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Diarios 1984-1989 de Sándor Márai

Diarios 1984-1989  Hubo un tiempo en el que Sándor Márai era para mí el hombre sabio que tenía respuestas para todo. Me atraían más sus diarios que sus novelas. Era uno de esos momentos que suelen darse cada cierto tiempo en la literatura actual. Una editorial se arriesga a traducir a un autor desconocido, tiene más éxito del esperado y en menos de dos años prácticamente toda la obra del escritor está en las librerías. Demasiada exposición. Aunque en mi caso y otra vez, más a las novelas que a los diarios.

Hace unas semanas, con intención de hablar aquí de ella, intenté releer La mujer justa. No lo conseguí. Decidí que mi recuerdo era más importante que una entrada en un blog. De algún modo se lo debía a Márai. La segunda opción fue releer sus diarios y empecé con el último, el que abarca los últimos seis años de su vida. Cuando terminé la primera vez me cabreé. No entendía cómo habían dejado morir solo a un hombre tan valioso. Con la típica inocencia de una aficionada, pensé que con once años yo podría haber estado a su lado, en San Diego, a miles de kilómetros. Esta vez ha sido diferente.

Antes de Gutenberg, el conocimiento en todas sus acepciones entrañaba un gran sacrificio, pues había que buscar incansablemente la materia que se deseaba aprender. En cambio, hoy en día la erudición ha dejado de representar un sacrificio; si uno no lo sabe todo acerca de lo que habla, es por simple pereza. La auténtica virtud reside en ofrecer algo nuevo y original a partir de estos conocimientos previos.

Empieza fuerte pero enseguida se desinfla. Muere su mujer. Fallece su hijo adoptivo con 46 años. Él es un anciano lúcido pero cansado. No tenía ganas de escribir. Apenas se movía. Estaba triste. Repite una y otra vez las palabras del delirio de su mujer: “qué lento muero”. Se compró una pistola y se pegó un tiro. No quería morir en un hospital. La última entrada está escrita a mano. Sigo queriendo estar con él. Necesita cariño. Pero ya no estoy cabreada, solo triste. Valía tanto.

EDITO: Ya hay otra entrada de este libro. Lo había olvidado. Ésta tiene más valor porque acababa de leerlo por segunda vez. Espero que esto no me ocurra a menudo…