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Doctor Sueño de Stephen King

Doctor SueñoLo mejor que tiene Doctor Sueño es que proporciona algo de consuelo a los que sabemos que un final feliz no implica necesariamente un resto de la vida feliz. No es mucho, pero ya es algo para el Stephen King palomitero…

Dan ya no es el niño de El resplandor. Ahora es adulto. Alcohólico. Atormentado. Presenciamos su recuperación, la vuelta de su poder y el vínculo que le une a una niña poderosa llamada Abra. A la secta vaporosa contra la que luchan prefiero no mencionarla. Y no hay mucho más. Mucha referencia a hechos recientes, una campaña a favor de Alcohólicos Anónimos y poco más.

Después de haber hecho lo más difícil, es decir, tras darle fuerza al don que poseen Dan, Abra y algunos más poniéndole un nombre, no entiendo por qué Stephen King ha preferido darle coba a la secta en vez de aprovechar el filón del resplandor (con el doble sentido). Y en el fondo él tampoco debe de estar muy convencido cuando se ha visto obligado a explicar por qué lo ha hecho…

 

Joyland de Stephen King

Joyland  Stephen King siempre ha dicho que no logró escribir de sus amigos de la infancia hasta que les encontró un objetivo literario que a su vez le sirviera para presentarlos y desarrollarlos como personajes. Esa excusa fue la búsqueda del cadáver de un niño al que arrolló un tren mientras recogía arándanos. El resultado fue el mejor relato del escritor, titulado El cuerpo.

El pretexto de Joyland es doble. Por un lado, los cambios en la vida de un joven universitario que trabaja en un parque de atracciones para pagarse los estudios y, por otro, la investigación del asesinato en la Casa Embrujada del parque de una muchacha llamada Linda Gray . Stephen King dice que escribió la novela como homenaje a las publicaciones pulp-fiction que él leía cuando era un chaval. Yo creo que ahí se incluye la necesidad de convertir al parque de atracciones en protagonista. Estoy convencida de que simplemente le apetecía escribir sobre norias quejumbrosas, viejas montañas rusas y bombines ladeados.

Es de los pocos escritores que pueden permitirse publicar una historia con la seguridad de que no va a cumplir las expectativas. Es valiente y es libre. Mi deseo es que sus otros libros nunca dejen de venderse. Solo así podrá seguir contando esas historias llenas de polvo que me hacen tan feliz.

El cuerpo de Stephen King

 Me costó años encontrar esta novela corta. Y no es de extrañar porque su nombre, El cuerpo, no aparecía por ninguna parte. Ni siquiera lo hace en esta edición. Las cuatro estaciones está formado por cuatro relatos cortos que llevan el nombre de Primavera, Verano, Otoño e Invierno. El cuerpo es el tercero y, curiosamente, transcurre a finales de verano. Empieza así:

Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Son cosas de las que uno se avergüenza, porque las palabras las degradan. Al formular de manera verbal algo que mentalmente nos parecía ilimitado, lo reducimos a tamaño natural. Claro que eso no es todo, ¿verdad? Todo aquello que consideramos más importante está siempre demasiado cerca de nuestros sentimientos y deseos más recónditos, como marcas hacia un tesoro que los enemigos ansiaran robarnos. Y a veces hacemos revelaciones de este tipo y nos encontramos solo con la mirada extrañada de la gente que no entiende en absoluto lo que hemos contado, ni por qué nos puede parecer tan importante como para que casi se nos quiebre la voz al contarlo…

Tres y media de la tarde de un verano de los noventa. Sola. En la cadena autonómica emiten Cuenta conmigo. Cuatro amigos del pequeño pueblo de Castle Rock parten en busca del cuerpo de un chico que ha sido atropellado por un tren. Gordie, el futuro escritor con padres fantasma desde la muerte de su hermano mayor. Chris, el abogado de pleitos pobres maltratado por su padre. Teddy, otro chico maltratado por un padre que se ha vuelto loco tras volver de la guerra y Vern… Bueno, Vern es Vern. Su intención es obtener reconocimiento por haber encontrado el cuerpo pero no pueden imaginar qué sentirán al mirar a los ojos abiertos golpeados por el granizo del niño que tanto han buscado. La película termina con un Gordie adulto preguntándose si alguien ha logrado volver a tener la clase de amigos que se tiene a los trece años. Y ahí me rompí.

