Archivo de la categoría: Arqueología

Japón de Rossella Menegazzo

JapónLo regalaban con una revista de la que no recuerdo el nombre. Como creía que era la típica guía de viajes, lo he estado hojeando (sin h también) al menos durante cuatro años. Sin embargo, pretende instruir más que guiar. Está dividido en cuatro grandes bloques y en uno pequeño: Personajes, Poder y vida pública, Religión, Vida cotidiana y Mundo de los muertos. Pero solo desde el siglo VIII, la época de Nara, hasta el siglo XIX, el período de Edo. Cada capítulo está formado por una cita, un texto breve sobre el tema que trata, un faldón lateral con información contextual y multitud de imágenes de obras de arte explicadas. Solo le encuentro un fallo, se descoyunta.

Gracias a él he descubierto a Hasegawa Tohaku0021 - Hasegawa Tohaku (1539-1610) - Biombos con pinos entre niebla. Museo Nacional de Tokio.

 

 

 

El tigre sin huesos de HokusaiTiger in snow

 

 

 

 

 

Y el origen zen de los botones de la Playstation…

Sengai Gibon, Círculo triángulo cuadrado, siglo XVIII.
Sengai Gibon, Círculo triángulo cuadrado, siglo XVIII.

 

Ítaca, el Peloponeso, Troya de Heinrich Schliemann

Ítaca, el Peloponeso, TroyaAcabo de encontrarle un problema al libro electrónico: si te decepciona, no puedes venderlo, ni regalarlo, ni donarlo, solo puedes tirarlo a la “papelera” o cargar con él toda la vida…

Por otro lado, qué maravillosa debió de ser la vida de Heinrich Schliemann, con esa exagerada facilidad para aprender idiomas y con esa cantidad de dinero en el bolsillo… Eso sí, una cosa es descubrir el emplazamiento de Troya y otra es saber contarlo.

Ítaca, el Peloponeso, Troya es un ladrillo de barro sin masilla. El prólogo, por ejemplo, es más largo que un día sin pan. O mejor: eterno como La Ilíada. Cuando Schliemann empieza a hablar de sus viajes, de sus descubrimientos y de sus métodos, la cosa tampoco mejora. Muchas medidas, mucha condescendencia, muy poco rigor científico y mucha suposición. Pese a sus éxitos. Demasiado charlatán para mi gusto. Además, siempre me preguntaré qué habría sido de su prestigio de no haber descubierto Troya (y otros)…

Cleopatra de Joyce Tyldesley

Cleopatra  La imagen de Cleopatra VII que perdura entre nosotros es el resultado de una mezcla de intereses políticos, artísticos, religiosos y propagandísticos. El primer manipulador fue Octavio (Augusto):

 César, el padre adoptivo que le concedió a Octavio su derecho a gobernar, sería recordado con respeto como un hombre valiente y correcto que manipuló a una mujer extranjera e inmoral en su propio beneficio. En cambio, Antonio, el rival de Octavio, sería recordado con una mezcla de piedad y de desprecio, como un hombre valiente pero fatalmente débil, apresado sin remedio por las cadenas de una mujer extranjera e inmoral.

Extranjera e inmoral son la clave. Como dice la autora, era preferible para Octavio ser recordado como alguien que luchaba contra extranjeros que como un aniquilador de ciudadanos respetables (romanos). Los siguientes en la lista son los historiadores que incluyeron a la reina en sus estudios: Plutarco, para el que Cleopatra era una mujer manipuladora, Dión Casio, para el que además era fatal, y Flavio Josefo, para el que era antirromana y antijudía.

Cuando Egipto se aisló de Occidente, éste perdió a la Cleopatra “sabia, filósofa, experta en medicina, magia y cosmética”. Más tarde llegó Shakespeare, que lo acabó de liar todo, ya que por motivos que se desconocen algunos expertos consideraron (y consideran) sus obras como fuentes históricas y, en el siglo XX, el cine terminó de perfilar su imagen de mujer hermosa, erótica, manipuladora e inmoral.

