Ítaca, el Peloponeso, Troya de Heinrich Schliemann

Ítaca, el Peloponeso, TroyaAcabo de encontrarle un problema al libro electrónico: si te decepciona, no puedes venderlo, ni regalarlo, ni donarlo, solo puedes tirarlo a la “papelera” o cargar con él toda la vida…

Por otro lado, qué maravillosa debió de ser la vida de Heinrich Schliemann, con esa exagerada facilidad para aprender idiomas y con esa cantidad de dinero en el bolsillo… Eso sí, una cosa es descubrir el emplazamiento de Troya y otra es saber contarlo.

Ítaca, el Peloponeso, Troya es un ladrillo de barro sin masilla. El prólogo, por ejemplo, es más largo que un día sin pan. O mejor: eterno como La Ilíada. Cuando Schliemann empieza a hablar de sus viajes, de sus descubrimientos y de sus métodos, la cosa tampoco mejora. Muchas medidas, mucha condescendencia, muy poco rigor científico y mucha suposición. Pese a sus éxitos. Demasiado charlatán para mi gusto. Además, siempre me preguntaré qué habría sido de su prestigio de no haber descubierto Troya (y otros)…

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