Archivo de la categoría: Cine

Kiss Kiss Bang Bang de Pauline Kael

I.

The words “Kiss Kiss Bang Bang,” which I saw on an Italian movie poster, are perhaps the briefest statement imaginable of the basic appeal of movies. This appeal is what attract us, and ultimately what makes us despair when we begin to understand how seldom movies are more than this.

II.

“Creativity” is  a quick route to power and celebrity. The pop singer or composer, the mod designer, says of his work, “It´s a creative way to make a living” – meaning it didn´t take a dull lot of study and planning that he was able to use his own inventiveness or ingenuity or talent to get to the top without much sweat.

III.

But not all the new generation is buying. Many of them don´t just “´tune out` automatically at the first sign of advertising puffery” because they know there´s no place to tune in again. They´re surrounded by seeling, and they tune out, period. They want some meaning, some honesty, some deeper experience, and they try to find them in romantic ideas of rejection and revolution based on their moral revulsion from the situation in the South, or in folk music, in underground movies, in narcotics.

Last Night at the Viper Room de Gavin Edwards

Last Night at the Viper RoomEn mi recuerdo perturbado: la noticia de su muerte (un 31 de Octubre) recortada en una playa. Mucho después: el Chris Chambers de Cuenta conmigo, la maravillosa La última apuesta, la melena rubia de Indiana Jones y la última cruzada y el VHS rayado de Esa cosa llamada amor. Su ojo pipa.

En la biografía: el dato curioso de que Alfonso Sáinz, uno de los miembros de Los Pekenikes, le regaló su primera guitarra. La confirmación de que apenas fue al colegio por su infancia itinerante. La absurda comparación con otros actores de su generación. La velada insinuación de la posible causa de su adicción a las drogas: el manido “estaba jodido”. La crítica acertada a la familia por tratar su muerte como algo celestial.

En mí: nada ha cambiado, solo sé algo más del color del envoltorio pero sigo sin ver lo que hay dentro. Y lo que es peor, sigo sin saber por qué me importa.

El pecado original de Anthony Quinn

El pecado original  Cómo se nota que últimamente, y por necesidad, leo cualquier cosa que caiga en mis manos… Sin embargo, yo no diría que El pecado original es precisamente una autobiografía cualquiera. Todo empieza cuando el actor Anthony Quinn sufre un ataque de ansiedad en Nueva York a mediados de los sesenta: pese a tenerlo todo se siente vacío. Ni la fama ni el éxito ni su familia logran que sea feliz. Problemas del primer mundo.

Cuando la situación empeora con apariciones no fantasmales y acude al psiquiatra, empieza lo interesante. Pero antes, me hago las dos preguntas de siempre: si el relato realmente lo escribió el actor y si lo que cuenta ocurrió realmente así. A la primera creo poder responder que sí sin equivocarme. En cuanto a la segunda, tengo mis dudas. La escena del actor sentado enfrente del psiquiatra para narrar su vida desde el principio es demasiado cinematográfica. Pero eficaz. La vida de Quinn resulta ser intensa: nacido en México, de madre mexicana y padre irlandés, emigrado a Estados Unidos cuando era un chaval, trabajador, muy pobre, curioso, casi boxeador profesional, bailarín, amante de una mujer mayor que le nutre de sabiduría y actor gracias a John Barrymore, Gary Cooper, Mae West, Carole Lombard y, a su pesar, Cecil B. DeMille.

Yo diría que es una autobiografía incompleta porque la escribió unos treinta años antes de morir. También porque no se sabe si su patología, que yo llamaría un complejo de macho imposible de superar con su mentalidad retorcida, llegó a desaparecer. Es probable que no, ya que justo después de escribir este libro, se divorció de su mujer. Como contrapartida, tengo que decir que me gusta la complejidad de Anthony Quinn. Pese a que no la comprenda.

 

Kate de William J. Mann

Kate  No es esta una biografía que precisamente ensalce la figura de Katharine Hepburn. Ni como actriz ni como persona. El autor lo advierte en el prólogo: no es un fan de la actriz ni tampoco fue su amigo. Es solo un “reportero e historiador cultural”. Como reportero, su labor en esta historia es desmitificar a Katharine Hepburn, convertirla en un ser humano egoísta, mentiroso y que vivió mostrando una doble cara durante toda su vida. Como historiador cultural, imagino que su intención es la de demostrar que todo el entorno de Hepburn, incluidos Spencer Tracy y la propia actriz, era homosexual. Algo tan absurdo como considerar que todo el mundo es heterosexual.

Yo tampoco soy fan, ni amiga, ni reportera ni “historiadora cultural”. Solo sentía curiosidad. Pero hasta cierto punto. Me importa un bledo con quién se acostaba Katharine Hepburn y todos los juicios de valor que emite William J. Mann sobran, sobre todo, cuando se basan en testimonios de fuentes sin nombre y del tipo “un amigo con conocimiento sobre el tema”.

Pero no todo ha sido malo. Descubrí una polilla. La de James Thurber. Ese animal siempre ronda por mis relatos sin terminar y siento curiosidad por saber cómo es su enfoque. Pronto sabré más.

Groucho y yo de Groucho Marx

Groucho y yoNo soy de carcajada fácil cuando veo la televisión (ni cuando voy al cine). Sonrío, sí, pero no muchos consiguen que me doble de la risa. Shin-chan siempre me ha hecho reír (el manga más que el anime). Su humor chabacano y fácil hace que me desternille. Algún capítulo de la primera temporada de Friends también. La escena de Two Much en la que Antonio Banderas tiene que entretener a Melanie Griffith y a Daryl Hannah a la vez es otra más. Y en esa de Ocean´s Twelve en la que Julia Roberts se hace pasar por ella misma ante Bruce Willis también solté unas cuantas carcajadas en la sala.

