Archivo de la categoría: Relatos

Mi vida querida de Alice Munro

Mi vida queridaHe estado a punto de pasar de escribir sobre Mi vida querida. Primero, porque no tengo nada interesante que decir salvo lo que probablemente todo el que lea un poco ya sabe: que Alice Munro ganó el último Nobel de Literatura, que suele escribir relatos y que Mi vida querida es un conjunto de ellos.

Segundo, porque carezco de argumentos literarios para explicar por qué un premio así me parece excesivo. Es lo de siempre, el Nobel crea una expectativa en mí que no se ha satisfecho una vez leídos los relatos y la única explicación que tengo es la de “soy incapaz de sacar a Munro de un montón de escritores para darle un premio así”.  No digo que sea mala escritora. No digo que lo que cuente no emocione al lector “mostrando hasta qué punto esa vida cotidiana que tanto nos cansa puede llegar a ser extraordinaria”. No digo que Munro no sea fuera de lo normal en sus textos extraordinarios. Solo digo que a mí no me llega. Porque quizá no sea el momento. Porque no soy lectora de relatos. Porque quizá me falte madurar. Porque quizá no sea para tanto… Quién sabe.

Tercero y último, porque empiezo a cansarme de la misma disyuntiva de siempre. Si no soy capaz de encontrar las respuestas a mis preguntas, a veces me gustaría que, al menos, no aumentaran las dudas. No las de este tipo. Me siento un poco estafada cuando me aburro leyendo a un Nobel. Por muy estúpido que suene es así.

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La metamorfosis de Franz Kafka

La metamorfosisLa idea que yo tenía de un relato como La metamorfosis no tiene nada que ver con lo que Kafka escribió. Mi imaginación y la suya solo coinciden hasta el siguiente punto: Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”. Lo que yo creía condiciona esto que escribo, sobre todo su longitud, pero en sí no tiene importancia. Imaginaba un escarabajo negro y un proceso de transformación. Sin embargo, es un relato triste sobre el patetismo del ser humano.  Si hubiera sido un poco más largo no lo habría terminado. Hay relatos que no puedo leer y La metamorfosis debería haber sido uno de ellos. La curiosidad nos mató a todos.

En el Japón espectral de Lafcadio Hearn

En el Japón espectral  Como ya adelanté cuando escribí sobre Última isla, Lafcadio Hearn pasó los últimos años de su vida en Japón. Allí se casó, tuvo cuatro hijos, se convirtió en Koizumi Yakumo y se dedicó a escribir sobre lo mucho que le estimulaba el archipiélago japonés.

En el Japón espectral es una recopilación de historias, anécdotas y fragmentos relacionados con los muchos significados que tiene la palabra fantasma: la imagen de una persona muerta que se aparece a los vivos, la impresión en la mente de una fantasía o la visión quimérica. Así, Hearn empieza relatando la historia del hombre que seguía a Buda por una montaña de calaveras. Después pasa a la leyenda del furisode, un manto de mangas largas con poderes sobrenaturales, escribe un tratado sobre los juegos del incienso, otro sobre los gusanos de seda, cuenta un chascarrillo sobre la adivinación y el budismo y vuelve al escalofrío con el cuento sobre una linterna de peonías. A partir de ahí se vuelve más espiritual. Le llaman mucho la atención los dibujos de los pies de los Budas, le intriga el significado del aullido del perro japonés vagabundo y durante más de veinte páginas habla de poesía y de proverbios budistas japoneses. Casi al final, vuelve a las historias del mal karma e incluso habla sobre los tengu, los demonios japoneses creadores de las artes marciales. En el último capítulo se quita el manto y se sumerge en el mar nocturno de Yaizu.

La obra empieza con un poema que me sirve para terminar…

Yoru bakari
Miru mono nari to
Omou na yo!
Hiru sae yume no
Ukiyo nari keri.

(No creas que los sueños se aparecen al soñador solo de noche: el sueño de este mundo de dolor se nos aparece incluso de día.)

Historias de la palma de la mano de Yasunari Kawabata

Historias de la palma de la mano  Primero las palabras adecuadas de la contraportada…

 “Muchos escritores, en su juventud, escriben poesía: yo, en lugar de poesía, escribí los relatos que caben en la palma de una mano. Entre ellos hay piezas irracionalmente construidas, pero hay otras que fluyeron naturalmente de mi pluma, con espontaneidad… El espíritu poético de mi juventud vive en ellos.”

El Premio Nobel de Literatura, Yasunari Kawabata, escribió, entre 1921 y 1972, ciento cuarenta y seis brevísimos relatos a los que denominó “relatos que caben en la palma de una mano”, y con esa descripción creaba un género personal.

La presente edición es una selección de setenta de estos relatos, a través de los cuales el autor vuelve a sumergirnos en una atmósfera en la que conviven la soledad, el amor y la muerte. Historias de la palma de la mano contiene toda la esencia de la obra de uno de los más grandes talentos literarios del siglo XX.

El último párrafo está lleno de frases vacías, pero a los dos primeros no tengo nada que añadir. Si insistiera de nuevo en la definición de relato, algo que no voy a hacer, concluiría que los setenta de Kawabata no lo son del todo. Algunos sí, pero muchos están incompletos. Son ejercicios literarios de escritura automática. Son inspiraciones no desarrolladas. Son ideas surrealistas. Y son bosquejos del genio.

