The Lighthouse de P. D. James

The Lighthouse  Antecedentes categóricos:

1. No soy una gran lectora de novela policíaca. No la rehúyo pero tampoco la busco. El pedestal en el que tengo subido a Ellroy es tan alto que reconozco que me cuesta ampliar mis miras. Que todo el mundo lea novela negra últimamente tampoco me ayuda a discernir lo bueno de lo malo.

2. Es la primera vez que leo a P. D. James, lo que implica que no sabía nada de ella hasta hace cinco minutos.

3. He leído The Lighthouse en inglés, lo que una vez más implica que es muy probable que me haya perdido más de la mitad de los detalles y muchos aspectos (ricos) del lenguaje.

4.  Ha sido (o fue) una lectura obligatoria e imprescindible para poder presentarme a un examen al que finalmente no acudí. Empecé con ella y la abandoné durante meses. Lo que leí al retomarla me gustó mucho más que lo que leí cuando era obligatorio hacerlo.

5. Espero que todo lo anterior disculpe mi ignorancia a la hora de emitir un juicio.

Dicho esto, The Lighthouse es una novela que claramente puede dividirse en dos partes: el estudio exhaustivo de los personajes que pueblan la isla donde está el faro antes del crimen y la introducción de los tres personajes policías y el desarrollo de la investigación después de él. Si se tiene en cuenta que muchas de las vidas que conocemos con detalle al principio, a mitad de la novela se diluyen en el agua del mar, me parece excesiva la descripción de pensamientos, antecedentes, estados de ánimo y comidas. Del mismo modo, considero un poco desorbitada la profusión de detalles de la vida de los policías. Eso sí, nadie puede acusar a P. D. James de crear personajes planos. Y a mí de no haber sido pedante al escribir esto.

A sangre fría de Truman Capote

A sangre fría  Cuando yo iba a la universidad, A sangre fría era el libro más recomendado. Todo el que quisiera convertirse en periodista tenía que tener en su altar esta “novela de no ficción” de Truman Capote. Como siempre ocurría por entonces, ignoré la recomendación. Todo lo que saliera de la boca de ciertos profesores provocaba en mí un rechazo inmediato. Quizá por eso no me licencié. Pese a todo, espero que ahora las cosas sean diferentes para los inocentes estudiantes de Periodismo.

A sangre fría es la historia del asesinato de la familia Clutter a finales de 1959 narrada con todo detalle. Se sabe que Capote acudió a Kansas acompañado de Harper Lee para investigar y el resultado es que el lector no solo conoce los hechos sino que sabe qué pensaron los vecinos, cómo era la familia, cómo eran los asesinos, cómo fue su captura, el juicio y, por último, presencia la pena capital de los dos acusados (con el tiempo que tardaron en morir incluido en el lote). El nacimiento del Nuevo Periodismo estadounidense.

Los estudiantes de Psicología actuales también tienen A sangre fría entre sus novelas a analizar, esta vez, para escudriñar los perfiles de los dos asesinos con el fin de diagnosticar el tipo de enfermedad mental que tenían. Capote también incluye este tipo de informes psicológicos, ya que en aquellos momentos era importante para una futura condena dilucidar si un acusado estaba “loco” o no. Como se puede comprobar fácilmente, al texto no le falta de nada… salvo un poco de objetividad. Y en este punto, empieza a surgir la duda: si en el término de “novela de no ficción” damos prioridad a lo de novela, el autor no tiene por qué ser objetivo, pero si lo hacemos al contrario, si priorizamos lo de “no ficción”, ¿no resulta muy llamativa la simpatía manifiesta que Capote sentía por uno de los asesinos?

La fiebre.

Talking Pictures de Ransom Riggs

Talking Pictures  Cuando terminé de leer El hogar de Miss Peregrine para niños peculiaresla novela ilustrada con fotografías reales de Ransom Riggs, pensé que la falta de coherencia entre las imágenes y la historia era un punto negativo que pesaba mucho sobre el resultado final pero que, al mismo tiempo, la afición del autor a coleccionar fotos antiguas lo convertía en un hombre interesante.