Vi Una noche en la ópera hace algunos años y aguanté la cara de crítico… hasta la famosa escena del camarote. Perdón por la ordinariez, pero me descojonaba. No literalmente porque eso no es posible, pero fue ese tipo de risa que no olvidas nunca. Espontánea, sana, liberadora, enriquecedora y agradecida. Desde entonces a los Hermanos Marx también los miro con los ojillos achinados llenos de ternura. Y la curiosidad hizo que comprara Groucho y yo.

Yo esperaba una autobiografía al uso pero debería haber sabido que un cómico tiene la capacidad de salirse por la tangente aunque le haya nacido un editor en el cogote. Por tanto, sí, Groucho habla de su infancia, de sus inicios en las variedades, del cine, de la radio y de la televisión, pero no cuenta nada que no quiera contar. Los vacíos los llena con cientos de anécdotas protagonizadas por él junto a personajes bajo seudónimo (todos se llaman Delaney), a sus hermanos y a actores de Hollywood.

Groucho y yo no ha hecho que suelte la carcajada, pero me ha reconfortado. Cuando lo que está fuera de los libros es hipócrita y falso, siempre reconforta leer a un cómico con sentido, del humor y común, y con conciencia: de sí mismo, me encanta como se fustiga, y de los demás.

[…] Cuando una pareja de mediana edad se acercó y empezó a dar vueltas a mi alrededor. Pasaron ante mí dos o tres veces, examinándome como si yo fuese un extraterrestre. Finalmente, la señora, vacilante, se acercó y me preguntó: -Es usted, ¿verdad? ¿Es usted Groucho?
Asentí con la cabeza.
Entonces ella me tocó tímidamente en el brazo y dijo:
-Por favor, no se muera. Siga viviendo siempre.
¿Quién podría pedir más?

Fragmentos de Marilyn Monroe

  Cuando Marilyn Monroe murió dejó la mayoría de sus posesiones personales a Lee Strasberg. Cuando éste también falleció, veinte años después, su viuda, Anna, los encontró en una caja. Entre ellos estaban todas las notas, los apuntes, los pensamientos, los dibujos y las recetas que aparecen en este libro.

El objeto de sacarlos a la luz, imagino, es demostrar una vez más que Marilyn Monroe no era la rubia vacía que interpretaba en muchas de sus películas, sino una mujer culta, con inquietudes, algo poetisa, preocupada por sus dotes de interpretación, por el paso del tiempo, por el amor, por el engaño y por la manipulación. Es decir, que de tonta no tenía nada.

A mí no me sorprende que Marilyn luchara por respirar con el corsé apretado al máximo y me parece encomiable que sus amigos hayan querido continuar con esa lucha después de su muerte, pero no sé hasta qué punto una nota escrita en un momento muy concreto de su vida sea tan transcendente como pretenden hacernos creer. Pongo un ejemplo: imaginad que sois una actriz, que estáis al teléfono quedando con alguien para cenar. De repente, mientras dibujáis caritas, recordáis una decepción que tuvisteis hace unos meses con un amigo y, mientras esperáis a que ese alguien termine de mirar su agenda, escribís unos versos sobre el tema. Jamás volveréis a recordarlo y, sin embargo, años después de vuestra muerte, ese poemita quedará publicado en un libro como reflejo de vuestra personalidad. El ejemplo es exagerado pero ilustra muy bien lo que quiero decir.

¿Eso significa que todo lo que está publicado en este libro no es válido? No, pero tampoco lo es todo. Además, es íntimo. Sé que estamos acostumbrados a desvalijar cadáveres pero no sé si a ella le hubiera gustado tanta exposición. Desde luego, a mí no.

CSI: Marilyn (Caso abierto) de José Cabrera

  Este libro debería ir en la categoría de Ciencia. Pero como me ha producido tan mala impresión, me niego a considerar un texto así como científico. Además me voy a pasar por el forro la parte del manual de la buena crítica que dice que cuando se habla de un libro hay que aportar argumentos negativos y positivos. Solo tiene algo bueno y son las fotos.

En primer lugar, el texto está sin corregir (o al menos eso espero porque si alguien ha hecho una corrección no entiendo por qué estoy en el paro). Hay errores de todo tipo: de expresión, de estilo, de redacción… Faltas de ortografía no he visto, pero sospecho que es porque Cabrera no las comete. De lo que sí estoy convencida es de que el texto pasó directamente de las manos del autor a la imprenta.

En segundo lugar, el autor emite juicios que un médico forense no tiene por qué emitir si no ha tratado directamente al paciente. Si se trata de Marilyn Monroe, no hace falta tener mucha imaginación para enumerarlos: una persona inestable, con trastorno límite de la personalidad, alcohólica, adicta a varios medicamentos y perdida en el mundo porque no creía en Dios. Todo es discutible hasta el tema religioso, que estoy convencida (otra vez) que no influyó en absoluto en la muerte de la actriz.

En tercer lugar, al margen de soltar una conferencia sobre medicina forense, el libro no aporta absolutamente nada nuevo que no hayamos leído ya. Habla de la autopsia de Marilyn, de las irregularidades que se cometieron y no se moja ni un pelo al dar su opinión sobre la causa de la muerte. ¿Entonces cuál es el objetivo de escribir un libro así? ¿El oportunismo? Está todo tan mal hecho y tan mal cuidado que Cabrera ha incluido el informe que el FBI desclasificó hace poco pero ni siquiera se ha molestado en dar una traducción.

Algún día aprenderé…