Como siempre, lo que intenta Joyce Tyldesley a través de la biografía de Cleopatra VII es demostrar que no hay pruebas de que Cleopatra fuera lo que hoy entendemos por bella, que lo más probable es que su interés por los romanos poderosos, más que erótico, fuera político y dedicado a la supervivencia de Egipto, y que sus supuestas tretas manipuladoras e inmorales no eran mucho peores que las de los ciudadanos respetables (romanos, otra vez). Y como siempre, el espíritu divulgador de su obra, con estudios muy meticulosos sobre el arte ptolemaico y la figura de Cleopatra, es encomiable, aunque directamente proporcional al interés que la reina despierte en el lector. (En el mío no hay tanto como pensaba. Al parecer, cuanto más antigua sea la historia egipcia, más me atrae.)

Las Siete Maravillas del mundo antiguo de Kai Brodersen

Las Siete Maravillas del mundo antiguo  Las Siete Maravillas del mundo antiguo (helenístico) según historiadores, poetas y escritores clásicos (cuyos escritos Kai Brodersen ha utilizado como fuente) eran las siguientes: las pirámides de Egipto, las murallas de Babilonia, los jardines colgantes de Babilonia, la estatua de Zeus en Olimpia, el templo de Artemisa en Éfeso, el Mausoleo de Halicarnaso y el Coloso de Helios en Rodas. Esta lista jamás fue oficial. La inclusión o eliminación de ciertos monumentos dependía tanto de la religión del autor (los cristianos tendían a eliminar cualquier elemento pagano) como de sus fuentes de información (erróneas o directamente inventadas). Por ejemplo, las pirámides de Egipto, las únicas de los siete que se han conservado hasta hoy, fueron incluidas en listas posteriores al período helenístico como los graneros de José que almacenaban el trigo para alimentar a la población durante los siete años de escasez establecidos.

La anchura de las murallas de Babilonia era algo de concurso: a ver quién escribía la exageración más grande. De los jardines no se sabe nada, no hay rastros arqueológicos, y Brodersen sospecha que fueron un producto de la imaginación colectiva (y de Homero). La estatua de Zeus tiene leyenda de los dioses incluida, igual que el gran Coloso de Rodas, el templo de Artemisa se derrumbó pese a tener unos cimientos peculiares y el Mausoleo de Halicarnaso es un ejemplo para todos los cementerios posteriores. Todos estos datos y muchos más los expone Brodersen en este librito mucho más ordenado y documentado de lo que mi resumen plantea. Es una lección de historia excelente.

En el año 2007 una empresa privada realizó un concurso en el que votantes de todo el mundo decidieron cuáles serían las nuevas Siete Maravillas del mundo. La iniciativa no tuvo mucha acogida en ciertos sectores por su olor a campaña publicitaria y, por ejemplo, el gobierno egipcio se negó a que la pirámide de Ginza se incluyera en ella. Brodersen expone los motivos por los que las Siete Maravillas fueron consideradas precisamente, eso, maravillas, algo digno de ser visto. Uno de ellos era la grandiosidad. A continuación copiaré las siete del año 2007 y me preguntaré durante horas bajo qué criterios fueron escogidas (con o sin influencia de la decisión de la votación popular): Chichén Itzá de México, el Coliseo de Roma, la estatua Cristo Redentor en Brasil, la Gran Muralla China, Machu Picchu, Petra y el Taj Mahal. Volveré cuando termine de reflexionar sobre el tema.

Las egipcias de Christian Jacq

Las egipcias  En un municipio de la Comunidad de Madrid hay un centro de salud en el que se intercambian libros. Para ser más exacta, hay una librería en la que todo el que quiera puede dejar y coger cuantos libros quiera, sin carnet y sin tiempos de devolución. La libertad de la iniciativa me gustó tanto que, a través de un amigo, dejé unos quince y me llevé cuatro. Uno de ellos era Las egipcias de Christian Jacq.

