Enésima crónica de un viaje a Japón (XII)

Tokyo sun Al fin salía el sol. Yoyogi y el templo Meiji estaban prácticamente vacíos. El día prometía. Había leído que el santuario era precioso y tengo que decir que yo no utilizaría ese adjetivo con los edificios. El parque Yoyogi sí lo es, con sus árboles donados que se cierran en las cumbres, su silencio y sus curiosos habitantes. Los humanos del templo también lo son, por su respeto a su labor, sus maneras y sus vestidos. Los kami pululaban con hermosa invisibilidad. Su jardín sí que es precioso, maravilloso y todo lo “oso” positivo que se os ocurra. Por eso, si tuviera que elegir uno al que acudir siempre que visitara Tokio, elegiría el Meiji. Por cierto, su tienda es la mejor de souvenirs de todo Japón. Mantiene el equilibrio perfectamente entre “me están tomando el pelo” y “oh, qué maravilla”.

Tenía que ir a la zona de Omotesando a buscar una tienda de motos, pero antes me metí en Takeshita Doori. Tengo que decir que a esas alturas del viaje estaba un poco saturada de tiendas, por no decir que había dejado de entrar en la mayoría desde hacía dos días, así que pasé un poco de largo. Pero una chaqueta de los Giants llamó mi atención en las alturas. Y justo en ese momento, el dueño, un afroamericano, me vio mirar y me invitó amablemente a subir. Arriba estaba el único hombre que se interesó por mí en todo el viaje: otro afroamericano enorme con las mejillas tipo Morgan Freeman que me intimidaba bastante. Me acribilló a preguntas. De dónde eres, qué haces aquí, qué tipo de ropa se vende en España. Cuando había elegido lo que iba a comprar (algo rosa) me espetó “Are you single?“. “Sí”, le contesté. Silencio incómodo a continuación. En vez de invitarme a tomar algo me regaló un caramelo de plátano. Quizá lo del “único hombre que bla, bla, bla” debería borrarlo. Quizá fue otro. (En realidad, la conversación fue algo más cómica de lo que he contado pero quedo tan, tan mal que prefiero ahorraros la vergüenza ajena.)

YoyogiMe recorrí la zona de Omotesando tres veces porque no encontraba la tienda. Y me fui con las manos vacías. Sin embargo, me gustó mucho su parte comercial. No los centros grandes sino las tiendas que hay distribuidas caminando en dirección contraria a Shibuya. Al menos es una zona honesta. Y digo esto porque la única decepción importante que he tenido en Japón, Shimokitazawa, me desencantó precisamente porque me pareció un engaño. Fui a mediodía en España, es decir, a eso de las tres. Quizá unas horas más tarde es todo ambiente. Es posible que los restaurantes sean una maravilla. Pero las tiendas no se diferencian de ninguna de las que vi en otras zonas, salvo dos: una librería en la que encontré la obra entera de Lorca (en japonés) y una tienda de ropa de segunda mano de verdad instalada en lo que fueron unos baños públicos. Digo lo de “de verdad” porque mucha ropa catalogada como de segunda mano de allí estoy segura de que no lo es. En las guías y en los itinerarios, a Shimokitazawa la pintan como una zona alternativa y de artesanos y a mí no me lo pareció. Es una zona comercial, con ropa bastante cara y unas cuantas tiendas interesantes. El resto lo puedes encontrar en el resto de Tokio sin necesidad de tantas paradas de tren.

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