Archivo de la categoría: Policíaca

Hollywood Station de Joseph Wambaugh

Hollywood StationJames Ellroy es mi referente. Joseph Wambaugh es el de Ellroy. Si después de Hollywood Station, Wambaugh también se hubiera convertido en el mío, se habría alcanzado el silogismo perfecto… Sin embargo, la perfección no existe.

Y eso que la novela es impecable. Tanto como lo puede ser un informe presentado al final de un turno por el mejor policía de Los Ángeles. O si libra, por dos surferos, o por un policía obsesionado con las películas de Hollywood, o por una mujer con los pechos rebosantes de leche. Anécdotas, críticas a la presión sufrida por el departamento después de escándalos de corrupción y unos malos metanfetamínicos y otros mafiosos cierran el círculo.

Pero no quiero repetir. No si es Wambaugh de ficción. Uno de los motivos por los que me gusta tanto Ellroy es porque todo lo que escribe no solo se lee, sino que se siente, se huele y hasta se oye. Su sangre hierve y la mía también. La de Wambaugh no. Por eso no somos compatibles.

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La niebla herida de Joaquín M. Barrero

La niebla heridaYa no puedo fingir que es la primera novela de Joaquín M. Barrero que leo, lo que significa que ha llegado el momento de que el “resto de consideraciones” de las que hablaba cuando escribí sobre El tiempo escondido aparezcan.

Para facilitarme las cosas, voy a copiar un fragmento de lo que escribí. En cursiva lo antiguo y en letra normal lo novedoso…

La primera tiene que ver con el barrio de la Arganzuela de Madrid, barrio en el que se crió Barrero. También en el que yo crecí. En La niebla herida es un personaje más, sobre todo la zona que va desde la plaza de Legazpi hasta el Paseo de Yeserías. El matadero municipal, por ejemplo, ahora centro cultural, en mi niñez era un parque más o menos apañado al que los jóvenes íbamos a darnos el lote.

Como se puede comprobar, salvo el título no hay nada nuevo. Yo no diría que son dos novelas iguales, pero sí muy parecidas. La segunda es como un eco de la primera: el mismo detective, la misma zona de Madrid, la misma época histórica. Venezuela sustituye a Asturias y unos niños asesinados a los cadáveres de la iglesia. Esta vez no se intercalan pasajes del pasado y del presente sino que la historia se narra en orden cronológico, pero aun así todo resuena. Y no es que esté tan mal, porque los dos niños son entrañables y su historia muy triste, pero hay que ser honesto.

Y por si todo esto no fuera suficiente, hay algo más. Las lecciones de historia que en El tiempo escondido resultan entretenidas, en La niebla herida empiezan a resultar descaradas y metidas con calzador. La didáctica en una novela está muy bien, siempre y cuando no subestime al lector. Creo que hay que dejarle siempre la opción de que él investigue por su cuenta si algo le interesa y no contarle la historia del mundo desde que el universo era una gran bola de fuego.

El tiempo escondido de Joaquín M. Barrero

El tiempo escondido  Para escribir sobre El tiempo escondido voy a fingir que es la primera novela que he leído de Joaquín M. Barrero y que lo he hecho por primera vez. De ese modo evitaré tener que hablar sobre lo malo de repetirse en todo lo que uno escribe, funcione o no.

Este autor, que empezó a publicar cuando tenía más de sesenta años, tiene dos cualidades tan positivas para mí que están por encima de cualquier otra consideración literaria. La primera tiene que ver con el barrio de la Arganzuela de Madrid, barrio en el que se crió Barrero. También en el que yo crecí. En El tiempo escondido es un personaje más, sobre todo la zona que va desde la plaza de Legazpi hasta el Paseo de Yeserías. El matadero municipal, por ejemplo, ahora centro cultural, en mi niñez era un parque más o menos apañado al que los jóvenes íbamos a darnos el lote. En la de Barrero era lo que su nombre indica, el edificio de la carne. Cuando yo era niña patearse la calle era un modo de divertirse, así que, como el autor, yo también conozco cada esquina de la Arganzuela. Leer una novela en la que los lugares descritos son como tu casa es al mismo tiempo extraño y reconfortante.

La segunda es la sobresaliente capacidad narrativa de Barrero. Cuenta historias de la guerra y de la posguerra utilizando un señuelo en forma de detective del siglo XX (que se llama Corazón) al que piden que investigue la aparición de dos esqueletos en una iglesia asturiana. Siempre me han gustado las historias de la guerra. Probablemente porque he oído pocas. Mi abuela materna contaba una de una gallina que ponía huevos de oro en su pueblo de cuya veracidad dudo. Mi abuela paterna se subía a los tejados de las casas de Madrid para ver cómo “peleaban” los aviones. Pero esto solo lo sé de oídas porque cuando yo nací ella ya había fallecido. El resto es mutismo. Supongo que porque duele recordar lo que otros rememoraban. Por segunda vez, las historias de Barrero me hacen sentir como en casa. Y se lo agradezco.

El resto de consideraciones las guardo para otras novelas.

Hanshichi de Okamoto Kidou

Hanshichi  Cosas que todo el mundo sabe de Hanshichi porque las reseñas se han encargado de mencionarlo una y otra vez: que Hanshichi es un detective en el Japón de los samurais (ésta es fácil porque lo pone en la portada), que su autor creó sus aventuras después de leer una historia de Sherlock Holmes en 1916 y quedar impresionado, que el nombre del detective se escribe en japonés con dos signos y con siete trazos (shichi) y que “permanecerá siempre como uno de los más famosos dentro de la literatura popular japonesa, símbolo pionero del detective pre-moderno, sin haber perdido aún ese aroma todavía feudal en sus aventuras, rodeado de fantasmas, artesanos, pequeños comerciantes, cortesanas y samurais”.

