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El viaje

En el país de los diosesLlevo casi dos meses ausente. Porque no leo. Porque no puedo concentrarme más de dos minutos. Tengo la mente en otra parte. Me voy a Japón.

Tengo un ebook. Lo he llenado de libros gratuitos. Uno de viajes de Darwin. Galdós. El Príncipe. Muchos relatos de Dickens. De Mark Twain. La Eneida. Bastantes más. Voy por poco tiempo.

Antes de ayer, tumbada en la cama, pensé en El maestro de Go. Me lo llevo. Volveré a leerlo. Voy a ir a Kamakura, a presentar respetos. A compartir, a rogar, a hablar con una lápida. También me llevo En el país de los dioses. Para que Hearn me haga compañía. Para no sentirme estúpida.

Ir a Japón no es bajar al portal a abrir la puerta si no funciona el telefonillo. Es lo que yo quiera que sea. Como un chicle, por ejemplo. Lo voy a poder estirar, doblar, hacer globos con él, explotarlos, saborearlo e incluso tragármelo si quiero. Es la primera vez en mi vida adulta que tengo tanta libertad. Pero lo más importante no es la excitación por fingir ser otra persona en un país desconocido. Lo mejor es la posibilidad de ser yo misma.

Por primera vez voy a desear con libertad unos labios húmedos que se desprenden de una armónica. Y un cuello sudoroso con un lunar. Y varios más en hilera, debajo del ojo derecho. Y un ceño fruncido que sufre y una boca descomunal.

Por ejemplo.

Qué importante es el deseo.

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Querida Jane, Querida Charlotte de Espido Freire

Querida Jane, Querida Charlotte  Querida Jane, Querida Charlotte pretende ser un libro de viajes. Espido Freire intenta escribir sobre Jane Austen y las hermanas Brönte mientras describe las zonas de Inglaterra en las que las escritoras vivieron. En el caso de Austen es un periplo por varias ciudades. En el caso de Charlotte se trata de un recorrido por su casa.

Querida Jane, Querida Charlotte puede ser o no un libro de viajes. Por un lado, depende del porcentaje de vicisitudes del viajante que al lector le guste leer. Si soporta bien el tono condescendiente de una española en el Reino Unido a la que todo le parece mal, es un libro de viajes. Si no, no lo es. Por otro lado, también hay que tener en cuenta el concepto de este tipo de literatura. Si al lector le gusta leer sobre viajes, no va a tener suerte. Si, por el contrario, disfruta leyendo tres líneas sobre un lugar en concreto y el resto sobre lo que a la autora le da la gana (en este caso, algo parecido a la biografía de escritoras muy populares), sí lo es.

Por último, me llama la atención la dificultad que tienen las escritoras para controlar su ego si no están escribiendo ficción. Ya me pasó con Rosa Montero y esperaba que no volviera a ocurrir, pero me equivoqué. En el caso de Espido Freire, además del “yo, yo, yo”, he percibido una escalofriante identificación con las escritoras de las que escribe. Supongo que eso le hace sentir especial. Pero no parece darse cuenta de que lo que realmente la convertiría en un ser excepcional sería el hecho de escribir un buen libro de viajes “por la ruta de Jane Austen y las hermanas Brönte”. De todas maneras, puedo entenderlo. A veces, cuando me miro al espejo con un pegote de cera recalentado listo para arrancarme el bigote, yo también creo que soy clavadita a Mark Twain.

Premios Libros y Literatura 2013

http://www.librosyliteratura.es/premioslyl2013

Escribo esta entrada porque quiero participar en un concurso de reseñas literarias de Libros y Literatura (www.librosyliteratura.es). Es la primera vez que lo hago y no sé si será la última. De momento, lo tomo como un experimento interesante. Además, no tengo un duro y ese lote de libros me vendría muy bien…

Todo el que tenga un blog literario puede participar visitando esta página web: http://www.librosyliteratura.es/premios-libros-yliteratura-2013.html. Lo primero que tiene que hacer es crear una entrada en su blog en la que debe seguir las instrucciones indicadas: promocionar el concurso con las dos imágenes, rellenar el cuestionario en Facebook y copiar o crear la reseña del 2013 que participará en el concurso. Hay tiempo hasta el 9 de Diciembre. Después habrá una votación popular de las mejores reseñas hasta el 4 de enero en la página de Facebook dedicada al concurso.

Después de darle muchas vueltas, he decidido participar con una reseña positiva: Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain publicada el 27 de Abril.

