Archivo de la etiqueta: Rebecca

La hija del sepulturero de Joyce Carol Oates

La hija del sepulturero  Creo que con esta novela termina mi romance con Joyce Carol Oates. Sus Memorias de una viuda provocaron que sintiera curiosidad por la mujer novelista y Ave del paraíso hizo que valorara su narrativa de la digresión como algo diferente. Sin embargo, no he encontrado nada sobresaliente en La hija del sepulturero. Quizá he elegido mal el orden de lectura, que ha sido aleatorio. Es muy posible que, al ser una autora tan prolífica, entre sus más de cuarenta novelas me pierda alguna más que merezca la pena. Pero no estoy por la labor de leerlas todas.

El mayor problema que tiene para mí esta novela es que no entiendo a la protagonista, a la famosa hija del sepulturero. La historia comienza en su infancia, en los años 40, cuando describe la vida de su familia, inmigrante alemana y judía, en un pueblo del estado de Nueva York. Poco antes de la adolescencia se queda sola, comienza a trabajar en un hotel, se casa con un maltratador y cuando ocurre lo inevitable, ella y su hijo le abandonan. La tercera parte es paja, trocitos de paja largos. El final es tosco e incomprensible. El epílogo, un diálogo epistolar. Rebecca, que así se llama, es una mujer angustiada que se esconde durante toda su vida. Muchas de sus pajas mentales, porque así hay que llamarlas, son acertijos indescifrables. Me he perdido en muchos de sus pensamientos y en la mayoría de sus reacciones. Leer así es frustrante.

Todo esto me lleva a la temida pregunta sin respuesta: ¿mi falta de comprensión es porque carezco de empatía para entender a un personaje complejo o por el contrario es la autora la incapaz a la hora de abrir el corazón de su personaje al lector para que empatice y se identifique? Como siempre, no obtendré respuesta. Lo único positivo es que al menos me he hecho alguna pregunta. Pero eso también es frustrante, así que adiós, Joyce Carol Oates.

 

Anuncios

Rebecca de Daphne du Maurier

En la cubierta posterior de esta edición, Stephen King dice: “Un libro que todo aspirante a escritor de éxito debería leer”. Yo habría eliminado lo del éxito. Creo que es una novela que todo el mundo debería leer, y en particular, los escritores. Por varias razones.

El personaje principal que narra en primera persona no tiene nombre propio. Es la señora De Winter, y antes de eso, señorita de compañía de una estadounidense. Todos los demás personajes tienen nombre, hasta el perro, Jasper. Ella es dócil, débil e indecisa. Es una sombra, la de la gran Rebecca, antigua esposa de su ahora marido y totalmente opuesta a ella. Pese a estar muerta, su presencia se intuye hasta en las mentes de los animales y en la savia de las plantas.

Solo hay otro elemento en la novela que puede hacer frente a Rebecca: la gran mansión inglesa, Manderley. De hecho, se podría considerar que las dos forman una unidad. Porque ambas se transformaron cuando convivieron juntas. Porque las dos son los únicos elementos vivos de la novela. Y porque las dos se alían contra la pobre señora De Winter, cuya única virtud es la capacidad de dejarse llevar por su imaginación y recrear situaciones que jamás ocurrirán (o que nunca han sucedido).

La estructura narrativa de Rebecca es brillante. Es un puzzle que la autora nos regala solucionado y cuyas piezas encajan por contraposición. Y para rematar, el gran truco narrativo del principio que es el final. Para que la famosa frase “Anoche soñé que volvía a Manderley” se repita eternamente.

Guardar