Archivo de la categoría: Crimen

Columbine de Dave Cullen

ColumbineLeí Columbine en un ebook y cada vez que necesitaba alguna referencia visual tenía que acudir a internet. Creo que me sorprendió más la cantidad de altares dedicados a los asesinos que encontré en la red que todo lo que Dave Cullen describe en su investigación. Y no debería ser así.

Como es bien sabido, el 20 de Abril de 1999 dos estudiantes del instituto Columbine de Denver, Colorado, mataron a tiros a 12 compañeros y a un profesor, hirieron a otros 24 y después se suicidaron. Durante todos estos años han circulado por la red todo tipo de rumores, mitos e informaciones sin contrastar que han calado tan hondo en la mente de algunos que ahora se dedican a tratar a los asesinos como mártires que mataron porque sufrían.

Lo mejor que tiene el libro de Dave Cullen no es solo que hace una crónica exhaustiva de todo lo que pasó aquel día, sino que introduce el contexto, las causas, las consecuencias y, sobre todo, desmonta mitos. Todos. El de que los asesinos sufrieron acoso escolar y el de Rachel Scott diciendo “creo en Dios” antes de morir son los dos más conocidos, pero hay más. Cullen habla del papel de la policía, de las críticas de los padres de las víctimas, de la difícil recuperación de los heridos, de los padres de los asesinos, de los avisos que dieron, de sus enfermedades mentales y de la poca previsión de las autoridades. Lo abarca todo.

Después de leer el libro, volved a internet y buscad imágenes de los altares. Algo falla. Algunos dicen que la verdad no está nunca a la vista, que siempre hay que escarbar un poco. Coged pico, pala y provisiones.

Anuncios

Emmett Till’s Secret Witness: FBI Confidential Source Speaks de Bonnie Blue

Emmett Till's Secret Witness FBI Confidential Source SpeaksSegún Bonnie Blue, lo que más deseaba Emmett Till en el verano de 1955 era pasar unos días con sus primos en Mississippi. Su madre, Mamie, se resistía a dejarle marchar. Aunque ya había cumplido 14 años, le daba miedo el trato que los blancos del sur podrían dar a su hijo si éste se comportaba como en Chicago y le preocupaban las secuelas que aún arrastraba de la polio que superó a los cinco años: tartamudeaba ligeramente y tenía dolores en las rodillas.

De acuerdo con el relato novelado de Bonnie Blue, ya en Money (Mississippi), Emmett echaba de menos a su familia, sobre todo a su madre. Ella le había enseñado a silbar cuando tartamudeaba para salir del paso. Y eso fue lo que hizo el 24 de Agosto cuando entró en una tienda a comprar golosinas. La dueña de la tienda lo interpretó como una falta de respeto y, aterrorizada por la reacción de su marido, se lo ocultó todo el tiempo que pudo. Pero en un pueblo pequeño todo se sabe tarde o temprano. Cuando Roy Bryant se enteró, no dudó ni un instante: quería encontrar al “negro” que le había faltado el respeto a su mujer para darle una lección.

Bonnie Blue también describe el linchamiento de Emmett después de su secuestro en la casa de su tío abuelo Mose Wright la noche del 28 de Agosto… pero yo no he podido leerlo. La fuente confidencial del FBI es la que sabe cómo murió Emmett realmente (no de un disparo en la cabeza)… pero tampoco he podido leerlo.  Salté páginas hasta que encontraron el cuerpo desnudo del niño en el río Tallahatchie con un ventilador de treinta y dos kilogramos atado al cuello. Los funcionarios que se ocuparon de Emmett obligaron al reverendo Wright a firmar que, a su llegada a Chicago, no se abriría la caja de madera-ataúd bajo ningún concepto. Mamie se negó. Ella quería que el mundo entero supiera lo que le habían hecho a su hijo y ordenó que en el velatorio el ataúd estuviera abierto.  Pasaron por delante unas treinta mil personas. Y cientos de miles se manifestaron en los meses siguientes pidiendo la aceptación de los derechos civiles.

