Cuentos completos de Primo Levi

Primo Levi estuvo en Auschwitz diez meses. Era químico y sus conocimientos le sirvieron para trabajar en Monowitz, una parte del gran campo principal, junto a otros diez mil trabajadores, esclavos y hombres libres. Estuvo allí hasta que llegaron los rusos.

Y después escribió. No solo Si esto es un hombre y La tregua, memorias de su esclavitud en el campo de concentración y de su huida, sino también cuentos. Muchos. Relatos con el nombre de los elementos de la tabla periódica narrados en primera persona. Cuentos de ciencia ficción, como aquel en el que los héroes de los libros viven en un universo paralelo. Recuerdos sobre algunos compañeros del lager. Reencuentros, no sé si reales o no, con algunos de sus carceleros.

Limpios. Científicos. Originales. Poco sentimentales. Algunos con regalos escondidos, como éste de Versamina, la mujer eterna que vive congelada en una especie de cámara criogénica pendiente de que sus guardianes la despierten cada cierto tiempo…

Pensaba en muchas cosas confusas al mismo tiempo y se prometía […] que el dolor no se puede arrancar, no se debe, porque es nuestro guardián. Muchas veces es un guardián imbécil porque es inflexible, se mantiene fiel a sus consignas con fidelidad maniática, y no se cansa nunca, cuando las otras sensaciones, en cambio, se cansan, se desgastan, sobre todo las placenteras. Pero no puede uno suprimirlo, hacerlo callar, porque forma un todo con la vida, es su custodio.

Dicen que Primo Levi se suicidó tirándose por el hueco de la escalera de su casa de Turín. Algunos lo dudan porque su optimismo narrativo era demasiado intenso. Su descripción del dolor es un claro ejemplo. Dicen también que se quitó la vida porque la negación de los crímenes de Auschwitz ya le estaba matando lentamente. Él decía que los que negaban Auschwitz eran los únicos capaces de repetirlo. Si realmente fue así, logró superar las mil seiscientas calorías diarias pero no pudo con la incomprensión humana. Triste.

La devoción del sospechoso X de Keigo Higashino

Es la primera novela de Keigo Higashino que se traduce al castellano, pero en Japón es un autor tan popular que la mayoría de su obra ha sido adaptada al cine y a la televisión. Sin ir más lejos, hace unos años se estrenó la película de La devoción del sospechoso X (con los mismos protagonistas de la serie de televisión, que en su día contó con diez capítulos y bastante audiencia).

Todos los capítulos tenían la misma estructura: el profesor Galileo, Manabu Yukawa (Fukuyama Masaharu), a través de una agente de policía desconcertada, Utsumi Kaoru (Shibasaki Kou), hacía frente a un misterio inexplicable y en ocasiones sobrenatural. Tras una investigación basada en el carácter racional de él y en la intuición de ella, la solución llegaba en forma de explicación científica clara y concisa por mucho fantasma que hubiera por ahí rondando.

Desconozco si los libros también son así. Lo que sí sé es que la película es fiel a la novela salvo en un detalle: no hay chica policía, solo hombres. El resto es calcado, lo que para mí ha sido un inconveniente porque me ha impedido disfrutar del escrito. Leer La devoción del sospechoso X ha sido como volver a ver la película fotograma a fotograma. Pero ya sabía como terminaba. Es más, el final dramático de la película y la ruptura del muro racional de Galileo están mucho mejor expresados en la película que en el libro.

Aun así, espero que Ediciones B tenga motivos para seguir traduciendo sus otras novelas. Como defensora de la narración literaria, casi me duele admitir que, en este caso, la película es mucho más estimulante que el libro.

Jesus and The Essenes de Dolores Cannon

Lo más sorprendente no es que exista algo llamado hipnosis regresiva. Tampoco lo es mucho que esta ¿disciplina? asegure que los seres humanos guardamos en un rincón de nuestra memoria recuerdos de nuestras vidas pasadas y que a través de ella pueden salir a la luz. Sigue sin serlo que se basa en una suposición, la reencarnación, que nadie ha sido capaz de demostrar (que yo sepa).

