Archivo de la categoría: Cuentos

Siete cuentos japoneses de Junichiro Tanizaki

Siete cuentos japonesesEstos son los Siete cuentos japoneses: El tatuador, supuestamente el más conocido, Terror, El ladrón, Aguri, El cuento de un hombre ciego, Retrato de Shunkin y El puente de los sueños. (Los enumero por si le resulta útil a alguien que busque alguno en concreto.)

Según la crítica, ese ente, “la obra de Tanizaki, escrita durante medio siglo y marcada por la búsqueda del ideal femenino y el erotismo, alterna y combina mundos occidentalizados, poblados de femmes fatales, con la delicada belleza del pasado”. Quizá. Sin saber exactamente lo que es “la búsqueda del ideal femenino y el erotismo”, yo diría que El puente de los sueños, un relato muy perturbador sobre las relaciones entre hijos, madre, esposas y madrastras, se acerca bastante. En Retrato de Shunkin también se vislumbra eso que llaman mujer fatal. La protagonista es un ser caprichoso, consentido e inocente de su comportamiento que manipula a todo lo que se le acerca.

Sin embargo, mi favorito es Terror. Es una descripción tan exacta de lo que una fobia grave puede hacer con las personas que es difícil pensar que el mismo Tanizaki no sufriera en algún momento sus consecuencias…

Ya habíamos dejado atrás las calles de Kioto; a gran velocidad iban pasando por las ventanillas las hojas tiernas de los árboles y arbustos suburbanos, el camino real, las bajas colinas de las afueras de la ciudad. Fue entonces cuando un pequeño brote de confianza empezó a abrirse en mi interior. Después de todo, quizá pudiese llegar a Osaka sano y salvo.

Los únicos que lo saben todo acerca de los brotes de confianza son los que sufren las fobias.

El niño que dibujaba gatos y otros cuentos japoneses de Lafcadio Hearn

El niño que dibujaba gatos Dice el editor que en esta recopilación de cuentos “se han utilizado las versiones de los cuentos recogidos en Japanese fairy tales y en The boy who drew cats”. En total, veintisiete cuentos y uno de ellos, Urashima, en dos versiones diferentes. Lo interesante es que solo los siete primeros relatos son adaptaciones de Lafcadio Hearn. El resto, de autoría incierta. La pregunta que todo el mundo debería hacerse es por qué entonces el autor es Lafcadio Hearn si sólo adaptó una minoría de cuentos. Hasta el “y otros” habría estado mejor. Sin embargo, como la edición es elegante y regalaban una postal con la imagen de la portada, no voy a quejarme mucho. (Por cierto, no se sabe en qué fecha se hizo la fotografía pero está claro que se trata de la puerta (torii) del santuario Itsukushima, cerca de Hiroshima.)

Los cuentos de Hearn son muy breves, están ilustrados y tienen todos los elementos folclóricos de la cultura japonesa: el mar, los pescadores, el budismo, los samurais, las mujeres que no sabían lo que era un espejo, los árboles, las criaturas extrañas y Momotaro (el niño al que un matrimonio anciano encontró flotando en un río dentro de un melocotón). Mi favorito es el cuento del pescador Urashima, que un día se casó con la hija del Rey Dragón del Mar y cuando quiso volver a tierra descubrió que nada era como él esperaba…

Cuentos de La Alhambra de Washington Irving

Cuentos de La Alhambra  Creo que es importante ponerse en modo libro de texto para hablar de Washington Irving. Este señor fue el primer escritor estadounidense reconocido fuera de las fronteras de su país. También fue el primero de sus contemporáneos en ganarse la vida vendiendo sus obras. Nació en Manhattan el mismo año que las colonias ganaron la guerra de Independencia, por eso le llamaron Washington. Durante su vida viajó a Francia, Italia, Suiza, Holanda, España y Reino Unido. A pesar de que los críticos le consideran el “padre de la ficción estadounidense”, en su momento le acusaron de escribir para las masas en un tono demasiado ligero. Su literatura tiene rasgos neoclasicistas pero es, sobre todo, romántica: sentimental, desarrollada en países exóticos y, si es posible, en la época medieval. (Fin del modo libro de texto.)