La obra está dividida en cuatro partes: Mujeres en el poder, un repaso extenso por todas las faraones y consortes de la historia del Egipto antiguo, Mujeres enamoradas, esposas y madres, El trabajo de las mujeres e Iniciadas y sacerdotisas. La idea principal que Jacq quiere transmitir es que las mujeres egipcias disfrutaban de una libertad impensable para nosotros. Eran faraones, referentes espirituales, podían casarse o quedarse solteras sin ninguna presión de la sociedad y, en general, sus atribuciones eran muy similares a las de los hombres.

Ameno no es. O a mí no me lo ha parecido. A pesar de su carácter divulgativo, creo que Jacq se pierde demasiado en el lenguaje jeroglífico para explicar conceptos que serían mucho más fáciles de entender con un lenguaje más llano (como el de Tyldesley, por ejemplo). En definitiva, es como un tomo de una enciclopedia al que acudir si se necesitan datos o más información sobre las mujeres en Egipto. Tanto es así que si no hubiera sido por un capítulo dedicado a las plañideras, tema que me interesa muchísimo, mi ejemplar estaría de nuevo en esa librería del centro de salud.

La maldición de Tutankamón de Joyce Tyldesley

La maldición de Tutankamón   Joyce Tyldesley, además de doctora en Arqueología por la Universidad de Oxford y profesora de Egiptología de la Universidad de Manchester, es divulgadora científica. Desde 2004, los beneficios que obtiene de los libros de su editorial se destinan a financiar expediciones arqueológicas en Egipto. No es el caso de La maldición de Tutankamón, pero su bagaje cultural, su rigurosidad y la falta de ánimo de lucro aseguran a los profanos en Egiptología, como yo, que lo que están leyendo no es una pila de basura inventada con el único objetivo de vender libros. Además, con cierta ironía, con mucho sentido del humor y con más ánimo divulgativo convierte el jeroglífico Egipto antiguo (perdón por el adjetivo tan obvio) en una materia comprensible para el gran público en el que, de nuevo, estoy incluida.

La maldición de Tutankamón no es solo una narración de todos los hechos que acompañaron al descubrimiento de la tumba del joven faraón por Lord Carnarvon y Howard Carter en los años 20 y 30 del siglo pasado. Es también un desmentido minucioso de todas las supuestas maldiciones que albergaba la tumba. Un intento de enmarcar en un contexto histórico, social y literario la popularidad que adquirió Tutankamón: la Primera Guerra Mundial, los millones de jóvenes muertos, el deseo de comunicarse con los seres queridos desaparecidos. Otro intento de disculpar los “delitos” de la arqueología a principios de siglo enmarcándolos de nuevo dentro de su contexto. Finalmente, un conato valiente, aunque tal vez fallido por falta de pruebas científicas, de contar la historia de Tutankamón, empezando por sus abuelos y sus padres, pasando por su reinado y terminando por su peculiar entierro y por sus sustitutos. Una hipótesis.

Tyldesley ha ganado una adepta. No solo por todo lo que he mencionado anteriormente sino porque, al conseguir que entendiera sin problemas el siguiente párrafo, ha aumentado su mérito divulgador por mil:

Mucho más especulativa es la evolución subsiguiente hacia el final del reinado de Ajenatón, cuando Neferneferuatón Nefertiti desaparece, al uso de un prenomen y nomen del rey que permite a Neferneferuatón Nefertiti convertirse en la cogorbernante de Ajenatón, Anjjeperura Neferneferuatón (o en femenino, Anjetjeperura Neferneferuatón). Tras la muerte de Ajenatón, Anjjeperura Neferneferuatón gobierna sola entonces como Anjjeperura Semenjkara, promoviendo a su hija mayor Meritatón (ya casada con Semenejkara) al papel necesario de reina consorte. Cuando murió, fue sucedida por Tutankamón.