Archivo de la etiqueta: Himiko

Enésima crónica de un viaje a Japón (XIV)

Himiko Desde Madrid reservé un viaje desde Asakusa hasta Odaiba en el Himiko, el barco futurista que se ve en la imagen. Esta vez también fui caminando hasta el Sensoji (que me dijo muchas más cosas que la primera vez), compré taiyaki de nuevo, me despedí apropiadamente, descubrí una calle de Asakusa llena de fotografías de lo que creo que son actores cómicos y me monté en el barco en dirección a la isla artificial. Los conciertos fueron allí así que la tenía ya un poco vista, pero aun así quería pasear un poco más por la bahía. Sin embargo, no pude. Empezó a llover a mares justo cuando el barco atracó, lo que me encerró de nuevo en varios centros comerciales durante toda la mañana. Aproveché para hacer las últimas compras, algunas regalos muy importantes que no esperaba encontrar allí y volví al hotel en la Yurikamome. Lo cierto es que el último día fue bastante triste. Salvo el teatro, al que fui por la tarde, el resto lo recuerdo con bastante angustia. Por un lado, no quería irme. Por otro, las muchas horas de avión que tenía por delante me rondaron durante todo el día.

Himiko 2No voy a mentir. Los nervios por el viaje se antepusieron a cualquier pena que pudiera sentir. Mi deseo de que las horas en avión pasaran cuanto antes pudieron más que la tristeza por la despedida. Sin embargo, al decir adiós a la japonesa que me preparó el desayuno durante ocho días se me saltaron las lágrimas.

El vuelo hasta Helsinki fue un aburrimiento. Lo único que me entretuvo un poco fue que mi vecina se bebió cinco botellas de vino en menos de una hora. Después de intentar meterse en primera clase y de encerrarse en el baño, se la llevaron a la habitación de las azafatas. Al final del viaje volvió totalmente sobria, se comió su hamburguesa asignada y se quedó dormida. En Helsinki yo también me dormía por las esquinas. Me desperté un poco sobre Bruselas, cuando el avión empezó a saltar, pero el piloto enseguida nos tranquilizó. Por cierto, ¿os acordáis de los turistas del año nuevo? Pues también iban a Madrid. Son temerarios. Aterrizan sin cinturón, dormidos sobre los bolsos y se asustan mucho cuando el avión toca suelo. Mi jet lag a la vuelta fue duro. El día que escribí sobre el Fushimi Inari me quedé dormida poco después y en duermevela soñé que volvía a subir el monte. A veces creo que todavía no me he despertado del todo.