Todas las entradas por Yoake

Figuraciones mías de Fernando Savater

I.

Tal es, precisamente, la función de los clásicos en literatura. ¿Les admiramos porque sabemos que es de buen tono cultural? Yo creo que lo más admirable en ellos es que hayan sabido ganarse la admiración de tantos a los largo de siglos. Porque lo importante -la savia de cualquier arte que quiere producir algo más que simple agrado- es la duradera admiración humana: cuenta más nuestra capacidad de admirar que los criterios con que se discierne (y a veces pretende codificarse) lo admirable.

II.

Pero también que las personas normales no aspiran al Reino de los Cielos ni a la perfección semejante a él sobre la tierra, sino a mejorar su condición de forma gradual y eficiente. Existe en la mayoría de las personas (…) una decencia común y corriente que consiste, según la glosa de Bruce Bégout, “en la facultad instintiva de percibir el bien y el mal, frente a cualquier forma de deducción trascendental a partir de un principio”. Es lo que hace que, más allá de izquierdas y derechas, existan buenas personas en los dos campos o a caballo entre ambos. En cuanto prevalecen, el mundo mejora. Por cierto, siguiendo esta vena de benevolencia utopista, Orwell descubrió cuando estuvo en Cataluña durante la guerra civil que los españoles tenemos una dosis de decencia innata, tonificada por un anarquismo omnipresente, más alta de lo normal y gracias a la cual nos salvaremos de los peores males…

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Cuentos rebeldes de Francis Scott Fitzgerald

I.

Y, entonces, cuando había empezado a pensar que, después de todo, la vida apenas merecía la pena, encontré algo -sus ojos se dirigieron exultantes al cielo-. ¡Encontré algo! -Carlyle aguardó y las palabras llegaron como un torrente-. La valentía: simplemente eso. El coraje como norma de vida y algo a lo que ajustarse siempre. Empecé a levantar esa enorme fe en mí misma. Empecé a ver que lo que inconscientemente me había atraído de todos mis ídolos del pasado había sido alguna manifestación de valentía.

(…) La valentía significa para mí sumergirme en esa neblina descolorida y gris que se cierne sobre la vida no solo haciendo caso omiso de la gente y las circunstancias, sino ignorando el desconsuelo de vivir: una especie de insistencia en el valor de la vida y el valor de las cosas transitorias.

(…) Mi valentía es fe: fe en mi infinita capacidad de recuperación, fe en que la alegría volverá, y también la esperanza y la espontaneidad. Y siento que hasta que sea así tengo que mantener la boca cerrada, la frente bien alta y los ojos abiertos, sin necesidad de tontas sonrisas. He descendido a menudo al infierno sin lloriquear… y el infierno de las mujeres es más terrible que el de los hombres.

El pirata de la costa (1920)

II.

Con el despertar de sus emociones, su primera sensación fue un sentimiento de futilidad, un dolor sordo ante la profunda grisura de su vida. Un muro se había alzado súbitamente a su alrededor, encerrándole dentro, un muro tan firme y tangible como la pared blanca de su cuarto desnudo. Y con la percepción de ese muro, todo lo que había constituido la fantasía de su existencia (la informalidad, la alegre despreocupación, la milagrosa prodigalidad de la vida) se desvaneció.

El Gominola (1922)

III.

El presente era lo que contaba: trabajo que hacer y alguien a quien amar. Pero sin amar demasiado, porque sabía el daño que puede hacerle un padre a una hija o a una madre si tiende lazos emocionales demasiado estrechos: más adelante, al enfrentarse al mundo, la criatura buscará en la pareja con la que se case la misma ternura ciega y, como con toda probabilidad fracasará en el intento, se volverá contra el amor y la vida.

Retorno a Babilonia (1931)

If Beale Street Could Talk de James Baldwin

Those were great days and we were always very happy – but that was because of our father, not because of the city. It was because we knew our father loved us. Now, I can say, because I certainly know it now, the city didn´t. They looked at us though we were zebras – and, you know, some people like zebras and some people don´t. But nobody ever asks the zebra.

The Cruellest Month de Louise Penny

She knew that kindness kills. All her life she´d suspected this and so she´d only ever been cold and cruel. She´d faced kindness with cutting remarks. She´d curled her lips at smiling faces. She´d twisted every thoughtful, considerate act into an assault. Everyone who was nice to her, who was compassionate and loving, she rebuffed.