Las aventuras de Huckleberry Finn   Serán procesados quienes intenten encontrar una finalidad a este relato; serán desterrados quienes intenten sacar del mismo una enseñanza moral; serán fusilados quienes intenten descubrir en él una intriga novelesca.

Por orden del autor, PER. G. G., el Jefe de Órdenes.

Nadie puede acusar a Mark Twain de ser traidor por no avisar. Aun así, no muchos le hicieron caso. Tal y como explica la profesora Teresa Gibert en su libro American Literature to 1900 (del que me examino en menos de un mes), Las aventuras de Huckleberry Finn, publicada en 1884, fue calificada de vulgar, irreverente, poco elegante y para mentes poco respetables. Unos decían que era la basura más racista que jamás se había escrito. Otros, el alegato antiracista más importante desde La cabaña del Tío Tom. Gibert sostiene que no es ni una cosa ni otra. Aunque Twain estaba contra la esclavitud, sus aventuras rezuman una nostalgia por una época pasada, la de su infancia, en la que los esclavos vivían como sirvientes mucho mejor tratados que en otras plantaciones del sur.

Levantó ampollas, claro. Huck escapa de su padre maltratador y de la viuda que intenta civilizarle y Jim de la esclavitud. Ambos bajan por el río Mississippi, que para ellos, y para todos, representa la libertad. Cada vez que se acercan a tierra empiezan los problemas. Al fin y al cabo, allí aún pervive una sociedad “decadente”. Eso no debió de gustar.

Si tuviera que hablar de esta novela en un examen tendría que decir lo siguiente: primero, tendría que analizar el prefacio; ¿es sincero o cínico? ¿Un parche antes de la herida? Después tendría que profundizar en la figura del narrador en primera persona y verlo todo desde su perspectiva “inocente”. No debería olvidarme de mencionar las alusiones de Huck a la muerte, del retrato satírico de los terrestres, del posible sexismo de Twain, de la importancia de las supersticiones, del modo de expresión de Huck y Jim (algo que no se distingue en la traducción), de la caracterización y del estilo.

Si tuviera que ser sincera, algo que en un examen no es recomendable si tu argumentación no es la de un catedrático, diría que Huckleberry Finn, más que un narrador inocente, me ha parecido un chico sabio y prudente. Añadiría que he cloqueado como una gallina con el absurdo del final (Tom Sawyer siempre vivió en las Batuecas). Incluso me atrevería a decir que el dilema moral sobre la esclavitud al que se enfrenta Huck es más propio del contexto histórico, de una inquietud del autor, que de algo definitivamente racista.

Por último, es imposible no sentir simpatía hacia Mark Twain cuando dice las siguientes palabras (a través de Huck, claro):

No queda, pues, nada por escribir, de lo que me alegro como un condenado, porque si llego a saber el trabajo que cuesta hacer un libro, no me habría metido en semejante tarea, ni volveré a meterme.

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Advice to Little Girls de Mark Twain

Advice to Little Girls  Advice to Little Girls es un conjunto de siete consejos que Mark Twain escribió en el año 1865 para contribuir a la educación de las niñas estadounidenses. Con una gran carga de ironía, mala leche y humor, Twain asegura que siempre es mejor hacer burla a los profesores solo en ocasiones especialmente graves o escaldar a los hermanos pequeños en vez de reñirles lanzándoles barro. Al fin y al cabo, el agua muy caliente elimina impurezas y posiblemente trozos de piel. (Siguen siendo sus palabras, no las mías.)

Vladimir Radunsky es un ilustrador de libros para niños. Maria Popova, la creadora de la web Brain Pickings, vio su edición de Advice to Little Girls en italiano y propuso una publicación en inglés a la editorial Enchanted Lion Books. El resultado es un pequeño libro que siempre ha de estar envuelto en su funda de plástico (sobre todo si en la casa hay gatos), con unas ilustraciones curiosas (no tengo conocimientos artísticos para juzgarlas de otro modo), un precio muy asequible (si se tiene en cuenta que se trata de un tesoro) y el genio de Mark Twain (lo más importante).

Cuando el libro electrónico empezó a tener éxito entre el público, pensé que quizá los libros con ilustraciones y las ediciones especiales salvarían al papel. Hoy no lo tengo tan claro. Si bien es cierto que muy pocas personas comprarían los siete consejos de Mark Twain en formato libro, no sé cuántas habrán comprado la edición ilustrada. La verdad es que mi reflexión es gratuita y sin ningún tipo de base. No tengo ni idea de lo que hablo. En realidad yo compré Advice to Little Girls porque Mark Twain es uno de mis escritores favoritos y porque su sentido del humor siempre me ha gustado. Soy así de simple. El resto del párrafo es una tontería.

Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain

Las aventuras de Huckleberry Finn

Serán procesados quienes intenten encontrar una finalidad a este relato; serán desterrados quienes intenten sacar del mismo una enseñanza moral; serán fusilados quienes intenten descubrir en él una intriga novelesca.

Por orden del autor, PER. G. G., el Jefe de Órdenes.

Nadie puede acusar a Mark Twain de ser traidor por no avisar. Aun así, no muchos le hicieron caso. Tal y como explica la profesora Teresa Gibert en su libro American Literature to 1900 (del que me examino en menos de un mes), Las aventuras de Huckleberry Finn, publicada en 1884, fue calificada de vulgar, irreverente, poco elegante y para mentes poco respetables. Unos decían que era la basura más racista que jamás se había escrito. Otros, el alegato antiracista más importante desde La cabaña del Tío Tom.  Gibert sostiene que no es ni una cosa ni otra. Aunque Twain estaba contra la esclavitud, sus aventuras rezuman una nostalgia por una época pasada, la de su infancia, en la que los esclavos vivían como sirvientes mucho mejor tratados que en otras plantaciones del sur.

Levantó ampollas, claro. Huck escapa de su padre maltratador y de la viuda que intenta civilizarle y Jim de la esclavitud. Ambos bajan por el río Mississippi, que para ellos, y para todos, representa la libertad. Cada vez que se acercan a tierra empiezan los problemas. Al fin y al cabo, allí aún pervive una sociedad “decadente”. Eso no debió de gustar.

Si tuviera que hablar de esta novela en un examen tendría que decir lo siguiente: primero, tendría que analizar el prefacio; ¿es sincero o cínico? ¿Un parche antes de la herida? Después tendría que profundizar en la figura del narrador en primera persona y verlo todo desde su perspectiva “inocente”. No debería olvidarme de mencionar las alusiones de Huck a la muerte, del retrato satírico de los terrestres, del posible sexismo de Twain, de la importancia de las supersticiones, del modo de expresión de Huck y Jim (algo que no se distingue en la traducción), de la caracterización y del estilo.

Si tuviera que ser sincera, algo que en un examen no es recomendable si tu argumentación no es la de un catedrático, diría que Huckleberry Finn, más que un narrador inocente, me ha parecido un chico sabio y prudente. Añadiría que he cloqueado como una gallina con el absurdo del final (Tom Sawyer siempre vivió en las Batuecas). Incluso me atrevería a decir que el dilema moral sobre la esclavitud al que se enfrenta Huck es más propio del contexto histórico, de una inquietud del autor, que de algo definitivamente racista.

Por último, es imposible no sentir simpatía hacia Mark Twain cuando dice las siguientes palabras (a través de Huck, claro):

No queda, pues, nada por escribir, de lo que me alegro como un condenado, porque si llego a saber el trabajo que cuesta hacer un libro, no me habría metido en semejante tarea, ni volveré a meterme.

Guía para viajeros inocentes de Mark Twain

El 8 de Junio de 1867 zarpó del puerto de Nueva York un vapor llamado Quaker City con destino a Tierra Santa, Egipto, Crimea, Grecia y lugares de interés intermedios. Entre ellos, las Azores, Gibraltar, un refilón de España, Marsella y gran parte de Italia. Mark Twain iba a bordo. Sus crónicas como corresponsal del diario Alta California se recopilaron a su vuelta en este libro que en inglés tiene un título mucho más sugerente: The Innocents Abroad.

No es una guía, como indica el título en español, sino un relato de un viaje de doce meses por los restos de las civilizaciones más antiguas. Y lo escribe un Mark Twain que todavía no había escrito nada de Tom Sawyer. Y a pesar de que su ironía, su gran sentido del humor y su exhaustiva descripción de ciertos personajes (y perros) es admirable, la sensación que me produjo no se relaciona con nada de eso, sino con la seriedad de estas palabras…

Damasco ha visto todo lo que ha ocurrido en el mundo, y aún sigue viva. Ha contemplado los huesos secos de mil imperios, y verá las tumbas de mil más antes de que le toque morir. Aunque otra reclame el nombre, la vieja Damasco es, por derecho propio, la Ciudad Eterna.

Y más de un siglo después, siempre que aumentan los muertos en Siria me acuerdo de estas palabras…