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Primera nieve en el monte Fuji de Yasunari Kawabata

Primera nieve en el monte Fuji  Primera nieve en el monte Fuji es un conjunto de relatos publicados después del primer éxito de Kawabata, tras la guerra, y antes de haber escrito las novelas por las que es más conocido en Occidente. Son diez y los voy a nombrar todos simplemente por facilitar la búsqueda: En aquel país, en este país, Una hilera de ginkgo, Con naturalidad, Gotas de lluvia, El crisantemo en la roca, Primera nieve en el monte Fuji, Sin palabras, Lo que su esposo no hacía, Un pueblo llamado Yumiura y Las muchachas del bote.

Dicen que lo que diferencia un cuento de un relato es que el primero tiene una estructura más estricta y clásica y que el segundo es producto de la “inspiración inmediata”, lo que le libra de la regla de introducción, nudo y desenlace. Lo mismo se podría decir si fuera al revés, pero en este caso la idea me sirve para hablar de los relatos de Kawabata: salvo el último, el de Las muchachas del bote, que es una pieza de teatro kabuki ambientada en la guerra entre los Heike y los Genji, el resto terminan difuminados en algo que se podría considerar poesía.

En la mayoría hay sensualidad, deseo, infidelidad reprimida y expuesta, desinhibición, silencios, melancolía y algo de humor. Sin embargo, El crisantemo en la roca es diferente. Sus elementos formales son más propios del periodismo que del relato. En él, Kawabata habla de las stupa antiguas de piedra o túmulos funerarios que contenían reliquias y de que “el sentido estético de la persona enterrada asume la forma de la piedra de su tumba”. Tras una disertación muy extensa sobre las piedras, los que mueren y su simbolismo, termina con un canto a la naturaleza y una declaración de intenciones.

Quizá sea hilar muy fino, pero me gustaría proponer un ejercicio. Primero, leer estos relatos. Segundo, leer el último párrafo antes del epígrafe Artistic Career de la Wikipedia. Tercero, pensar en dobles significados. Cuarto, contestar a la pregunta evidente. Yo no lo tengo claro pero si esto fuera una investigación policial, estos relatos quizá serían indicios (y quizá sin contexto).

La catedral del mar de Ildefonso Falcones

Vaya sorpresa…

El problema de leer un libro sobre el que te has creado expectativas es que así tienes más posibilidades de decepcionarte que con cualquier otra circunstancia. Yo pensaba que La catedral del mar era una novela sobre una de las construcciones del monumento más importante de la Edad Media. No una narración técnica, claro, pero sí algo con un poco de misterio, con masones, gárgolas y símbolos. No sé de dónde surgieron esas ideas (problablemente de la portada, como buena esclava que soy de ellas), pero sí tengo bastante claro que la culpa de que esta novela me haya aburrido como una ostra es en gran parte mía. No esperes nunca nada de ningún libro y no te decepcionará.

Al margen de mi incapacidad para valorar las novelas medievales, he leído muchas y llega un momento en el que todas me parecen iguales, hay algo en La catedral del mar que me irrita y que no tiene nada que ver con sentimientos de culpa: la manía de sobrecargar a los protagonistas de desgracias solamente para ilustrar acontecimientos históricos que una persona normal de cualquier época no podría sufrir ni en tres vidas. Revueltas, inquisición, muertes, peste, prostitución, infidelidades, guerra y muchos más. Y en todos ellos, el protagonista es lo que indica su nombre. Es ficción, lo sé, y los autores pueden tomarse ciertas libertades, pero a mí esa estrategia siempre me ha parecido forzada. Al menos espero que toda la historia que rezuma esté contrastada y basada en fuentes fidedignas. De no ser así, lo mejor de la novela se habría echado a perder.

¿Y la catedral? Es un simple testigo de lo que le ocurre al protagonista. Su vínculo con ella comienza en la infancia y, en diferentes etapas, se alarga hasta la ancianidad. Pero nada de masones, ni de gárgolas ni de símbolos. Solo mucho esfuerzo en trasladar las piedras, mucho dinero invertido y una inauguración. Nada de lo que yo había imaginado.