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El sanador de caballos de Gonzalo Giner

El sanador de caballos“La aventura de un veterinario en la Edad Media.” Subtítulo no del todo cierto. Es una aventura, sí, muy larga, de ochocientas páginas, y en la que ocurren las cosas que suelen suceder en las correrías medievales. Que transcurre en el siglo XII también es correcto, a finales, en concreto en la Reconquista, con batalla de las Navas de Tolosa incluida. Lo de veterinario es lo que me parece un truco. El protagonista, Diego de Malagón, es todavía un muchacho cuando asesinan a su padre y secuestran a sus hermanas. Por supuesto, él promete venganza, pero mientras planea cómo llevarla a cabo aprende junto a un maestro musulmán los entresijos del oficio de albéitar.

A partir de aquí, y a juzgar por el “caballos” del título, el “veterinario” del subtítulo y la imagen del equino en la portada, yo pensé, quizá de forma atrevida, que las famosas aventuras de Diego se inclinarían hacia su profesión. Al fin y al cabo, es su baza más original. Lo único de lo que podría extraerse algo de jugo. La parte que distingue a la novela de cualquier otra. Desafortunadamente no es así. Todo lo que le ocurre a Diego y que no tiene nada que ver directamente con los animales que le rodean (más de la mitad de la novela), es lo mismo que he leído decenas de veces en otras andanzas históricas medievales. En este caso, el disgusto es problema mío por el motivo del que ya he hablado otras veces: hace años tuve que leer muchas historias de ficción ambientadas en la Edad Media por razones curiosas y, desde entonces, todas me parecen más de lo mismo. El sanador de caballos prometía, sí, pero no ha cumplido.

La isla de los malditos de Rebecca Gablé

La isla de los malditos  Hay tantas novelas históricas basadas en la Edad Media que resulta difícil distinguir unas de otras. Hace años compré una colección compuesta por unas veinte de ellas y hoy soy incapaz de recordar más de dos aunque las leí todas y, aun así, creo que mezclo algunas de las historias que cuentan.

Lo que distingue La isla de los malditos de las demás es que los protagonistas son hombres confinados en una isla por no tener alma, lo que traducido a la mentalidad piadosa de aquellos tiempos significa que eran disminuidos físicos y mentales. Hombres sin memoria, epilépticos, con Síndrome de Down, gemelos unidos. Un psicópata hay por ahí. Un santo resucitado también. Y un señor que cree que tiene una serpiente en sus tripas.

Lo malo es que el resto está lleno de tópicos y de finales felices en un contexto histórico poco favorable. De hecho, propongo un ejercicio: adivinar quién de todos los anteriores es el protagonista. Pista: no es el psicópata, ni los gemelos ni el santo. Después estaría bien inventar una historia inverosímil que incluya a un futuro rey inglés y a un señor perdido. Y, por último, si quedan ganas, propongo especular sobre quién de todos ellos muere. A mí me hubiera gustado que los gemelos Godric y Wulfric fueran los héroes, pero la historia no es mía y, oye, me gusta el sentido del humor de esta escritora aunque vaya a olvidar su historia en menos de tres meses.

La otra historia de Jesús de Fida M. Hassnain

 Lo primero que hay que decir es que este libro se cita como fuente fiable en muchos otros. De no ser así no se me hubiera ocurrido leerlo porque jamás habría imaginado que un profesor de la India se dedicara a afirmar que Jesús está enterrado en Cachemira. Y no solo él. También su madre, María Magdalena y unos cuantos apóstoles más. Anoche, mientras lo hojeaba, comprobé que estaba embadurnado de lápiz con preguntas del tipo: “¿esto es verdad? Comprobar”, “¿pero no fueron los romanos?”, “¿por qué no se han investigado las supuestas tumbas?”. Ahora me pregunto cómo me tomé en serio un libro cuya portada une los nombres de ciencia oculta y de hermética como presentación de una teoría que se supone rigurosa.

¿Y en qué consiste esa teoría? Parte de la base de que una de las tribus de Israel acabó en Cachemira y de que tenía vínculos con los esenios. El hecho de que los evangelios no especifiquen qué ocurrió en la vida de Jesús durante muchos años le sirve para afirmar, “según sus investigaciones”, que viajó a la India. El segundo viaje fue después de la crucifixión, con un Jesús vivito y coleando casi carcajeándose del engaño que había montado junto a sus amigos los esenios. Y en Cachemira murió plácidamente y su cuerpo se encuentra en una tumba a la que nadie puede acercarse para investigar porque está prohibido. Mira que si después de toda una Edad Media recopilando astillas de la cruz resulta que ahora no sirven para nada…

Lo que más me molesta de este tipo de libros es su intento de manipulación. Primero, sueltan un chorro de hechos históricos, unos fiables y otros no, y que el lector se las apañe con ellos. Segundo, cuando están acorralados, optan por lo de las “investigaciones”, siempre misteriosas y nunca explicadas. Tercero, si el que ha picado aún tiene dudas, salen con lo socorrido de la biblioteca del Vaticano. Como no es un sitio al que se puede acceder fácilmente, el documento tan importante del que estoy hablando está allí pero tú, lector, no tienes medio de comprobarlo. Estafa completa.

¿Cómo dejar de creer en un profesor de Cachemira, nacido en 1924, que fue director de Archivos, Estudios Arqueológicos y Museos del estado de Cachemira y Jammu? En el momento en el que empieza a oler a beneficio monetario…

Ver también La clave del enigma sagrado.

La catedral del mar de Ildefonso Falcones

Vaya sorpresa…

El problema de leer un libro sobre el que te has creado expectativas es que así tienes más posibilidades de decepcionarte que con cualquier otra circunstancia. Yo pensaba que La catedral del mar era una novela sobre una de las construcciones del monumento más importante de la Edad Media. No una narración técnica, claro, pero sí algo con un poco de misterio, con masones, gárgolas y símbolos. No sé de dónde surgieron esas ideas (problablemente de la portada, como buena esclava que soy de ellas), pero sí tengo bastante claro que la culpa de que esta novela me haya aburrido como una ostra es en gran parte mía. No esperes nunca nada de ningún libro y no te decepcionará.

Al margen de mi incapacidad para valorar las novelas medievales, he leído muchas y llega un momento en el que todas me parecen iguales, hay algo en La catedral del mar que me irrita y que no tiene nada que ver con sentimientos de culpa: la manía de sobrecargar a los protagonistas de desgracias solamente para ilustrar acontecimientos históricos que una persona normal de cualquier época no podría sufrir ni en tres vidas. Revueltas, inquisición, muertes, peste, prostitución, infidelidades, guerra y muchos más. Y en todos ellos, el protagonista es lo que indica su nombre. Es ficción, lo sé, y los autores pueden tomarse ciertas libertades, pero a mí esa estrategia siempre me ha parecido forzada. Al menos espero que toda la historia que rezuma esté contrastada y basada en fuentes fidedignas. De no ser así, lo mejor de la novela se habría echado a perder.

¿Y la catedral? Es un simple testigo de lo que le ocurre al protagonista. Su vínculo con ella comienza en la infancia y, en diferentes etapas, se alarga hasta la ancianidad. Pero nada de masones, ni de gárgolas ni de símbolos. Solo mucho esfuerzo en trasladar las piedras, mucho dinero invertido y una inauguración. Nada de lo que yo había imaginado.