Archivo de la categoría: Historia

Japón de Rossella Menegazzo

JapónLo regalaban con una revista de la que no recuerdo el nombre. Como creía que era la típica guía de viajes, lo he estado hojeando (sin h también) al menos durante cuatro años. Sin embargo, pretende instruir más que guiar. Está dividido en cuatro grandes bloques y en uno pequeño: Personajes, Poder y vida pública, Religión, Vida cotidiana y Mundo de los muertos. Pero solo desde el siglo VIII, la época de Nara, hasta el siglo XIX, el período de Edo. Cada capítulo está formado por una cita, un texto breve sobre el tema que trata, un faldón lateral con información contextual y multitud de imágenes de obras de arte explicadas. Solo le encuentro un fallo, se descoyunta.

Gracias a él he descubierto a Hasegawa Tohaku0021 - Hasegawa Tohaku (1539-1610) - Biombos con pinos entre niebla. Museo Nacional de Tokio.

 

 

 

El tigre sin huesos de HokusaiTiger in snow

 

 

 

 

 

Y el origen zen de los botones de la Playstation…

Sengai Gibon, Círculo triángulo cuadrado, siglo XVIII.
Sengai Gibon, Círculo triángulo cuadrado, siglo XVIII.

 

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Historia del Japón de Kaibara Yukio

Historia del JapónTiene presencia. Es grande, casi del tamaño de un folio, de tapas duras, impreso en papel del caro, el suave que brilla, y probablemente, aunque no lo recuerdo, también cueste bastante dinero. Pero eso es todo.

Historia del Japón tiene, a mi entender, dos grandes problemas. El primero es el desorden. Sí, cuenta la historia del país desde el papel de la diosa Amaterasu hasta el final del siglo XX en orden cronológico pero en barullo temático. Se salta hechos históricos porque prefiere contarlos tres páginas después mezclados con movimientos artísticos, leyendas o con asuntos de etiqueta. Además, carece de índice onomástico, imprescindible en cualquier libro de historia (y más si pretende ser divulgativo).

El segundo problema es que a mí no me interesa la opinión del señor Kaibara Yukio. En ciertos pasajes he percibido tufillos que generalmente no suelen gustarme en los libros de historia. A manipulación, a “Japón es así porque yo pienso así” o a “Japón no puede ser así porque yo no pienso así”. Lo bueno es que, pese a ser bastante sutil, no se esconde y las partes subjetivas se identifican rápido.

Nadie me ha preguntado pero, si alguien lo hiciera, solo le recomendaría este libro para formarse una idea muy general y ligera de la historia de Japón, jamás como libro de consulta. Demasiado arriesgado.

Los asesinos del emperador de Santiago Posteguillo

Los asesinos del emperadorHay una cuenta en Twitter que se llama @antigua_roma que se dedica a contar “hechos significativos de la Historia de la Antigua Roma, contados el día que ocurrieron”. Hace poco leí el siguiente tweet: A la muerte de Trajano, se colocó bajo la columna Trajana la urna de oro que contenía las cenizas del emperador fallecido. Inmediatamente pensé que no podía ser, que Trajano todavía no había muerto y que no quería saber nada más de la historia hasta que no leyera la segunda parte de Los asesinos del emperador, Circo Máximo. Como si Trajano fuera un personaje de ficción, como si lo que cuenta la novela fuera desconocido y no algo que ocurrió hace casi dos mil años.

El mérito de ese pensamiento es de Santiago Posteguillo. Como elogio tendría que ser suficiente, pero quiero extenderme un poco más. Me ha gustado el contraste entre Domiciano y Trajano. El primero, desquiciado, cruel y gobernante por derecho heredado. El segundo, inteligente, respetado y apartado del gobierno del imperio simplemente por el hecho de no ser romano. Hasta que cambiaron las cosas, claro. Me ha emocionado la historia del gladiador Marcio, de su perro y de Alana. Me ha recordado a Aquiles. Los apéndices son un castigo para escépticos y tiquismiquis. Y para rematar, pese a que la historia de Roma ya no se estudia como antes, yo lo recomendaría como lectura adicional. Mil páginas de nada… :)

Emmett Till’s Secret Witness: FBI Confidential Source Speaks de Bonnie Blue

Emmett Till's Secret Witness FBI Confidential Source SpeaksSegún Bonnie Blue, lo que más deseaba Emmett Till en el verano de 1955 era pasar unos días con sus primos en Mississippi. Su madre, Mamie, se resistía a dejarle marchar. Aunque ya había cumplido 14 años, le daba miedo el trato que los blancos del sur podrían dar a su hijo si éste se comportaba como en Chicago y le preocupaban las secuelas que aún arrastraba de la polio que superó a los cinco años: tartamudeaba ligeramente y tenía dolores en las rodillas.