Tres veces he dicho que la autora se llama Bonnie Blue y en ninguna he explicado por qué me llama la atención su nombre. Resulta que la Bonnie Blue era la bandera de la Confederación en la guerra civil estadounidense. Quizá sea un seudónimo. En cuanto a su relato, ya he dicho que es novelado, lo que para mí tiene un problema: no sé distinguir lo que es hecho real de lo que es ficción añadida por el autor para dar vida a la historia. De hecho, lo único que yo me atrevería a afirmar es que alguien le dio una paliza de muerte a Emmett Till (y eso es lo que más debería importar). Además, toda la parte de Mississippi está escrita en inglés del sur, con anexo incluido, y a mí se me ha hecho muy difícil de seguir. Para rematar, digamos que los aspectos escogidos de la historia no son los que yo hubiera elegido. Me van más los relatos analíticos que los sentimentales.

Un otoño de terror de Tom Cullen

Otoño de terror

-Mi tío tenía una tienda de café en la calle Hanbury y mi madre solía bajar cada mañana muy temprano para ayudarle. Cuando empezaron los crímenes del Destripador, me llevaba consigo para que la protegiese, envolviéndome en una manta para el frío. Claro que yo no le habría servido de mucha protección -hizo una pausa para reír-, ya que no era más que un chaval de once años. Bien, aquella mañana al acercarnos a la calle Hanbury vimos una camilla que salía del número 29, acompañada por policías. Iba cubierta con una especie de hule, y dejaba un rastro de sangre. Mamá tenía prisa por llegar a la cafetería, pero como era sábado y yo no tenía que ir al colegio, decidí seguir la camilla hasta el depósito de la calle Old Montague. Lo recuerdo como si fuese ayer.

Debió de ser un extraño cortejo, detrás de una camilla, con los agentes de uniforme y el muchacho con la manta.

No es el único testimonio recogido por Tom Cullen en su investigación de los crímenes de Jack el Destripador que pone los de punta. Un poco más adelante, cuando el asesino comete su último y más brutal crimen, dos testigos se asoman por una ventana y ven lo que ellos mismos denominan como “amasijo de carne”. Es justo decir que Cullen no se recrea en los asesinatos; simplemente los describe, expone los testimonios recogidos por la prensa y la policía y, si el forense estaba de humor ese día, lo que el Destripador les hizo a las víctimas.

Sin embargo, su relato es bastante más ambicioso. Primero se centra en las reacciones de la sociedad victoriana, desde la propia reina a los distintos estamentos de la población de Londres. Le llama mucho la atención que todos, incluido Scotland Yard, pensaran que el asesino tenía que ser extranjero porque un inglés decente jamás podría haber hecho algo así. Y más todavía cuando entonces (mediados del siglo pasado) aún había “expertos” que consideraban que Jack el Destripador era un judío, o un judío polaco, o un polaco no judío o un ruso. Después su atención se desvía a la vida de las víctimas, todas prostitutas y la mayoría mitómanas, a la incompetencia de los superiores que dirigían Scotland Yard y, por último, a la pretensión del asesino de provocar que la sociedad mirara hacia la pobreza y la decadencia del East End.

Por último da el nombre del asesino, claro. O al menos del que más papeletas tenía.

Black Dahlia Avenger II de Steve Hodel

Black Dahlia Avenger II  Seré muy breve porque lamentablemente hay poco que decir. Primero, recomiendo leer el comentario que escribí sobre el primer libro de Steve Hodel, Black Dahlia Avenger. Así será más fácil hacerse una composición de lugar. En cualquier caso, haré un resumen: Steve Hodel, durante muchos años detective de la policía de Los Ángeles, descubre entre los recuerdos de su padre fallecido fotos de varias mujeres entre las que cree distinguir a Elizabeth Short*, la famosa joven asesinada de forma brutal en los años 40. Su instinto de policía le induce a emprender una investigación que detalla a lo largo del libro y que concluye con la certeza de que su padre, George Hodel, mató a la Dalia Negra y a otras tantas mujeres en las décadas de los 40 y 50.

