Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain

Las aventuras de Huckleberry Finn

Serán procesados quienes intenten encontrar una finalidad a este relato; serán desterrados quienes intenten sacar del mismo una enseñanza moral; serán fusilados quienes intenten descubrir en él una intriga novelesca.

Por orden del autor, PER. G. G., el Jefe de Órdenes.

Nadie puede acusar a Mark Twain de ser traidor por no avisar. Aun así, no muchos le hicieron caso. Tal y como explica la profesora Teresa Gibert en su libro American Literature to 1900 (del que me examino en menos de un mes), Las aventuras de Huckleberry Finn, publicada en 1884, fue calificada de vulgar, irreverente, poco elegante y para mentes poco respetables. Unos decían que era la basura más racista que jamás se había escrito. Otros, el alegato antiracista más importante desde La cabaña del Tío Tom.  Gibert sostiene que no es ni una cosa ni otra. Aunque Twain estaba contra la esclavitud, sus aventuras rezuman una nostalgia por una época pasada, la de su infancia, en la que los esclavos vivían como sirvientes mucho mejor tratados que en otras plantaciones del sur.

Levantó ampollas, claro. Huck escapa de su padre maltratador y de la viuda que intenta civilizarle y Jim de la esclavitud. Ambos bajan por el río Mississippi, que para ellos, y para todos, representa la libertad. Cada vez que se acercan a tierra empiezan los problemas. Al fin y al cabo, allí aún pervive una sociedad “decadente”. Eso no debió de gustar.

Si tuviera que hablar de esta novela en un examen tendría que decir lo siguiente: primero, tendría que analizar el prefacio; ¿es sincero o cínico? ¿Un parche antes de la herida? Después tendría que profundizar en la figura del narrador en primera persona y verlo todo desde su perspectiva “inocente”. No debería olvidarme de mencionar las alusiones de Huck a la muerte, del retrato satírico de los terrestres, del posible sexismo de Twain, de la importancia de las supersticiones, del modo de expresión de Huck y Jim (algo que no se distingue en la traducción), de la caracterización y del estilo.

Si tuviera que ser sincera, algo que en un examen no es recomendable si tu argumentación no es la de un catedrático, diría que Huckleberry Finn, más que un narrador inocente, me ha parecido un chico sabio y prudente. Añadiría que he cloqueado como una gallina con el absurdo del final (Tom Sawyer siempre vivió en las Batuecas). Incluso me atrevería a decir que el dilema moral sobre la esclavitud al que se enfrenta Huck es más propio del contexto histórico, de una inquietud del autor, que de algo definitivamente racista.

Por último, es imposible no sentir simpatía hacia Mark Twain cuando dice las siguientes palabras (a través de Huck, claro):

No queda, pues, nada por escribir, de lo que me alegro como un condenado, porque si llego a saber el trabajo que cuesta hacer un libro, no me habría metido en semejante tarea, ni volveré a meterme.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s