De acuerdo con el relato novelado de Bonnie Blue, ya en Money (Mississippi), Emmett echaba de menos a su familia, sobre todo a su madre. Ella le había enseñado a silbar cuando tartamudeaba para salir del paso. Y eso fue lo que hizo el 24 de Agosto cuando entró en una tienda a comprar golosinas. La dueña de la tienda lo interpretó como una falta de respeto y, aterrorizada por la reacción de su marido, se lo ocultó todo el tiempo que pudo. Pero en un pueblo pequeño todo se sabe tarde o temprano. Cuando Roy Bryant se enteró, no dudó ni un instante: quería encontrar al “negro” que le había faltado el respeto a su mujer para darle una lección.

Bonnie Blue también describe el linchamiento de Emmett después de su secuestro en la casa de su tío abuelo Mose Wright la noche del 28 de Agosto… pero yo no he podido leerlo. La fuente confidencial del FBI es la que sabe cómo murió Emmett realmente (no de un disparo en la cabeza)… pero tampoco he podido leerlo.  Salté páginas hasta que encontraron el cuerpo desnudo del niño en el río Tallahatchie con un ventilador de treinta y dos kilogramos atado al cuello. Los funcionarios que se ocuparon de Emmett obligaron al reverendo Wright a firmar que, a su llegada a Chicago, no se abriría la caja de madera-ataúd bajo ningún concepto. Mamie se negó. Ella quería que el mundo entero supiera lo que le habían hecho a su hijo y ordenó que en el velatorio el ataúd estuviera abierto.  Pasaron por delante unas treinta mil personas. Y cientos de miles se manifestaron en los meses siguientes pidiendo la aceptación de los derechos civiles.

Tres veces he dicho que la autora se llama Bonnie Blue y en ninguna he explicado por qué me llama la atención su nombre. Resulta que la Bonnie Blue era la bandera de la Confederación en la guerra civil estadounidense. Quizá sea un seudónimo. En cuanto a su relato, ya he dicho que es novelado, lo que para mí tiene un problema: no sé distinguir lo que es hecho real de lo que es ficción añadida por el autor para dar vida a la historia. De hecho, lo único que yo me atrevería a afirmar es que alguien le dio una paliza de muerte a Emmett Till (y eso es lo que más debería importar). Además, toda la parte de Mississippi está escrita en inglés del sur, con anexo incluido, y a mí se me ha hecho muy difícil de seguir. Para rematar, digamos que los aspectos escogidos de la historia no son los que yo hubiera elegido. Me van más los relatos analíticos que los sentimentales.

Wisconsin Death Trip de Michael Lesy

Wisconsin Death Trip  (No tengo mesura fotográfica. O la oscuridad total o un bombillazo iluminador. Como es importante aclararlo, tengo que decir que la imprecisión del lado izquierdo de la cara de la muchacha no es culpa de la bombilla. La foto se hizo así y sospecho que su elección como portada tiene mucho que ver con esa peculiaridad.)

Wisconsin Death Trip es una recopilación de fotografías tomadas por Charles Van Schaick en el condado de Jackson, Wisconsin, y al mismo tiempo, una colección de noticias publicadas en los periódicos “wisconsinos” en los últimos quince años del siglo XIX. La estructura es siempre la misma. Por ejemplo, el primer bloque está formado por tres fotografías (una de un caballo blanco con crines rizadas que casi rozan el suelo y otras dos de un caballo negro escuálido) y por una serie de extractos de noticias entre las que destacan el agradecimiento de un ciudadano a sus vecinos por la atención recibida cuando le amputaron una pierna, el ingreso en un psiquiátrico de otro hombre agobiado por las deudas, la aparición de un fantasma en marzo de 1885, la declaración de que en Wisconsin se componía más poesía que en cualquier otro estado y finalmente, varios incendios provocados, una sobredosis de morfina y un par de suicidios. En el prólogo hay una explicación de por qué el retrato de esa sociedad es tan lúgubre. Pero no recuerdo con exactitud qué decía exactamente. En realidad, no presté mucha atención a los textos porque las enumeraciones reiterativas no suelen quedarse mucho tiempo conmigo.