Black Dahlia Avenger II es un inmenso apéndice del primer libro. También hay menciones al segundo, sobre otros asesinatos también presuntamente cometidos por George Hodel en la zona de San Francisco, que yo obvié por su probable falta de veracidad (ahora parece que el señor Hodel es el culpable de todos los asesinatos sin resolver de la historia de California). Cuando digo apéndice, me refiero precisamente al añadido de datos, anécdotas, fotografías y otros que no aporta nada nuevo a la idea principal y que simplemente busca afianzarla. La editorial del primer libro es Harper Collins, la del segundo, Thoughtprint Press. La diferencia entre ambas es grande. El primer libro era un relato bien expuesto y cuidado. El segundo es tan literario como un expediente policial: desordenado, mal redactado, mal maquetado y muy reiterativo. En resumen, sí, es un libro del que se puede prescindir aunque seas un aficionado a las historias criminales.

*Es curioso el tema de las fotografías. Steve Hodel reconoce en este segundo libro que tiene dudas de que la mujer de las fotografías fuera Elizabeth Short. Es decir, que su corazonada fue falsa aunque el resultado de la investigación fuera bueno. Curioso.

El estrangulador de Boston de Gerold Frank

El estrangulador de Boston  Yo no quería comprar este libro. Ni siquiera quería leerlo. Me equivoqué. Se me cruzaron los cables y en vez de leer El estrangulador de Boston, leí Jack el Destripador. Y no una vez, sino dos, tres y hasta cuatro veces. Cuando lo escogí, cuando lo compré, cuando lo recibí y cuando empecé a leerlo. Qué empeño el mío. (No es la primera vez que me pasa. Ayer compré un libro en gallego sin darme cuenta. Menos mal que no está en euskera.)

Llegó un momento en el que me di cuenta de que lo que leía no tenía nada que ver con Jack el Destripador, claro. En concreto, en la advertencia al lector que hace Gerold Frank. De Londres y de prostitutas no había ni rastro. Se trataba de Boston a mediados de los años sesenta y del asesinato de trece mujeres. Todo presentado como si fuera un documental. Un poco desordenado a veces, con muchos saltos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, pero ceñido a los hechos. Tanto, que en dos ocasiones me quedé dormida mientras leía. Demasiado exhaustivo con los detalles. Los aficionados al crimen o con un interés especial en este caso lo encontrarán interesante y los que no, como en mi caso, o se dormirán o se sentirán indiferentes. O ni siquiera eso.

Pese a todo, sí hay algo que me ha llamado mucho la atención y es la tendencia de la policía de Boston de aquellos años a tirar de individuos con métodos bastante alejados de la ciencia forense para resolver los crímenes. Obviamente, ninguno de ellos lo consiguió. El estrangulador apareció por casualidad. Pero no pudieron, supieron o quisieron juzgarle por los asesinatos, sino que lo metieron en la cárcel por otros crímenes. ¿Y a qué encantadora conclusión nos lleva esto? A la teoría de la conspiración. No fue él, fue un compañero de celda, otra persona, un extraterrestre, el tendero de la esquina…

Black Dahlia Avenger de Steve Hodel

Black Dahlia Avenger  (Cómo me ha gustado la textura de este libro: suave, manejable, con las puntas dobladas por el uso…)

El primer capítulo de Black Dahlia Avenger es una reconstrucción del tiempo que pasó Elizabeth Short en el hotel Biltmore de Los Ángeles la tarde del 9 de enero de 1947. Según la versión oficial, nadie volvió a verla con vida. El segundo comienza seis días después, cuando el cuerpo de Elizabeth Short apareció en un solar cortado por la mitad, drenado y “colocado”. El tercero es desconcertante porque, de repente, el autor cambia de registro y empieza a hablar de su vida. De su matrimonio prematuro, de sus veinticinco años como detective de homicidios de la policía de Los Ángeles y, sobre todo, de la relación complicada con su padre, George Hodel. Al final, Hodel hijo habla de la muerte de su progenitor, del duelo y de cómo entre sus pertenencias encuentra varias fotografías entre las que aparece, sorpresa, Elizabeth Short*.

