El tiempo de los héroes de Javier Reverte

El tiempo de los héroes  Lo malo de las novelas históricas es que nadie puede acusar al autor de falta de rigor. El término ficción, incluido dentro del de novela, oculta todas las virtudes de la Historia como disciplina y pasa por alto todo los pasos del método científico. Por otro lado, es una norma no escrita respetar la elección del autor. En este caso, Javier Reverte eligió a un militar republicano, Juan Modesto, para contar su particular “epopeya” de la guerra civil española. La Historia son las batallas, las más importantes de la contienda, los nombres de algunos personajes, el batallón Lincoln y el olor a muerte. La ficción es todo lo demás: los diálogos, los pensamientos, los sentimientos, los cabeza de turco que ilustran ciertos comportamientos y la heroicidad.

Yo no puedo criticar la elección del protagonista, pero sí puedo decir que su perfección no perfecta, producto de la mente de Reverte, me ha resultado muy cargante. Para mí no es un héroe, es simplemente un militar mujeriego. A pesar del empeño en resaltar su comportamiento intachable, “mirad mil veces, yo no fusilo a los enemigos capturados”, es un hombre que no me convence porque sus errores, “soy un macho y no lo puedo evitar”, me irritan. Juan Modesto no me resulta creíble. He leído comparaciones entre el militar y Aquiles. Qué ironía que el hombre que me enseñó la Ilíada sea el mismo contra el que me rebelo por intentar colar un símil tan chapucero.

Hay algo más que no puedo criticar y es la falta de equilibrio entre los dos bandos de la guerra. El tiempo de los héroes no es una historia sobre la guerra civil española, es una historia sobre el bando republicano en la guerra civil española. Sé que entra dentro de la famosa elección del autor, pero a mí me ha llamado mucho la atención. Los “otros” solo aparecen cuando son necesarios para continuar la historia. Es como si la guerra en este país se hubiera librado contra fantasmas sin cara y sin nombre. O peor, contra moros que gritan rodeados de fantasmas (¿españoles?) que no son más que extras en la historia. Así nadie puede acusar a Reverte de falta de imparcialidad. Lo que me sorprende porque sería una crítica sin sentido.

Como las que he hecho yo. Es su novela. Todo lo que he mencionado forma parte de su derecho a escribir lo que quiera y como quiera. La única pega estrictamente literaria que puedo ponerle es que el lenguaje me ha resultado excesivamente fácil. Pero quizá solo sea una impresión. Como el resto. Si los relatos sobre la guerra civil se centraran más en lo individual y no en lo colectivo, quizá serían más enriquecedores. Sí, ya sé que Juan Modesto es un individuo. Pero representa. No me sirve. Seguiré con los relatos de viajes de Javier Reverte.

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