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Hana yori dango de Yoko Kamio

Hana yori dango  Por aquel entonces yo no salía de Kawabata y de Shin-Chan. La época de Oliver y Benji y de Los caballeros del zodiaco había pasado. La de Bonnie Pink también. De la cultura japonesa me quedaba poco. Un día me levanté de la cama muy aburrida y me puse a buscar animación japonesa como loca. Nunca olvidaré que el primer anime que escogí fue un yuri, una historia homosexual entre mujeres, que me dejó algo desconcertada. El segundo fue un shojo llamado Peach Girl, una historia para adolescentes que también me dejó cargada de estereotipos. El tercero, y último en ese momento, fue Hana yori dango. También era un shojo para chicas jóvenes pero éste contaba con el elemento sorpresa: nada de lo que vi en los primeros capítulos, ni los colores pastel, ni la música instrumental ni la violencia de sus personajes, me dio la pista de que me encontraba ante una historia de amor. Nada. (Fue el último durante mucho tiempo. Solo Fruits Basket, y solo porque me hizo reír, consiguió acercarse un poco. Hace dos meses hice otro intento y nada me atrajo lo suficiente -estoy viendo Ataque a los titanes pero no es mi estilo-. Supongo que Hana yori dango fue la gran excepción y, salvo que en España empiecen a publicarse la misma variedad que en Japón, algo que me parece bastante improbable, seguirá siendo el único manga de este blog, con todos sus defectos incluidos.)

Hana yori dango se publicó durante más de diez años, así que cuando terminó de aparecer en televisión, aún le quedaban unos cuantos años a la historia. Por otro lado, esa década tan larga no le sentó bien: falta de uniformidad argumental, giros que se repiten una y otra vez, paja, chicle y gominolas. En vez de Hana yori dango, que es un juego de palabras hecho a partir del proverbio japonés que aconseja comer dango antes que oler flores, debería haberse titulado “Angustia mejor que flores”. Tsukushi, la protagonista, vive en un estado de congoja perpetuo: es una chica de clase baja que va a un instituto privado muy caro y está constantemente preocupada por el dinero. Solo por ser pobre, sus compañeros la someten a un acoso escolar muy duro. Su vida sentimental es un desastre: está enamorada de uno de los F4 (a veces es mejor no saber) pero el destino la enfrentará a otro a base de maltrato mutuo. Durante muchos tomos, Tsukushi será un ser indeciso y desesperante: ¿Tsukasa o Rui? Cuando al fin se decide, le espera aun más sufrimiento. Del final es mejor no hablar. Sí que puedo decir algo sobre el dibujo si advierto antes que lo único que sé dibujar es el paisaje de la casa, el sol, las nubes y los pájaros de mi infancia. Se nota una evolución clara, pero durante unos cuantos tomos todos los personajes, salvo Tsukushi, son exactamente iguales.

Si todo lo que he escrito en el párrafo anterior se me ocurrió hace tres días después de haber leído la historia por quinta vez, ¿qué es lo que tiene que tanto me cautivó? No lo sé con exactitud. Me gustó la valentía de Tsukushi y la claridad de ideas de Tsukasa. Apenas hay estereotipos. A veces destila mucha ternura. Me gusta cómo Kamio dibuja la ropa (esto lo he descubierto ahora). Me reía con Rui (uy) y me moría por saber a quién elegiría Tsukushi. Creo que la intriga fue clave. A veces no hay que darle tantas vueltas.