Because she´d loved them. Loved them with all her heart, and wouldn´t see them hurt. Because she´d known all her life that the surest way to hurt someone, to main and cripple them, was to be kind. If people were exposed, they die. Best to teach them to be armored, even if it meant she herself was forever alone. Sealed off from human touch.

Braving the Wilderness de Brené Brown

I.

True belonging is the spiritual practice of believing in and belonging to yourself so deeply that you can share your most authentic self with the world and find sacredness in both being a part of something and standing alone in the wilderness. True belonging doesn´t require you to change who you are; it requires you to be who you are.

II.

Acting culture can be brutal. The notes can simply say, “Not attractive enough. Too old. Too dark-skinned. Not skinny enough.” They tell you to develop a thick skin so things don´t get to you. What they don´t tell you is that your thick skin will keep everything from getting out, too. Love, intimacy, vulnerability.

I don´t want that. Thick skin doesn´t work anymore. I want to be transparent and translucent. For that to work, I won´t own other people´s shortcomings and criticisms. I won´t put what you about me on my load.

Viola Davis

III.

Stop walking through the world looking for confirmation that you don`t belong. You will always find it because you´ve made that your mission. Stop scouring people´s faces for evidence that you´re not enough. You will always find it because you´ve made that your goal. True belonging and self-worth are not goods; we don´t negotiate their value with the world. The truth about who we are lives in our hearts. Our call to courage is to protect our wild heart against constant evaluation, especially our own. No one belongs here more than you.

La mujer singular y la ciudad de Vivian Gornick

I.

El escritor romano del siglo III Cayo comprendió que el origen de sus numerosas dificultades en el ámbito de la amistad radicaba en su incapacidad de sentirse en paz consigo mismo. “Ningún hombre tiene derecho a esperar la amistad de los demás”, escribió, “si no es amigo de sí mismo. Éste es el primer y principal deber de los hombres, ser amigos de sí mismos. Hay miles de personas que no sólo son hostiles consigo mismas, sino que frustran las mejores intenciones de los demás de servirles; y, aun así, ésos son los que más suelen quejarse de que “en este mundo no existe tal cosa como la amistad”.

II.

Conforme fueron pasando los años, comprobé que el amor romántico estaba inyectado como un tinte en el sistema nervioso de mis emociones, entrelazado a conciencia en el tejido del deseo, la fantasía y el sentimiento. Atormentaba a la psique, era un dolor de huesos; se incrustaba con tal profundidad en la naturaleza del espíritu que hacía daño a la vista contemplar sus enormes consecuencias. Sería un motivo de sufrimiento y conflicto durante el resto de mi vida. Atesoro mi corazón endurecido -durante todos estos años siempre lo he atesorado-, pero la pérdida del amor romántico todavía puede desgarrarlo.

III.

“Todos los hombres en soledad son sinceros”, decía Ralph Waldo Emerson. “En cuanto entra en escena un segundo, comienza la hipocresía […]. Un amigo, por lo tanto, es una especie de paradoja de la naturaleza.”

IV.

Empecé a darme cuenta de lo que todo el mundo sabe y olvida sistemáticamente: que ser amado sexualmente es ser amado no por el yo real, sino por la capacidad de despertar el deseo en el otro. Era un hecho que el poder conferido al yo que Manny deseaba duraría poco. Sólo los pensamientos de la mente o las intuiciones del espíritu pueden atraer para siempre, y ésos, Manny no los amaba. No los odiaba, pero tampoco los amaba. No le resultaban necesarios. En última instancia, aquella conexión de los sentidos significaba que tendría que encerrarme en mí misma hasta un grado intolerable, que me sentiría tan vulnerable que muy pronto me ahogaría en mi propia inseguridad.

 

Negroland de Margo Jefferson

I.

So much melancholy, I think, reading these pages. But why choose that word instead of “depression”? “Depression” has gone flat from so much use. I mistrust “depression” because it´s too easy (for me, anyway) to forget the rage, even petulance, inside it. “Melancholy” is prettier than “depression”; it connotes a kind of nocturnal grace. Makes one feel more innocently beleaguered.

II.

“The human psyche is pathetic,” I say -I declaim- to my psychopharmacologist.
“It´s what we have, Miss Jefferson,” he replies, “it´s what we have.”
And what I have is what I take to my psychotherapist each week. What I have is what we make together, each supplying the material she knows best.
There are days when I still want to dismantle this constructed self of mine. You did it so badly, I think. You lost so much time. And then I tell myself, so what?
So what?
Go on.