Niebla de Miguel de Unamuno

Niebla  Acabo de leer que esta novela de Unamuno está considerada como una de las cien mejores del siglo XX escritas en español y se me han caído los palos del sombrajo. A ver cómo digo yo ahora lo que iba a decir sin quedar como una ignorante que no sabe valorar la buena literatura. Aunque mirándolo por otro lado, cien es un número bastante alto y sé que me disculpará el hecho de que no llego ni a veinte (lo que por el lado transversal no dice nada bueno de mí. Ya se sabe, en casa del herrero, cuchillo de palo.) Sin embargo, siempre me ha caído bien Unamuno. No recuerdo más que lo básico de su San Manuel Bueno, mártir, pero el regusto siempre ha sido agradable. Mi intención es volver a ella pronto. ¿Pero de las cien mejores para mí? Depende.

Si tomara en cuenta lo que la distingue de las demás, sí podría incluirla en ese lote. Nos han pintado siempre tan serios y desesperados a los autores de la Generación del 98 que sorprende que alguien como Unamuno tuviera sentido del humor, que lanzara sus flechas irónicas del amor contra todos y que coqueteara tan abiertamente con las vanguardias. No hay que olvidar que inventó una palabra para designar a este tipo nuevo de narrativa, nivola, y que el protagonista, Augusto Pérez, mantiene una conversación con Unamuno en la que hablan principalmente de metafísica. Si a todo esto esto le añadimos el uso excelente que el autor hace del idioma, sí, Niebla sería una de las cien.

Pero antes de la charla entre personaje y autor ocurren otras cosas. Augusto sale un día de su casa y descubre que le gusta mucho una mujer. Cuando intenta conquistarla se da cuenta de que no va a ser algo sencillo, así que empiezan a gustarle todas. Su deseo se ha despertado y amenaza con meterle en un lío. Entre conversaciones, malentendidos, aspiraciones y monólogos, Augusto llega a una conclusión desconcertante: la mujer, así en general, es un animal doméstico similar a un perro, es un ser que siempre engaña, un ente fisiológico sin psicología, es decir, sin alma.

Cabe la posibilidad de que Unamuno no pensara exactamente igual que Augusto. Sin embargo, yo no he sido capaz de encontrar ni un solo indicio que así lo apunte. Es más, mi conclusión es peor: los monólogos de Augusto son en realidad los de don Miguel. ¿Y qué mujer incluiría entre sus cien mejores novelas a una en la que no está incluida ni como ser humano? Ninguna. Sería como ir contra uno mismo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s