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A Beautiful Child de Matt Birkbeck

  Conociendo mi afición por la serie de televisión Crímenes imperfectos, y en concreto por su narrador en español, un amigo me recomendó esta lectura. “No hay traducción”, me advirtió, “pero si lo lees pensando en la voz que tanto te gusta seguro que lo disfrutas”. Por si a alguien no le suena, es esa voz que empieza todos los capítulos con algo parecido a esto: “Anchorage, 1985. Mientras todos en la pequeña comunidad celebran el día de la Marmota, el coche de Mary Brunheimer, dependiente de un supermercado “X” aparece abandonado en un parking a cuatro manzanas de su lugar de trabajo. Su cuerpo nunca fue encontrado.”

Y hasta aquí la gracia porque la historia que cuenta A Beautiful Child no tiene nada de chistoso. La investigación de Matt Birkbeck empieza con múltiples datos acerca de la muerte de una mujer llamada Tonya, presuntamente atropellada de forma accidental. Tonya era bailarina de striptease, estaba casada con un hombre que podría ser su padre y tenía un hijo de dos años. La policía sospecha inmediatamente del marido pero no tiene ninguna prueba que apoye su teoría. Además, pronto su preocupación se centra en el niño cuando su supuesto padre lo secuestra.

Sin atar cabos, Birkbeck pasa inmediatamente a hablar de otra mujer, esta vez adolescente, llamada Sharon Marshall. Describe con detalle su paso brillante por el instituto, su amistad con Jennifer Fisher, la difícil relación con su padre, un hombre extraño, su embarazo prematuro y, al final, su desaparición. Si hablara de lo que relaciona a las dos mujeres destriparía todo el caso y, dado que aquí en España el asunto no es tan conocido como en Estados Unidos, prefiero no hacerlo por si alguien se anima a leerlo.

Gusten o no los libros sobre crímenes, éste tiene unas cuantas virtudes: el modo en el que está narrado -muy similar al del narrador omnisciente-, la investigación de años que avala toda la historia y, por último, la crítica no muy velada, la verdad, al sistema legal estadounidense en lo referente a los menores desaparecidos, sobre todo en los años 70 y 80. De hecho, hoy en día y pese a los avances, si la policía no considera la desaparición de un niño como tal sino como huida, el resto de organismos no pueden iniciar los trámites necesarios para buscarle. Y según los datos que expone Birkbeck, se trata de unos 800.000 niños desaparecidos al año. Ahí es nada.