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Crónica del asesino de reyes de Patrick Rothfuss (I y II)

He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.

Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mí.

Si he de ser sincera, este tipo de libros empiezan a darme miedo. El fragmento que he copiado es el reclamo y la creación de la expectativa. Al terminar El nombre del viento, la expectativa se mantiene en un noventa por ciento y el miedo en un veinte por ciento. Después de El temor de un hombre sabio, gracias a Tehlu, tanto la expectativa como el miedo quedan reducidos a niveles normales. Pero no las tiene todas consigo. Es muy posible que el tercero, el que se supone que es el último, cierre la historia de Kvothe. Pero también lo es que por motivos ajenos a todas las voluntades implicadas en el asunto haya un cuarto… o incluso un quinto. Ya ha pasado otras veces. Y eso es lo que me da miedo, que la historia quede reducida al tamaño de una aguja que haya que buscar en un pajar. Un pajar que, por cierto, ya es bastante amplio. Sin embargo, hasta el desenlace, otorgo mi confianza al autor.

Y eso que su historia no me gusta especialmente. Ese entusiasmo del que tanto hablo y que empieza a ser casi como mi nombre no aparece por ningún lado. Creo que el ritmo es anormalmente lento, que hay poco avance argumental cada muchas páginas, que otorgar tanto protagonismo a un solo personaje es arriesgado aunque valiente y que da demasiadas vueltas a los mismos temas, el del amor platónico Denna, por ejemplo, sin llegar a ninguna parte. Pese a todo, tiene dos características que me atraen mucho. La primera es la estructura de la obra: un señor que cuenta su historia a otro señor que, a su vez la acabará contando también. Historia que está formada por otras historias que provienen de otras y así hasta el infinito. No sé si Rothfuss lo ha hecho a propósito, pero que la narración se lleve a cabo en una posada y en un contexto medieval me parece un guiño muy inteligente a The Canterbury Tales de Geoffrey Chaucer. La segunda es una consecuencia de la primera. Estoy segura de que existen muchas más referencias literarias indirectas que se me han escapado. Creo que es porque la crónica de Rothfuss rezuma amor por la literatura en todas sus páginas. Y cuando cierras tapas se te queda pegado en los dedos, que después llevas a la boca, a los ojos, a la piel, a otros libros y al teclado. También se convierte en una historia sin fin.