La tormenta de hielo de Rick Moody

(…) Pero lo principal era que quería hablar con su hermana. Quería decirle que aquello no iba a funcionar, que ninguna novia funcionaría jamás, y que siempre iba a vivir en aquel panteón sin ventanas donde nadie le tocaba nunca la piel. Su cuerpo, le quería decir, era como una pared que rezumaba la humedad de una bodega de vinos. Respiraba el aire mohoso de las criptas. No podía estarse quieto.

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