Cosas que no todos saben de Hanshichi porque no todas las reseñas lo mencionan: que las aventuras del detective transcurridas en la antigua Tokio (Edo) han sido traducidas directamente del japonés por primera vez, que cuenta con muchas notas explicativas y con los títulos de los capítulos (también) en japonés, que la editorial, Quaterni, se dedica exclusivamente a literatura japonesa, que muchos de los libros de su catálogo aparecen por primera vez en español y que, pese a algunos errores tipográficos, la edición es muy buena.

Cosas que quizá no muchos sepan porque quizá no muchos reseñadores se atreven a decir realmente lo que piensan (coincida o no con lo que yo pienso): que, en general, las aventuras de Hanshichi me han aburrido, que no es la primera vez que me pasa con la novela policíaca japonesa, que no termina de cuadrarme, que la comparación con Sherlock Holmes no le favorece porque lo bueno de un detective es su razón, no su intuición y que la ausencia de explicación a la resolución de los casos es un error grave por muy adornado con fantasmas, artesanos, pequeños comerciantes, cortesanas y samurais que esté el resto.

The Lighthouse de P. D. James

The Lighthouse  Antecedentes categóricos:

1. No soy una gran lectora de novela policíaca. No la rehúyo pero tampoco la busco. El pedestal en el que tengo subido a Ellroy es tan alto que reconozco que me cuesta ampliar mis miras. Que todo el mundo lea novela negra últimamente tampoco me ayuda a discernir lo bueno de lo malo.

2. Es la primera vez que leo a P. D. James, lo que implica que no sabía nada de ella hasta hace cinco minutos.

3. He leído The Lighthouse en inglés, lo que una vez más implica que es muy probable que me haya perdido más de la mitad de los detalles y muchos aspectos (ricos) del lenguaje.

4.  Ha sido (o fue) una lectura obligatoria e imprescindible para poder presentarme a un examen al que finalmente no acudí. Empecé con ella y la abandoné durante meses. Lo que leí al retomarla me gustó mucho más que lo que leí cuando era obligatorio hacerlo.

5. Espero que todo lo anterior disculpe mi ignorancia a la hora de emitir un juicio.

Dicho esto, The Lighthouse es una novela que claramente puede dividirse en dos partes: el estudio exhaustivo de los personajes que pueblan la isla donde está el faro antes del crimen y la introducción de los tres personajes policías y el desarrollo de la investigación después de él. Si se tiene en cuenta que muchas de las vidas que conocemos con detalle al principio, a mitad de la novela se diluyen en el agua del mar, me parece excesiva la descripción de pensamientos, antecedentes, estados de ánimo y comidas. Del mismo modo, considero un poco desorbitada la profusión de detalles de la vida de los policías. Eso sí, nadie puede acusar a P. D. James de crear personajes planos. Y a mí de no haber sido pedante al escribir esto.

Todo Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle

-Va a soplar viento del Este, Watson.

-A mí no me lo parece, Holmes. Hace mucho calor.

-¡El bueno de Watson! Es usted lo único inalterable en una época en la que todo cambia. Pero, aun así, va a soplar viento del Este, un viento como nunca se ha visto soplar en Inglaterra. Será un viento frío y crudo, Watson, y puede que muchos de nosotros nos apaguemos bajo su soplo. Pero, con todo, es Dios quien envía el viento, y cuando amaine la tormenta, el sol brillará sobre una tierra más limpia, mejor y más fuerte. Arranque, Watson, que ya es hora de que nos pongamos en marcha…

Así termina El último saludo de Sherlock Holmes. Y como su nombre indica, es la última aventura del detective más famoso de todos los tiempos. Sin embargo, mi intención no es llenar unas cuantas líneas de tópicos porque ya lo hicieron otros en su momento. Tampoco voy a desgranar los casos uno por uno ni a elucubrar sobre la homosexualidad de Holmes y Watson o sobre la misoginia del primero. También lo han hecho otros. La verdad es que no se puede decir nada de las aventuras de Sherlock Holmes que no se haya dicho ya en el cine, en la televisión o en la misma literatura. Así que optaré por lo personal.

Anoche cuando Holmes le dijo a Watson aquello de “es usted lo único inalterable en una época en la que todo cambia” me emocioné porque es exactamente lo que sus aventuras han significado para mí en los últimos meses: lo que no cambia, la ausencia de incertidumbre. La rutina produce seguridad y para mi mente confusa leer a Conan Doyle antes de dormir ha sido el mejor relajante. En el epílogo, el autor espera que los casos de Sherlock Holmes sirvan para entretener al lector. Pero un escritor debería saber que en el momento en el que alguien lee lo que ha escrito, pierde todo el poder sobre el manuscrito. Por eso, en esta época de incertidumbre, la mente analítica y segura de Holmes es lo mejor que me podría haber pasado y así lo recordaré siempre.

En cuanto a la edición de Cátedra, es la mejor que encontré. Incluye Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, Las aventuras de Sherlock Holmes, Las memorias de Sherlock Holmes, El sabueso de los Baskerville, El regreso de Sherlock Holmes, El valle del terror, El último saludo de Sherlock Holmes y El archivo de Sherlock Holmes. Además, introducción, notas, apéndices e índices de Jesús Urceloy. Es una joya.