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Lluvia negra de Masuji Ibuse

El otro día, mientras escribía sobre Flores de verano, no podía dejar de pensar en Lluvia negra. Ambas novelas tratan sobre Hiroshima y sus autores son contemporáneos, pero a diferencia de Hara, Ibuse no fue testigo de la explosión de la bomba. Su historia se nutre de los testimonios de los supervivientes y, lo más importante, sí es una novela.

Su protagonista, Shigematsu, está preocupado por su sobrina Yasuko. Han concertado su matrimonio con un chico de buena familia pero la sombra de la “enfermedad de la radiación” planea sobre el enlace. Su sentimiento de culpa provoca que Shigematsu empiece a escribir un diario. Con él quiere despejar todas las dudas sobre la salud de Yasuko y, al mismo tiempo, ofrecer su testimonio de lo que ocurrió en aquellos días de agosto.

El ritmo de la novela es lo mejor. Alterna los duros pasajes de los recuerdos de Shigematsu con fragmentos de la vida que lleva mientras lo escribe. Además hay algo diferente en el sentido del humor de Ibuse y es el efecto contrario que produce: leer cómo Shigematsu finge ser sacerdote budista una y otra vez porque no hay nadie que se encargue de darle el adiós a los muertos tal y como quieren sus familiares, si es que viven, es todo menos gracioso.

Por último, si alguien se lo pregunta después de lo de Flores de verano, no, tampoco tiene nada de bello esta novela. Solo es más humana y cálida. No pasas frío cuando la lees.

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Flores de verano de Tamiki Hara

Tamiki Hara nació en Hiroshima a principios del siglo pasado. Muy interesado por la literatura, estudió en la universidad. Después se casó y, tras la muerte de su mujer de tuberculosis en 1944, regresó a su ciudad natal. El 6 de Agosto de 1945, sobrevivió.

Esta edición de Flores de verano incluye dos relatos más, De las ruinas y Preludio a la aniquilación, que conforman un todo: el antes, el durante y el después del ataque con bomba atómica a Hiroshima. Se publicó en 1947, pero durante muchos años fue una obra prohibida en Japón, sospecho que no tanto por su crudeza sino más por su crítica sibilina al gobierno y al ejército por su actuación en la Segunda Guerra Mundial. Hara intentó suicidarse en 1933, pero no lo consiguió. En 1951, deprimido por la guerra de Corea, se tiró a las vías del tren en Tokio.

Dice su contraportada: Con un lenguaje exento de florituras, durísimo, preciso y contundente, pero lleno de una hermosura casi poética… Que los publicistas me perdonen, pero no encuentro belleza ninguna en las palabras de Hara. En el preludio se muestra pausado, descriptivo, pero tras el resplandor, todo le sale a borbotones y sin orden. Es cierto que utiliza un lenguaje sencillo y crudo, pero también frío. Casi me siento culpable por decir esto, pero ser testigo de una tragedia no convierte al ser humano en escritor. No dudo que Hara fuera un gran poeta y tampoco estoy diciendo que su testimonio no sea valioso. Es solo que Flores de verano no es ni una cosa ni la otra.Es una novela. O un intento. Y le faltan todas las buenas cualidades que debe de tener una para ser de las buenas.

Para mí es un relato menor, pero es solo mi opinión. Lo que sí debería hacernos reflexionar es la manía que hay en Occidente de embutir en lo japonés la belleza. No hay nada hermoso en cuerpos calcinados, caras hinchadas, cenizas y destrucción. Nada.