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El castillo de cristal de Jeannette Walls

  En la reseña de Caballos salvajes, el segundo libro de Jeannette Walls, decía que hasta no leyera éste, El castillo de cristal, todo lo que pensara quedaba suspendido en el aire hasta que lo hiciera. Pues bien, ya lo he hecho y mi opinión sobre la forma de escribir de Walls no ha cambiado mucho.

Tengo que recordar que Caballos salvajes es la historia de la abuela de la autora pero su segundo libro. Éste es el primero y, a su vez, el relato de la difícil vida de la autora y de sus tres hermanos desde que eran niños de tres años hasta la edad adulta. (Por cierto, qué curioso es que alguien tenga recuerdos tan nítidos de una edad tan temprana…) Pese a estar narrado en primera persona, los hechos podrían incluirse en un informe policial y darían el pego sin problema. Qué frialdad, qué poco lenguaje elaborado y qué poca implicación emocional. Alguien argumentará, quizá con razón, que la exposición de hechos de forma objetiva es mucho más efectiva, pero es que no se trata de una vida normal, sino de una infancia bastante miserable, con épocas de hambruna, un padre alcohólico y una madre pintora con unas ideas sobre la vida cuanto menos peculiares. Tampoco se trata de recargarlo todo solo para provocar compasión o empatía, pero mi reacción ante la actitud de la autora fue la misma que ante la de cualquier persona que hiciera lo mismo con su historia: “si a ti parece no importarte lo más mínimo, a mí tampoco”.

Por tanto, la sorpresa ante el éxito sigue ahí. El castillo de cristal también es un esbozo. El relato de una experiencia, pero no una buena historia. También le falta ser literatura.

Caballos salvajes de Jeannette Walls

  Tengo tantas cosas que decir, tanto que matizar, que no sé por dónde empezar. Así que, como decía un amigo, empezaré por el final, y espero que sin pareados.

Caballos salvajes es el segundo libro de Jeannette Walls pero cronológicamente es el primero. Después de contar su vida en El castillo de cristal, su idea era la de escribir la historia de su madre pero ésta le recomendó que escogiera como protagonista a su abuela, Lily Casey Smith, y eso es lo que hizo. Como no he leído la historia de la vida de la escritora, todo lo que diga aquí queda suspendido en el aire hasta que lo haga. Quiero saber si mis malas impresiones se confirman, si tienen una base con origen en el primer libro o si el segundo está tan mal escrito porque los acontecimientos no los vivió en primera persona. Quiero comparar el estilo y el tono de ambos porque si no lo hago creo que estaré siendo injusta. Quiero saber si lo de “familia disfuncional” y el calificativo de best-seller del primero están justificados.

Creo que todas las familias del mundo tienen una historia que contar. La diferencia estriba en que de todos a los que les interesa hacerla pública, algunos saben hacerlo y otros no. Por eso me llama tanto la atención que esta mujer haya sido capaz de vender la historia de su abuela tal y como está escrita: un telegrama carente de emoción de capítulos cortos, con hechos, anécdotas y poco más de la vida en Nuevo México, Texas y Arizona a mediados de siglo. La novela es un bosquejo de lo que debería ser. Es lo que un escritor escribiría antes de ponerse a escribir (valga la triple redundancia). Le falta ser literatura.

Y yo quería empezar diciendo que últimamente está de moda no criticar los libros que no gustan por motivos que yo respeto pero que no comparto. Yo lo hago, primero, porque me gusta ser honesta y porque me gusta encontrar honestidad cuando leo algo sobre un libro. Y segundo, porque creo que es útil leer opiniones negativas para formarse un criterio propio antes de comprar un best-seller y dejarse llevar por el entusiasmo. Para mí no es una pérdida de tiempo hacerlo. Es la impronta que deja el libro en mí y de eso va este blog.