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Criadas y señoras de Kathryn Stockett

No he visto la película. Compré el libro porque las historias del sur de Estados Unidos, como se verá, me atraen desde que era una niña. Supongo que por herencia adquirida.

Como ocurre a menudo, el título en español es desafortunado. En inglés se llama The Help y aunque traducirlo por “La ayuda” quizá no hubiera sido muy atrayente, estoy segura de que existían otras opciones más… correctas. Además, el nombre en este caso es importante porque es un libro que habla de otro libro que se llama igual que el primero. Cuánto libro.

Y antes de meterme de lleno en lo que pienso del trabajo de Kathryn Stockett, me gustaría comentar un detalle de la traducción: los afroamericanos son los únicos que hablan diferente. “Güenas, señora”, “grasias”, “mujé”, “pue no, señó” y así. Sin embargo, esa distinción no se ha hecho con los blancos del sur, hablan un castellano tan perfecto como el de Valladolid. Y tampoco existe esa diferencia cuando piensan. Que alguien me lo explique. ¿El castellano no es un idioma lo suficientemente rico y flexible como para plasmar esa diferencia en el lenguaje sin tener que acudir al tópico? Aquí lo dejo.

En cuanto a la historia en sí, le falta profundidad. Nos presenta a tres blancas y a dos afroamericanas a principios de los sesenta en Jackson, Misisipi. Las primeras, señoras, una racista, otra una pusilánime y la tercera una solterona (¡con veintitrés años!) con algo más en el cerebro que el cacareo social. Las segundas, criadas, afroamericanas, una más mayor que la otra, y ésta más descarada que la primera. Miss Skeeter, la del cacareo, decide escribir un libro sobre las historias de las señoras y las criadas y pide ayuda a Aibileen y a Minny, el personal de servicio y lo mejor de la novela. La idea es buena, la historia tiene sus momentos: el de los baños y el de la tarta, pero le falta alma. Salta de un tema a otro, de un personaje a otro, te dice lo que piensan pero te quedas frío, porque no son sinceras del todo, no te cuentan la verdad, no remata. Deseas que a la racista Hilly le caiga un muro de venganza encima, pero no ocurre. Quieres que Miss Celia evolucione, pero no lo hace. El final es flotante, previsible y te deja con sed, mucha sed.

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