La época no era buena. Era esa en la que eres consciente de tus carencias pero no sabes cómo rellenar el hueco que dejan. Esa en la que echas de menos los trece años. Esa en la que todavía no has asumido las consecuencias de una decepción. En ese momento no te imaginas que cumplirás los treinta sin haberlo hecho. Simplemente te sientes vacío y añoras un amigo. Cuenta conmigo es la mejor adaptación de un libro de Stephen King que he visto. Su relato es también el mejor tratado de la amistad que he leído. Sin embargo, no me avergüenzo al reconocer que jamás volveré a tener amigos como los que tuve cuando era una niña. Pero sí se me quiebra la voz al contarlo. Porque es mi deseo más recóndito, mi anhelo, aunque pocos lo entiendan.

Cuánto parafrasear…

Rebecca de Daphne du Maurier

En la cubierta posterior de esta edición, Stephen King dice: “Un libro que todo aspirante a escritor de éxito debería leer”. Yo habría eliminado lo del éxito. Creo que es una novela que todo el mundo debería leer, y en particular, los escritores. Por varias razones.

El personaje principal que narra en primera persona no tiene nombre propio. Es la señora De Winter, y antes de eso, señorita de compañía de una estadounidense. Todos los demás personajes tienen nombre, hasta el perro, Jasper. Ella es dócil, débil e indecisa. Es una sombra, la de la gran Rebecca, antigua esposa de su ahora marido y totalmente opuesta a ella. Pese a estar muerta, su presencia se intuye hasta en las mentes de los animales y en la savia de las plantas.

Solo hay otro elemento en la novela que puede hacer frente a Rebecca: la gran mansión inglesa, Manderley. De hecho, se podría considerar que las dos forman una unidad. Porque ambas se transformaron cuando convivieron juntas. Porque las dos son los únicos elementos vivos de la novela. Y porque las dos se alían contra la pobre señora De Winter, cuya única virtud es la capacidad de dejarse llevar por su imaginación y recrear situaciones que jamás ocurrirán (o que nunca han sucedido).

La estructura narrativa de Rebecca es brillante. Es un puzzle que la autora nos regala solucionado y cuyas piezas encajan por contraposición. Y para rematar, el gran truco narrativo del principio que es el final. Para que la famosa frase “Anoche soñé que volvía a Manderley” se repita eternamente.

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El juego de Gerald de Stephen King

Nunca he abierto las tapas de este libro. Es una copia del original. El primero, el que yo leí, está en manos de una compañera de instituto. O quizás no. Puede que esté en manos de otra persona, en la basura, en una biblioteca o en una caja en un desván de unos padres hartos de que sus hijos no se lleven sus cosas cuando se van de casa.

Lo de compañera no es del todo exacto. Creo que no había hablado con ella más de dos palabras antes de prestarle el libro. Después, aumentaron a doscientas, pero todas triviales. Supongo que fui incapaz de decirle que no a una chica popular que desbordaba seguridad en sí misma. La situación, de producirse ahora, habría sido muy diferente. Sé que rebozarse en el barro del pasado no es bueno porque luego hay que frotarse tanto que la piel se agrieta, pero muchas veces imagino venganzas adolescentes. No al estilo de Carrie, ya que estoy con Stephen King, sino más del tipo de los superhéroes.

¿Y cómo una adolescente normal le presta un libro a una adolescente anormal? Cosas del boca a boca. La historia de una mujer que, mientras que hace el amor con su marido esposada a la cama, presencia como éste muere de un infarto era algo fascinante. Sobre todo porque se quedó esposada a la cama. No sé cuántos compañeros leyeron el libro ni si sintieron lo mismo que yo al hacerlo. A mí me atraía el pensamiento de la mujer esposada: su angustia, sus recuerdos, el mismo eclipse que en Dolores Claiborne, el tener a su marido muerto tan cerca y la gran incógnita: ¿lograría deshacerse de las esposas o moriría?

Eso es todo. Contagié el entusiasmo a mis amigos, ellos a otras personas y El juego de Gerald se convirtió en el libro de mis dieciséis. Después murió Kurt Cobain, todos olvidamos a Stephen King y yo me quedé sin mi libro. Nunca tuve el valor de pedírselo. Fin.

A veces las historias sin sentido tienen los finales que se merecen.