(El gato no quería que a la mujer se le viera el escote…)

Sumchi de Amos Oz

Sumchi  Seré igual de breve que este relato, de apenas noventa páginas. Todas las sinopsis que he leído se centran en la odisea por Jerusalén de un niño de once años llamado Sumchi después de que su tío estraperlista le regale una curiosa bicicleta. Les llama la atención la cantidad de cosas que le pueden ocurrir a un niño en veinticuatro horas. Al propio Sumchi también.

A mí, en esta ocasión, no. Lo que hace que este relato sea un poco diferente de otros miles es el acertado retrato social de la ciudad, el amor confuso que Sumchi siente hacia Esthie y el origen de la palabra Sumchi: nombre en la literatura talmúdica del lago Hula, situado al noreste de Israel. Los egipcios lo llamaron Samchuna, Flavio Josefo, Semechonitis y en arameo se decía Hulata. Actualmente en árabe se llama Buheirat el Huleh y Agam Hula en hebreo. Y como siempre, me pierdo en los nombres…

Un brindis por Ava Gardner de Robert Graves

Un brindis por Ava Gardner  (La portada de este bolsillo es descorazonadora. La imagen forma parte de un cuadro, que debe de ser Deyá, en Mallorca, enfocado. La tipografía es vulgar, la sombra del título es cutre y con el color del nombre del autor, amarillo casi canario, el responsable podría haberse pintado… la nariz, por ejemplo. Afortunadamente, la primera edición no tenía nada que ver.)

Un brindis por Ava Gardner es un libro de relatos escritos por Robert Graves entre los años 1926 y 1969 y está dividido en tres grandes bloques: los ingleses, de los que destaco El grito por lo bien escrito que está, los romanos, todos lecciones de la historia antigua de Roma, y los mallorquines, escritos presumiblemente en las largas épocas de su vida que pasó en la isla balear, en concreto en el municipio de Deyá. De estos últimos hay algo que me ha llamado mucho la atención, además de la buena traducción al español, y es lo que explica Enrique Vila-Matas en la contraportada (y que yo no podría haber explicado mejor):

El relato balear más notable se titula Tomó tierra ayer, una obra maestra que debería figurar entre los mejores cuentos de la literatura española contemporánea. Y digo esto porque leyendo a Graves uno acaba sospechando si no era él ese falso extranjero del que nos habló Canetti: alguien que se juró vivir en su propio país disfrazado de forastero hasta que le reconocieran.

Dicho de un modo más vulgar, nos caló hasta lo profundo. Una muestra para el que sea incrédulo, del mismo relato mencionado por Vila-Matas:

La afición española al terciopelo negro -comentó el maestro sentenciosamente, contemplando el traje cortesano del conde- se interpreta a menudo como el reflejo del lado triste de nuestro carácter nacional. Esto es un error. Nuestros antecesores se vanagloriaban de la planta del añil, la única capaz de proporcionar un tinte negro que contrastara con la brillante blancura de sus puños y sus gorgueras de algodón. Guillermo obró acertadamente al elegir estos lirios y estas rosas para establecer un contraste. Los momentos más negros de la vida de nuestro amigo siempre se avivaban con destellos del más puro blanco.

Primera nieve en el monte Fuji de Yasunari Kawabata

Primera nieve en el monte Fuji  Primera nieve en el monte Fuji es un conjunto de relatos publicados después del primer éxito de Kawabata, tras la guerra, y antes de haber escrito las novelas por las que es más conocido en Occidente. Son diez y los voy a nombrar todos simplemente por facilitar la búsqueda: En aquel país, en este país, Una hilera de ginkgo, Con naturalidad, Gotas de lluvia, El crisantemo en la roca, Primera nieve en el monte Fuji, Sin palabras, Lo que su esposo no hacía, Un pueblo llamado Yumiura y Las muchachas del bote.

Dicen que lo que diferencia un cuento de un relato es que el primero tiene una estructura más estricta y clásica y que el segundo es producto de la “inspiración inmediata”, lo que le libra de la regla de introducción, nudo y desenlace. Lo mismo se podría decir si fuera al revés, pero en este caso la idea me sirve para hablar de los relatos de Kawabata: salvo el último, el de Las muchachas del bote, que es una pieza de teatro kabuki ambientada en la guerra entre los Heike y los Genji, el resto terminan difuminados en algo que se podría considerar poesía.

En la mayoría hay sensualidad, deseo, infidelidad reprimida y expuesta, desinhibición, silencios, melancolía y algo de humor. Sin embargo, El crisantemo en la roca es diferente. Sus elementos formales son más propios del periodismo que del relato. En él, Kawabata habla de las stupa antiguas de piedra o túmulos funerarios que contenían reliquias y de que “el sentido estético de la persona enterrada asume la forma de la piedra de su tumba”. Tras una disertación muy extensa sobre las piedras, los que mueren y su simbolismo, termina con un canto a la naturaleza y una declaración de intenciones.

Quizá sea hilar muy fino, pero me gustaría proponer un ejercicio. Primero, leer estos relatos. Segundo, leer el último párrafo antes del epígrafe Artistic Career de la Wikipedia. Tercero, pensar en dobles significados. Cuarto, contestar a la pregunta evidente. Yo no lo tengo claro pero si esto fuera una investigación policial, estos relatos quizá serían indicios (y quizá sin contexto).