de él. Le retomo cada cierto tiempo y siempre que lo hago tengo ganas de decirle al mundo que lea a Ellroy. Para mí es un maestro.

De sus obsesiones prefiero que os hable él a través de sus palabras. Leáis lo que leáis, dejad siempre para el final Mis rincones oscuros. Si lo hacéis al principio, quizá pierda el encanto, aunque a mí me parece de sus mejores libros (que no novelas). Olvidaos de las películas, excepto de L.A. Confidential. La historia que he contado es real, pero es mucho mejor leerla de su tinta…

Una vulgar noche de sábado acabó contigo. Moriste de manera estúpida y violenta, y no tuviste los medios para defender tu vida.

Tu huida a la seguridad fue un breve respiro. Me llevaste a tu escondite como un amuleto de la buena suerte. Te fallé como talismán; por eso, ahora me presento como tu testigo.

Tu muerte define mi vida. Quiero encontrar el amor que nunca tuvimos y explicarlo en tu nombre.

Quiero hacer públicos tus secretos. Quiero borrar la distancia que nos separa.

Quiero darte aliento

Primera página de Mis rincones oscuros. El periódico del 58 aquí.