Si alguien se lo pregunta, sí, hay fotos post-mortem, pero son minoría y del montón. Son más interesantes los retratos, en grupo o individuales, y me ha llamado mucho la atención la seriedad (o tristeza) de todas las caras. Siempre me preguntaré si eligieron el gesto adusto para posar o si lo traían de fábrica… Para qué andarme con más tonterías. No es que Wisconsin Death Trip no me haya gustado, es que no me ha conmovido. Me he aburrido con los textos y he mirado las fotografías con ojos curiosos pero nada más. Y ese “nada más” me incapacita para transmitir. Si fuera fotógrafo sería diferente. O si fuera escritor. Pero soy lector. Simplemente.

En el Japón espectral de Lafcadio Hearn

En el Japón espectral  Como ya adelanté cuando escribí sobre Última isla, Lafcadio Hearn pasó los últimos años de su vida en Japón. Allí se casó, tuvo cuatro hijos, se convirtió en Koizumi Yakumo y se dedicó a escribir sobre lo mucho que le estimulaba el archipiélago japonés.

En el Japón espectral es una recopilación de historias, anécdotas y fragmentos relacionados con los muchos significados que tiene la palabra fantasma: la imagen de una persona muerta que se aparece a los vivos, la impresión en la mente de una fantasía o la visión quimérica. Así, Hearn empieza relatando la historia del hombre que seguía a Buda por una montaña de calaveras. Después pasa a la leyenda del furisode, un manto de mangas largas con poderes sobrenaturales, escribe un tratado sobre los juegos del incienso, otro sobre los gusanos de seda, cuenta un chascarrillo sobre la adivinación y el budismo y vuelve al escalofrío con el cuento sobre una linterna de peonías. A partir de ahí se vuelve más espiritual. Le llaman mucho la atención los dibujos de los pies de los Budas, le intriga el significado del aullido del perro japonés vagabundo y durante más de veinte páginas habla de poesía y de proverbios budistas japoneses. Casi al final, vuelve a las historias del mal karma e incluso habla sobre los tengu, los demonios japoneses creadores de las artes marciales. En el último capítulo se quita el manto y se sumerge en el mar nocturno de Yaizu.

La obra empieza con un poema que me sirve para terminar…

Yoru bakari
Miru mono nari to
Omou na yo!
Hiru sae yume no
Ukiyo nari keri.

(No creas que los sueños se aparecen al soñador solo de noche: el sueño de este mundo de dolor se nos aparece incluso de día.)

El cazador de piratas de Richard Zacks

El cazador de piratas  La primera vez no pude con él. Pero ahora que ando escasa de fondos y que me resisto a ir por el camino fácil, lo releo casi todo. La primera vez lo abandoné a las cien páginas porque El cazador de piratas no es un libro ameno sobre patas de palo, parches y grog. Es un tratado histórico sobre la suerte de un marino escocés al que contrataron para cazar piratas y al que ahorcaron sus patrocinadores, rey inglés incluido. Es una biografía detallada del pirata que tenía un tesoro que aumentaba cada vez que alguien lo mencionaba. Es un mapa de todas las rutas marítimas de los océanos conocidos de finales del siglo XVII. Es un tratado geográfico de todos los lugares exóticos de esas rutas. Es una alabanza de los procesos democráticos que ocurrían en los barcos piratas. Es una comparación inteligente entre el gobierno de los ilegales y el gobierno de los hombres. Es otro símil entre el “pirata” con mala suerte Kidd y el pirata con una flor en el culo Culliford. Es una muestra de la corrupción de los gobiernos de las colonias y de las islas británicas. Es un libro denso pero justo que no mitifica. Es difícil pero tierno.

Y a mí también me gustan las anáforas.