No es sorprendente que Dolores Cannon, en una de sus sesiones con un paciente descubra que en otra vida fue un esenio que conoció a Jesús. Y no lo es que algunos de los datos  que hasta ahora se desconocían, ¡coinciden misteriosamente con los manuscritos del Mar Muerto!

Por último, no debería sorprender que yo haya leído este libro ni que hable de él en un blog que se supone serio: ya dije que hablaría sobre los libros más extravagantes escritos sobre este tema.

¡Lo más sorprendente es que este libro se cita como fuente! ¡Fiable, contrastada y seria! ¡Por eso lo compré y lo leí! ¡Mordí el anzuelo! ¡Caí en la trampa! ¡Ultraje!

 

:D

Un lugar llamado nada de Amy Tan

La semana pasada el presidente estadounidense Barack Obama nombró un nuevo embajador para Myanmar después de veintidós años sin apenas relaciones diplomáticas. El motivo es que la dictadura militar que gobierna en Birmania (nombre por el que todo el mundo conoce el país salvo los que se lo cambiaron) está emitiendo tímidas señales de interés por la democracia. Y Estados Unidos, país solidario que no busca nada a cambio, le ha tomado la palabra.

País desconocido, narradora fantasma. Literal. Y qué mejor forma. El cerebro, antes de morir, había organizado un viaje a Birmania con unos amigos estadounidenses bastante peculiares. Después de muerta, decide ir igualmente. Y su omnipresencia le permite enterarse de todo lo que ocurre.

A través de su sentido del humor, no solo retrata la ignorancia de sus amigos y los critica mordazmente, sino que, por puro contraste, muestra uno a uno todos los aspectos desconocidos del país llamado nada. Esa comparación llega a su punto máximo cuando los turistas son secuestrados (¿o no?) por una tribu de la zona. Irrisorio, sí, pero también triste.

Cuando terminé esta novela leí El club de la buena estrella, también de Amy Tan, pero el conflicto generacional entre madres asiáticas e hijas estadounidenses no solo no me gustó, sino que me decepcionó. Me quedo con Un lugar llamado nada. Su gran valor es el coraje con el que la autora se enfrenta a la junta militar a través de sus palabras cuando a nadie más en el mundo le interesaba un pito Birmania.

El cielo es azul, la tierra blanca de Hiromi Kawakami

El título japonés de este libro es Sensei no Kaban, que significa El maletín del profesor. Y en japonés no hay ningún subtítulo como el de “Una historia de amor”. ¿Por qué en español sí? ¿Por qué la editorial decide llamar a esta novela El cielo es azul, la tierra blanca cuando no refleja la historia? ¿Para que se asemeje a un haiku y el comprador (que no el lector) piense que es japonés? ¿Es acaso Hiromi Kawakami un nombre de otra parte del mundo? ¿Qué habría dicho Homero si su Ilíada se hubiera llamado: Guerra entre griegos y troyanos según la tradición oral. Subtítulo: “Mueren casi todos”?

Insisto en lo del subtítulo. La novela tiene dos personajes principales. Si uno lee que es una historia de amor en la portada, por muy poco avispado que sea, a las cinco páginas ya sabe qué es lo que va a ocurrir. Y en este caso eso que tiene lugar es lo más sorprendente (e importante) de la novela. Si te lo dicen en la página cero, ¿para qué vas a querer seguir leyendo?

Yo lo hice, y con conocimiento de causa propongo esta portada para la novela. Por supuesto, sin el barquito para no ensuciar demasiado la imagen:

Hiroki Kawakami
El cielo es azul, la tierra blanca
Una historia de amor
Mujer madura conoce a profesor anciano y entre ellos surge el amor del modo más inesperado
El maletín, aunque nos hayamos pasado por el forro el deseo de la autora, es importante
Fácil de leer, en una tarde, como suele decirse
A su manera, hermosa
Traducción de…

The Rose that Grew from Concrete de Tupac Amaru Shakur

Ha pasado media hora y el espacio sigue en blanco. Está la imagen, sí, y esa caída de ojos con largas pestañas. Pero las ideas pululan demasiado. ¿Por dónde empiezo? Por su vida, no. No es relevante. Además los poemas fueron escritos antes de convertirse en personaje público. Todo lo que pasó después no tiene importancia.

