Banderas de nuestros padres de James Bradley y Ron Powers

Banderas de nuestros padres  La foto fue una casualidad. La colocación de la bandera no fue la primera, sino la segunda. Y pese al mito, los marines que aparecen en la fotografía siguieron peleando contra japoneses fantasmas ocultos bajo tierra durante varias semanas más. De los seis que aparecen, solo tres sobrevivieron a la isla. De ellos, solo uno consiguió llevar una vida más o menos normal a costa de no hablar jamás de la batalla de Iwo Jima. Los nombres de los marines que sostuvieron la bandera son, de izquierda a derecha, Ira Hayes, Franklin Sousley, John Bradley (padre del autor), Harlon Block, Mike Strank (detrás de Sousley) y Rene Gagnon (detrás de Bradley).

Banderas de nuestros padres es un homenaje a la vida de estos hombres, no como héroes de la Segunda Guerra Mundial, sino como sencillos seres humanos que intentaron hacerlo lo mejor que pudieron en una de las batallas más duras de la guerra. Lo primero que hace Bradley es contarnos la vida de los seis marines: su infancia, sus ilusiones, su entrada en los marines cuando solo eran chavales y su entrenamiento para conquistar la isla. Una vez captada la atención, describe la batalla de Iwo Jima, la parte más triste. Pese a la dureza de la descripción, hasta ese momento toda la intención de Bradley es ensalzar el cuerpo de marines de los Estados Unidos. Después, empieza la crítica velada hacia la actitud del gobierno y quizá del ejército en la planificación de las batallas del Pacífico. Primero, porque sacrificaron a cientos de miles de marines, y segundo, porque la financiación no gubernamental de la guerra (se hacía a través de bonos que compraban los ciudadanos) convirtió a los tres de los seis que quedaron en marionetas de la mercadería y en reclamo para recaudar fondos.

Mi ignorancia de muchos aspectos impide que pueda expresar algunas de mis sensaciones. De otras sí que puedo hablar. Por ejemplo, del malestar, de la ternura y de la emoción que la historia de James Bradley me produjo. Y de la misma reflexión tópica de siempre acerca de las guerras: cuánta mierda y cuánto sacrificio.