Su instinto de detective, (según el autor, yo me inclino más por la sospecha razonable), le hizo desconfiar de esas fotografías y, como profesional, decidió comenzar la investigación del crimen como si hubiera sucedido en el año 2000 y no cincuenta años antes. Sus conclusiones son sorprendentes. A pesar de no contar con apoyo oficial ni con ninguna prueba forense capaz de confirmar o negar sus suposiciones, creo que Steve Hodel ha logrado resolver el caso de la Dalia Negra (y posiblemente otros diez o veinte más de mujeres asesinadas entre los años 40 y 60 en California). Sin embargo, nadie va a reconocerle el mérito porque, al parecer, el expediente del asesinato de Elizabeth Short fue “limpiado” hace ya unos años y las pruebas forenses capaces de eliminar todas las dudas, también. Mierda de la policía corrupta enterrada durante décadas que, si resucitaba, arruinaría la vida profesional de muchos jefes de policía de prestigio. Supuestamente, claro.

*El relato de Steve Hodel a mí me convence siguiendo mi propio criterio, que no es el del ningún profesional. Sin embargo, las fotos que desencadenaron su investigación sí me crean dudas. Por muchas pruebas que el autor presente para demostrar que la mujer de las fotos de su padre y Elizabeth Short son la misma persona, a mí no me lo parece. Pero claro, mi criterio es subjetivo y no forense.

A Beautiful Child de Matt Birkbeck

  Conociendo mi afición por la serie de televisión Crímenes imperfectos, y en concreto por su narrador en español, un amigo me recomendó esta lectura. “No hay traducción”, me advirtió, “pero si lo lees pensando en la voz que tanto te gusta seguro que lo disfrutas”. Por si a alguien no le suena, es esa voz que empieza todos los capítulos con algo parecido a esto: “Anchorage, 1985. Mientras todos en la pequeña comunidad celebran el día de la Marmota, el coche de Mary Brunheimer, dependiente de un supermercado “X” aparece abandonado en un parking a cuatro manzanas de su lugar de trabajo. Su cuerpo nunca fue encontrado.”

Y hasta aquí la gracia porque la historia que cuenta A Beautiful Child no tiene nada de chistoso. La investigación de Matt Birkbeck empieza con múltiples datos acerca de la muerte de una mujer llamada Tonya, presuntamente atropellada de forma accidental. Tonya era bailarina de striptease, estaba casada con un hombre que podría ser su padre y tenía un hijo de dos años. La policía sospecha inmediatamente del marido pero no tiene ninguna prueba que apoye su teoría. Además, pronto su preocupación se centra en el niño cuando su supuesto padre lo secuestra.

Sin atar cabos, Birkbeck pasa inmediatamente a hablar de otra mujer, esta vez adolescente, llamada Sharon Marshall. Describe con detalle su paso brillante por el instituto, su amistad con Jennifer Fisher, la difícil relación con su padre, un hombre extraño, su embarazo prematuro y, al final, su desaparición. Si hablara de lo que relaciona a las dos mujeres destriparía todo el caso y, dado que aquí en España el asunto no es tan conocido como en Estados Unidos, prefiero no hacerlo por si alguien se anima a leerlo.

Gusten o no los libros sobre crímenes, éste tiene unas cuantas virtudes: el modo en el que está narrado -muy similar al del narrador omnisciente-, la investigación de años que avala toda la historia y, por último, la crítica no muy velada, la verdad, al sistema legal estadounidense en lo referente a los menores desaparecidos, sobre todo en los años 70 y 80. De hecho, hoy en día y pese a los avances, si la policía no considera la desaparición de un niño como tal sino como huida, el resto de organismos no pueden iniciar los trámites necesarios para buscarle. Y según los datos que expone Birkbeck, se trata de unos 800.000 niños desaparecidos al año. Ahí es nada.