El pintor de Cracovia de Joseph Bau

El pintor de Cracovia  Como se dice en la contraportada, todo el mundo sabe quién es el pintor Joseph Bau porque su boda clandestina en el campo de concentración de Plaszow apareció en la película La lista de Schindler. De hecho, gracias a la intermediación de Rebecca, su esposa, el industrial Oskar Schindler metió a Joseph en su famosa lista y así consiguió salvarle la vida.

Sin embargo, todos estos acontecimientos no tienen un protagonismo especial en El pintor de Cracovia. Bau comienza su relato en el gueto de su ciudad natal narrando cómo su hermano y él se “ganaban la vida”. Con poemas y dibujos intercalados, esta primera parte termina con lo que se conoce como la liquidación del gueto, es decir, con la evacuación de los judíos a Auschwitz, a Plaszow… o con su asesinato a sangre fría por los oficiales de las SS.

La segunda parte es un recorrido turístico por el campo de concentración de Plaszow. Bau es el guía. En un tono distendido describe los edificios, para qué eran utilizados y lo que dentro y fuera de ellos ocurría. La visita termina así:

Esto es todo, damas y caballeros. Han recorrido ustedes todo el campo. Pero apenas hemos arañado la realidad, apenas hemos visto una gota en un mar de lágrimas. Describir el campo de Plaszow correctamente es una tarea equivalente a erigir un rascacielos con una sola mano, un edificio formado por el sufrimiento de miles de judíos.

¡Adiós! Están abandonando “mi Plaszow”, tal y como lo tengo grabado en mi mente y en mis recuerdos, y que una y otra vez revivo en mis constantes pesadillas

Ese arañazo es de gato. Profundo. Lo primero que hace un felino es clavar las uñas en la piel. Pero él no araña. Generalmente es el humano el que intenta zafarse, porque se asusta, porque quiere librarse del dolor. Y es entonces cuando se hace más daño. A un gato no le importa perder una uña en una pelea si logra dejar surco. Bau es como un gato en su descripción de Plaszow. Deja un surco sangrante porque es muy crudo. De los judíos que han escrito sobre sus experiencias en campos de concentración, me atrevería a decir que es de los más naturales.

Hay algo más que distingue a Bau de los demás y se puede percibir en los dos últimos relatos del libro. Han pasado casi treinta años desde Plaszow. Bau y su esposa viven en Israel y el hamsin, el viento cargado de arena del desierto, está provocando una ola de calor. Un tribunal austriaco les ha pedido que acudan a testificar a Viena contra un agente de las SS. Allí hace frío. A Bau le afecta el cambio de temperatura y cae enfermo. ¿Se puede tener un episodio de estrés postraumático tantos años después? Bau demuestra que sí y es precisamente su forma de contarlo lo que vuelve a diferenciarlo de otros supervivientes del holocausto.

 

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