¿Por el tema racial y político? Tampoco. No he reflexionado lo suficiente sobre este asunto. No sabría cómo enfocarlo. Y tampoco es importante. ¿Entonces? ¿Por qué compraste este libro? Porque me gusta exprimir lo que me llama la atención. Su música me atrae. Lo que dice me hace sentir bien. No todo, claro, pero tenía ese “algo más”.

Por eso compré sus poemas. Y comprobé que esos ojos no mentían y que, pese a la inmadurez, a la inocencia casi insoportable y a algunas dedicatorias cursis, hay “algo más”; un algo más que quizá se perdió tras su muerte o quizá mucho antes.

The Rose that Grew from Concrete

Did u hear about the rose that grew from a crack
in the concrete
Proving nature´s laws wrong it learned 2 walk
without having feet
Funny it seems but by keeping its dreams
it learned to 2 breathe fresh air
Long live the rose that grew from concrete
when no one else even cared!

Traducción:

La rosa que creció en el cemento
¿Has oído hablar de la rosa que creció en una grieta del cemento?
Demostrando que la naturaleza se equivoca aprendió a caminar sin tener pies.
Suena a broma pero conservando sus sueños aprendió a respirar aire fresco.
¡Larga vida a la rosa que creció en el cemento cuando a nadie más le importaba!

Necrópolis de Boris Pahor

La mayoría de los testimonios del holocausto judío que he leído (no muchos porque la gran parte están todavía sin traducir), suelen ser ligeramente optimistas. Obviamente los muertos en los campos no pueden escribir sus recuerdos, así que son los supervivientes los encargados de dar el mensaje: yo sobreviví, os cuento todos los horrores, sí, pero sigo vivo.

Boris Pahor es diferente. Nacido en Trieste hace casi cien años (¡sigue vivo!), después de unirse al frente yugoslavo de liberación, fue detenido y encerrado en el campo de concentración de Natzweiler-Struthof. Allí regresa a mediados de los sesenta para contrastar sus recuerdos rodeado de turistas…

Noto que dentro de mí ha despertado una especie de rebelión incomprensible, una rebelión contra el hecho de que este lugar montañoso que forma parte de nuestro mundo interior ahora esté abierto y desnudo. Y a esta rebelión se unen también los celos: no sólo porque los ojos ajenos de los turistas se paseen por el ambiente que fue testigo de nuestra anónima cautividad, sino también porque sus miradas (y de eso estoy completamente seguro) nunca podrán penetrar en el abismo del mal con que fue castigada nuestra fe en la dignidad humana y en la libertad de nuestras decisiones personales.

Cuando dice “nuestro mundo” no se refiere al suyo y al nuestro, sino al suyo y al de los otros, sus compañeros. Para Pahor, existían (¿y siguen existiendo?) varios planos de la realidad, uno, el de los campos y el de la escalera infernal, y después, todo el resto imaginable. No pueden tocarse ni comunicarse. Y por tanto no se entienden. A veces se superponen, una pareja se abraza y se besa en las escaleras, y Pahor reflexiona:

Porque en nosotros se había establecido un final apocalíptico en la dimensión de la nada, mientras que estos dos se hallan en la dimensión del amor, que también es infinita y también dispone de los objetos de manera incomprensible, excluyéndolos o glorificándolos.

He mencionado las escaleras pero no me atrevo a hablar de ellas porque al releer a Pahor, siento que me va a regañar por hablar de algo que no podré entender jamás. Así que opto por callar. Espero que sus palabras, más que las mías, puedan mostrar por qué su testimonio es tan diferente. Por si acaso, un botón más…

[…] Y no me muevo porque no sé cómo reunir a los representantes de los oscuros barracones delante de los seres jóvenes que son los retoños de una estirpe humana inmortal. No sé cómo colocar la ceniza y los huesos humillados delante de ellos. No tengo suficiente fuerza y ni siquiera puedo imaginarme cómo mis fantasmas podrán encontrar las palabras adecuadas para confesarse delante del coro infantil que ahora baila en medio de las tiendas de campaña, o delante de aquella niña pequeña que ayer daba vueltas alrededor del alambre de la chimenea, como llevada por un tiovivo invisible.

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