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Mi vida querida de Alice Munro

Mi vida queridaHe estado a punto de pasar de escribir sobre Mi vida querida. Primero, porque no tengo nada interesante que decir salvo lo que probablemente todo el que lea un poco ya sabe: que Alice Munro ganó el último Nobel de Literatura, que suele escribir relatos y que Mi vida querida es un conjunto de ellos.

Segundo, porque carezco de argumentos literarios para explicar por qué un premio así me parece excesivo. Es lo de siempre, el Nobel crea una expectativa en mí que no se ha satisfecho una vez leídos los relatos y la única explicación que tengo es la de “soy incapaz de sacar a Munro de un montón de escritores para darle un premio así”.  No digo que sea mala escritora. No digo que lo que cuente no emocione al lector “mostrando hasta qué punto esa vida cotidiana que tanto nos cansa puede llegar a ser extraordinaria”. No digo que Munro no sea fuera de lo normal en sus textos extraordinarios. Solo digo que a mí no me llega. Porque quizá no sea el momento. Porque no soy lectora de relatos. Porque quizá me falte madurar. Porque quizá no sea para tanto… Quién sabe.

Tercero y último, porque empiezo a cansarme de la misma disyuntiva de siempre. Si no soy capaz de encontrar las respuestas a mis preguntas, a veces me gustaría que, al menos, no aumentaran las dudas. No las de este tipo. Me siento un poco estafada cuando me aburro leyendo a un Nobel. Por muy estúpido que suene es así.

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Un brindis por Ava Gardner de Robert Graves

Un brindis por Ava Gardner  (La portada de este bolsillo es descorazonadora. La imagen forma parte de un cuadro, que debe de ser Deyá, en Mallorca, enfocado. La tipografía es vulgar, la sombra del título es cutre y con el color del nombre del autor, amarillo casi canario, el responsable podría haberse pintado… la nariz, por ejemplo. Afortunadamente, la primera edición no tenía nada que ver.)

Un brindis por Ava Gardner es un libro de relatos escritos por Robert Graves entre los años 1926 y 1969 y está dividido en tres grandes bloques: los ingleses, de los que destaco El grito por lo bien escrito que está, los romanos, todos lecciones de la historia antigua de Roma, y los mallorquines, escritos presumiblemente en las largas épocas de su vida que pasó en la isla balear, en concreto en el municipio de Deyá. De estos últimos hay algo que me ha llamado mucho la atención, además de la buena traducción al español, y es lo que explica Enrique Vila-Matas en la contraportada (y que yo no podría haber explicado mejor):

El relato balear más notable se titula Tomó tierra ayer, una obra maestra que debería figurar entre los mejores cuentos de la literatura española contemporánea. Y digo esto porque leyendo a Graves uno acaba sospechando si no era él ese falso extranjero del que nos habló Canetti: alguien que se juró vivir en su propio país disfrazado de forastero hasta que le reconocieran.

Dicho de un modo más vulgar, nos caló hasta lo profundo. Una muestra para el que sea incrédulo, del mismo relato mencionado por Vila-Matas:

La afición española al terciopelo negro -comentó el maestro sentenciosamente, contemplando el traje cortesano del conde- se interpreta a menudo como el reflejo del lado triste de nuestro carácter nacional. Esto es un error. Nuestros antecesores se vanagloriaban de la planta del añil, la única capaz de proporcionar un tinte negro que contrastara con la brillante blancura de sus puños y sus gorgueras de algodón. Guillermo obró acertadamente al elegir estos lirios y estas rosas para establecer un contraste. Los momentos más negros de la vida de nuestro amigo siempre se avivaban con destellos del más puro blanco.

Primera nieve en el monte Fuji de Yasunari Kawabata

Primera nieve en el monte Fuji  Primera nieve en el monte Fuji es un conjunto de relatos publicados después del primer éxito de Kawabata, tras la guerra, y antes de haber escrito las novelas por las que es más conocido en Occidente. Son diez y los voy a nombrar todos simplemente por facilitar la búsqueda: En aquel país, en este país, Una hilera de ginkgo, Con naturalidad, Gotas de lluvia, El crisantemo en la roca, Primera nieve en el monte Fuji, Sin palabras, Lo que su esposo no hacía, Un pueblo llamado Yumiura y Las muchachas del bote.

Dicen que lo que diferencia un cuento de un relato es que el primero tiene una estructura más estricta y clásica y que el segundo es producto de la “inspiración inmediata”, lo que le libra de la regla de introducción, nudo y desenlace. Lo mismo se podría decir si fuera al revés, pero en este caso la idea me sirve para hablar de los relatos de Kawabata: salvo el último, el de Las muchachas del bote, que es una pieza de teatro kabuki ambientada en la guerra entre los Heike y los Genji, el resto terminan difuminados en algo que se podría considerar poesía.

En la mayoría hay sensualidad, deseo, infidelidad reprimida y expuesta, desinhibición, silencios, melancolía y algo de humor. Sin embargo, El crisantemo en la roca es diferente. Sus elementos formales son más propios del periodismo que del relato. En él, Kawabata habla de las stupa antiguas de piedra o túmulos funerarios que contenían reliquias y de que “el sentido estético de la persona enterrada asume la forma de la piedra de su tumba”. Tras una disertación muy extensa sobre las piedras, los que mueren y su simbolismo, termina con un canto a la naturaleza y una declaración de intenciones.

Quizá sea hilar muy fino, pero me gustaría proponer un ejercicio. Primero, leer estos relatos. Segundo, leer el último párrafo antes del epígrafe Artistic Career de la Wikipedia. Tercero, pensar en dobles significados. Cuarto, contestar a la pregunta evidente. Yo no lo tengo claro pero si esto fuera una investigación policial, estos relatos quizá serían indicios (y quizá sin contexto).

El valle de las sombras de Jerónimo Tristante

Lo mejor de haber leído esta novela es que, cuando alzaba la vista, a lo lejos, veía el Valle de los Caídos, lugar en el que se desarrollan todos los hechos. Me sentía como esos escritores de relatos viajeros que, para empaparse del contexto, se sientan en un banco enfrente de cualquier monumento a leer lo que otros antes que ellos habían escrito tras pasar por allí.

Lo bueno de esta novela es que Tristante no se mete en política. Pese a que los dos protagonistas son militares y a que ambos lucharon en bandos distintos en la guerra civil, los presenta como a hombres destrozados por las circunstancias, lo que impide que el lector defienda al más cercano a sus ideas políticas.

Lo malo de esta novela es que lo único negro que tiene es lo que ocurrió en Cuelgamuros. Los caídos no fueron solo los de la guerra sino los que murieron allí picando piedra. Pero la trama es pobre y solo una excusa para todo lo demás.

Lo peor de haber leído esta novela es que hace que me pregunte qué es lo que pasa por la mente de los editores antes de publicar este tipo de relatos. No por su temática, sino por su calidad, claro. Y no es la primera del autor, lo que también hace que me pregunte cómo serán las demás. Y, por último, me pregunto si no seré demasiado dura con el resultado de una tarea que sé lo que cuesta emprender y terminar.