Washington Irving vivió en La Alhambra y todo el que visita el monumento lo sabe porque hay una placa que lo recuerda. Su habitación, vacía, parece suspendida en el aire, pero en aquella época y según cuenta el propio autor, el ambiente estaba bastante animado. Ese bullicio le sirve a Irving para introducir la mayoría de sus cuentos. No se sabe si los bulliciosos eran inventados o reales, pero eso carece de importancia. Los cuentos son todos parecidos: tesoro escondido de la mejor época de La Alhambra y cristianos que lo encuentran o princesas y príncipes encerrados en torres. Todo aderezado con magia. Lo interesante desde el punto de vista actual (en este caso el mío) es la descripción del bullicio: las familias que vivían allí, lo que hacían, las leyendas que contaban, cómo vivían.

A Irving le gustaba decir que si sus obras valían algo, sobrevivirían a la crítica de la época. Añadía que si no tenían valor, no merecería la pena preocuparse por ellas (ni entonces ni ahora). La crítica se preocupa. Y el entorno académico. Solo nos falta por saber si el público también…

Cuentos desde el Reino Peligroso de J.R.R. Tolkien

Cuentos desde el Reino Peligroso  Estoy pasando una mala racha con los libros que leo. Ya no solo se trata de que no me “gusten”, es que no me inspiran, ni me conmueven ni me hacen recordar, no me hacen disfrutar. Tampoco me indignan y por eso las últimas entradas son tan poco sustanciosas. Lo malo no es que no tenga nada bueno que decir, es que tampoco hay nada malo. He pasado del análisis más o menos acertado a la indiferencia. Afortunadamente, creo que Cuentos desde el Reino Peligroso será el último.

Como respeto tanto a J.R.R. Tolkien (gracias a él Sir Gawain and the Green Knight es un texto comprensible, por ejemplo), no emitiré ningún juicio sobre sus cuentos. El gran hombre no tiene culpa de mi indiferencia, así que me limitaré a reseñar.

Menos la primera, todas las historias de este libro se publicaron antes de la muerte del autor (en 1973). En Roverandom cuenta las aventuras de un perro de juguete perdido que se ve envuelto en las rivalidades de varios magos. Egidio, el granjero de Ham es un cuento sobre un hombre pusilánime arrastrado hacia la grandeza, con dragones incluidos. Las aventuras de Tom Bombadil está escrito en verso y trata sobre… Tom Bombadil (siempre me he preguntado por qué no aparece en las películas de Peter Jackson). Los dos últimos, El herrero de Wootton Mayor y Hoja de Niggle versan sobre lo que les ocurre a los humanos cuando se adentran en Fantasía. Por último, para aclarar dudas, esta edición incluye un ensayo de Tolkien titulado Sobre los cuentos de hadas (que he sido incapaz de terminar por mi evidente falta de erudición).

Los vagabundos y otros cuentos de Jack London

Los vagabundos y otros cuentos  Esta edición de Los vagabundos y otros cuentos tiene una introducción de Ivana Graciela Mollo… que no he leído. Antiguamente solía hacerlo, sobre todo cuando se trataba de clásicos o de libros de lectura obligatoria, pero descubrí que la opinión crítica de algunos me condicionaba y los destripes de otros me molestaban, así que decidí optar por seguir mi criterio, por muy pobre que fuera.

Son seis los cuentos que forman esta recopilación: Los vagabundos, un chascarrillo acerca de tres vagabundos mancos y de cómo perdieron sus miembros, El ídolo rojo, con su argumento explícito en el nombre, Como Argos en los tiempos heroicos, el mejor y de los pocos que he leído con un anciano como protagonista, Hawaiana, el de la historia de amor triste, La pillastrona, el típico de la mujer regañona y El chinito de Honolulú, un relato sobre la picardía de un hombre chino.

Me niego a utilizar calificativos porque he leído tantos en las últimas dos semanas que empiezo a cuestionarme su valor. Entiendo que en un programa de formación sean necesarios, pero no me gusta estudiar así la literatura. Si yo fuera profesora, preferiría que un alumno me explicara con claridad lo que sintió al leer, por ejemplo, El rey Lear, antes que la enumeración de memoria de las mil y una características de la tragedia de Shakespeare. De un pensamiento se pueden obtener muchos beneficios didácticos, de una memorización en la que no se discurre, no. En el caso de Jack London, sus cuentos tienen una función muy específica, adaptada además al tiempo en el que se escribieron: entretener a un público ávido de historias transcurridas en parajes exóticos. Nada más.

