Archivo de la categoría: Literatura

La biblioteca en llamas de Susan Orlean

I.

Los libros son algo así como nuestro ADN cultural, el código de lo que somos como sociedad y también de aquello que conocemos. Todas las maravillas y los fracasos, todos los héroes y los villanos, todas las leyendas y las ideas y las revelaciones de una cultura permanecen para siempre en los libros. Destruirlos es un modo de indicar que esa cultura ha dejado de existir, que su historia ha desaparecido, que la continuidad entre el pasado y el futuro se ha roto. Apartar a una cultura de sus libros es como apartarla de su memoria, es como privarla de la capacidad de recordar sus sueños. Acabar con los libros de una cultura es sentenciarla a algo peor que la muerte: es sentenciarla a parecer que nunca existió.

Yasunari Kawabata – Yukio Mishima. Correspondencia (1945-1970)

I.

He aquí lo que dijo Hölderlin en una carta a Schiller: “Siempre estaba tentado por verlo y no lo veía por sentir que yo, para usted, no podía ser nada”. Y en otro pasaje: “Mientras estaba frente a usted, mi corazón se reducía a casi nada, y cuando ya había tomado coraje, no podía contener la agitación”.

Mishima a Kawabata, 3 de Marzo de 1946

The Trip to Echo Spring de Olivia Laing

I.

Physically, Echo Spring is nothing more than a nickname for a liquor cabinet, drawn from the brand of bourbon it contains. Symbolically, though, it refers to something quite diferent: perhaps to the attainment of silence, or to the obliteration of troubled thoughts that comes, temporarily at least, with a sufficiency of booze.

II.

He says: “It was in my mind that if you weren´t able to function in action you might at least be able to tell about it, because you felt the same intensity – it was a backdoor way out of facing reality.”

“He” es Francis Scott Fitzgerald.

III.

Hunger was constitutional with him,
wine, cigarettes, liquor, need need need
until he went to pieces.
The pieces sat up & wrote.
John Berryman

IV.

Perhaps he also thought of Robert Jordan, who once said to himself of the things he had done: “But my guess is you will get rid of all that by writing about it… Once you write it down it is all gone.”
Robert Jordan es el protagonista de Por quien doblan las campanas. Está hablando de Hemingway.

V.

that one night, instead of warm pajamas,
I´d take off all my clothes
& cross the damp cold lawn & down the bluff
into the terrible water & walk forever
under it out toward the island.
John Berryman

VI.

Pt. admits that he is an alcoholic… Indication of depression, anxiety, immaturity, lack of insight, high aesthetic interests, feelings of alienation, & dependency… Admitted he is full of fear.
Un terapeuta sobre Berryman.

VII.

At some point, you have to set down the past. At some point, you have to accept that everyone was doing their best. At some point, you have to gather yourself up, and go onward into your life.

VIII.

I mean we all carry something inside us that can be rejected; that can look silver in the light. You can deny it, or try and throw it in the garbage, by all means. You can despise it so much you drink yourself halway to death. At the end of the day, though, the only thing to do is to take a hold of yourself, to gather up the broken parts. That´s when recovery begins. That´s when the second life – the good one – starts.

El club de lectura del final de tu vida de Will Schwalbe

El club de lectura del final de tu vidaMi madre me enseñó a no apartar la mirada de lo peor, pero a creer que todos podemos hacerlo mejor. Nunca flaqueó su convicción de que los libros son la herramienta más poderosa en el arsenal humano, que leer toda suerte de libros, en el formato que uno elija (…) es el mejor entretenimiento, y también es la manera en que uno toma parte en la conversación de la humanidad. Mi madre me enseñó que se pueden cambiar las cosas en este mundo y que los libros tienen importancia: son la manera de averiguar lo que tenemos que hacer en esta vida, y el modo de decírselo a los demás. Mi madre también me enseñó, en el transcurso de dos años, docenas de libros y cientos de horas en hospitales, que los libros pueden ser el modo de intimar, y de seguir cerca, incluso en el caso de una madre y un hijo que ya estaban muy cerca de entrada, y siguen estándolo incluso después de la muerte de uno de ellos.

Trece libros del club de lectura de Will Schwalbe y de su madre Mary Ann(e) pasarán a formar parte del mío. No sé cuántos se salvarán pero siempre estarán ligados en mi recuerdo a la mujer de la sonrisa preciosa y las convicciones firmes. Gracias, Mary Ann(e).

El viaje

En el país de los diosesLlevo casi dos meses ausente. Porque no leo. Porque no puedo concentrarme más de dos minutos. Tengo la mente en otra parte. Me voy a Japón.

Tengo un ebook. Lo he llenado de libros gratuitos. Uno de viajes de Darwin. Galdós. El Príncipe. Muchos relatos de Dickens. De Mark Twain. La Eneida. Bastantes más. Voy por poco tiempo.

Antes de ayer, tumbada en la cama, pensé en El maestro de Go. Me lo llevo. Volveré a leerlo. Voy a ir a Kamakura, a presentar respetos. A compartir, a rogar, a hablar con una lápida. También me llevo En el país de los dioses. Para que Hearn me haga compañía. Para no sentirme estúpida.

Ir a Japón no es bajar al portal a abrir la puerta si no funciona el telefonillo. Es lo que yo quiera que sea. Como un chicle, por ejemplo. Lo voy a poder estirar, doblar, hacer globos con él, explotarlos, saborearlo e incluso tragármelo si quiero. Es la primera vez en mi vida adulta que tengo tanta libertad. Pero lo más importante no es la excitación por fingir ser otra persona en un país desconocido. Lo mejor es la posibilidad de ser yo misma.

Por primera vez voy a desear con libertad unos labios húmedos que se desprenden de una armónica. Y un cuello sudoroso con un lunar. Y varios más en hilera, debajo del ojo derecho. Y un ceño fruncido que sufre y una boca descomunal.

Por ejemplo.

Qué importante es el deseo.