Recuerdos de un callejón sin salida de Banana Yoshimoto

Después de Kitchen, todo lo que he leído de Banana Yoshimoto me ha decepcionado. Pero como todavía tengo pendiente Amrita aún mantengo la esperanza. Supongo que superar a la amiga de la protagonista de Kitchen, aquella que se dedica a dormir y nada más que eso con las personas que se sienten solas es algo difícil de superar. Y Yoshimoto no lo ha hecho.

Está bien que un autor sea fiel a su estilo, que lo exprima y que no innove por temor a perder a los lectores. También está bien que un escritor viva de las rentas. Igual no tiene nada más que contar. Quizá esto es todo lo que había desde un principio y la expectativa se creó sola. Todo esto en un mundo en el que esos “está bien” tienen un significado literal y no son irónicos, claro.

Recuerdos de un callejón sin salida está formado por cinco relatos. Los dos primeros son para estampárselos en la cara a Yoshimoto. Tomaduras de pelo. El primero cuenta la historia de una pareja. Él vive en una casa antigua en la que hay un matrimonio de ancianos fantasma. La “trama” da vueltas y vueltas y vueltas, y con tanto mareo, termina con este frenazo:

Si no hubiésemos visto a los ancianos en aquel piso, ¿habríamos llegado a casarnos?
Siempre quedará la duda, pero creo que no nos habríamos casado.
Ésa es mi impresión.

Y tan ancha. El segundo es peor. Cuenta otra historia, la de una chica a la que envenenan en el comedor de su empresa. Uno de los efectos de la enfermedad consecuente es que recuerda cómo fue su infancia. Traumática. Si se hubiera quedado ahí, el relato no habría estado mal. Pero la autora se mete en el cuento, lo rompe, y nos dice que ella no conoció a la protagonista y que la historia se la contaron. ¿Y a mí qué me importa? ¿Por qué estropea el cuento así?

Por último, Yoshimoto introduce un epílogo. En él asegura que siente que los relatos sean tan tristes, pero que está embarazada y que quizá por eso, aunque no relata nada que le haya sucedido personalmente, de algún modo son los cuentos más autobiográficos que ha escrito hasta ahora (sic en primera persona). Que me lo explique. Y ya de paso por qué de cien páginas solo merece la pena leer el paseo entre las hojas otoñales del gingko.

Cuentos completos de Primo Levi

Primo Levi estuvo en Auschwitz diez meses. Era químico y sus conocimientos le sirvieron para trabajar en Monowitz, una parte del gran campo principal, junto a otros diez mil trabajadores, esclavos y hombres libres. Estuvo allí hasta que llegaron los rusos.

Y después escribió. No solo Si esto es un hombre y La tregua, memorias de su esclavitud en el campo de concentración y de su huida, sino también cuentos. Muchos. Relatos con el nombre de los elementos de la tabla periódica narrados en primera persona. Cuentos de ciencia ficción, como aquel en el que los héroes de los libros viven en un universo paralelo. Recuerdos sobre algunos compañeros del lager. Reencuentros, no sé si reales o no, con algunos de sus carceleros.

Limpios. Científicos. Originales. Poco sentimentales. Algunos con regalos escondidos, como éste de Versamina, la mujer eterna que vive congelada en una especie de cámara criogénica pendiente de que sus guardianes la despierten cada cierto tiempo…

Pensaba en muchas cosas confusas al mismo tiempo y se prometía […] que el dolor no se puede arrancar, no se debe, porque es nuestro guardián. Muchas veces es un guardián imbécil porque es inflexible, se mantiene fiel a sus consignas con fidelidad maniática, y no se cansa nunca, cuando las otras sensaciones, en cambio, se cansan, se desgastan, sobre todo las placenteras. Pero no puede uno suprimirlo, hacerlo callar, porque forma un todo con la vida, es su custodio.

Dicen que Primo Levi se suicidó tirándose por el hueco de la escalera de su casa de Turín. Algunos lo dudan porque su optimismo narrativo era demasiado intenso. Su descripción del dolor es un claro ejemplo. Dicen también que se quitó la vida porque la negación de los crímenes de Auschwitz ya le estaba matando lentamente. Él decía que los que negaban Auschwitz eran los únicos capaces de repetirlo. Si realmente fue así, logró superar las mil seiscientas calorías diarias pero no pudo con la incomprensión humana. Triste.