Talking Pictures es un libro de fotografía diferente. Las imágenes están divididas en siete bloques: Haciendo el payaso, Amor y matrimonio, Tiempos difíciles, La vida en tiempos de guerra, Janet Lee, Esconde ésta, por favor y Misterios sin resolver. Ninguna de ellas está hecha por un profesional sino por personas anónimas cuyos familiares, amigos o conocidos se deshicieron en algún momento de ellas y acabaron en los mercadillos o en la basura. Todas tienen algo escrito por detrás y eso, según el experto coleccionista, el propio Riggs, es lo que aumenta o disminuye su valor.

Una de ellas aparece en el prólogo. Blanco y negro, con la fecha impresa, marzo del 61. Se ve una carretera, una señal de tráfico y un barranco no muy pronunciado contenido por un murete de piedras. Esta foto hubiera ido a la basura si nadie se hubiera molestado en leer lo que hay escrito detrás: “Riostra de rocas cerca de Rose Bowl, Pasadena, California, donde Dorothy encontró a una bebé el 24 de Enero de 1961”. En otra no aparece la fecha pero por el vestuario de los protagonistas debe de ser de los años 20. En primer plano se ve a una mujer sonriente con traje largo de baño y gorro envuelta en lo que parecen ser algas. Encima de su cabeza se puede leer lo siguiente: “Conquistó el océano y volvió con las algas”. Más. Una muchacha negra aparece tumbada en la cuesta de una loma. Mira a la cámara con los brazos doblados y las manos detrás del cuello. A su derecha hay un sombrero de paja. Debajo pone: “Ya no queda mucho”. Las palabras no dicen mucho tampoco, lo curioso es que a la joven solo se le ve una pierna, la izquierda. ¿Es un efecto, no tiene pierna o la ha doblado debajo de su vestido de algodón para engañar? La sección de Janet Lee, de la que no quiero contar mucho, es la más emotiva. Solo diré que la fotógrafo es su madre, que tenía un sentido de la narrativa muy desarrollado y una caligrafía muy peculiar. (En la página del autor hay un video el que se pueden ver algunas más.)

Para mí es una joya. Es estimulante, inspirador, construido con mucho cariño y real. No he contado cuántas fotografías hay pero las palabras escritas con tintas diferentes las convierten en historias que darían para escribir muchos libros. La única pega que puedo ponerle es que está en inglés. Lo compensa el precio, bastante barato para ser un libro tan bueno. De nuevo, para mí es el libro del año y estoy deseando encontrarme con otro similar. Incluso estoy pensando en hacerme coleccionista yo también.

Banderas de nuestros padres de James Bradley y Ron Powers

Banderas de nuestros padres  La foto fue una casualidad. La colocación de la bandera no fue la primera, sino la segunda. Y pese al mito, los marines que aparecen en la fotografía siguieron peleando contra japoneses fantasmas ocultos bajo tierra durante varias semanas más. De los seis que aparecen, solo tres sobrevivieron a la isla. De ellos, solo uno consiguió llevar una vida más o menos normal a costa de no hablar jamás de la batalla de Iwo Jima. Los nombres de los marines que sostuvieron la bandera son, de izquierda a derecha, Ira Hayes, Franklin Sousley, John Bradley (padre del autor), Harlon Block, Mike Strank (detrás de Sousley) y Rene Gagnon (detrás de Bradley).

Banderas de nuestros padres es un homenaje a la vida de estos hombres, no como héroes de la Segunda Guerra Mundial, sino como sencillos seres humanos que intentaron hacerlo lo mejor que pudieron en una de las batallas más duras de la guerra. Lo primero que hace Bradley es contarnos la vida de los seis marines: su infancia, sus ilusiones, su entrada en los marines cuando solo eran chavales y su entrenamiento para conquistar la isla. Una vez captada la atención, describe la batalla de Iwo Jima, la parte más triste. Pese a la dureza de la descripción, hasta ese momento toda la intención de Bradley es ensalzar el cuerpo de marines de los Estados Unidos. Después, empieza la crítica velada hacia la actitud del gobierno y quizá del ejército en la planificación de las batallas del Pacífico. Primero, porque sacrificaron a cientos de miles de marines, y segundo, porque la financiación no gubernamental de la guerra (se hacía a través de bonos que compraban los ciudadanos) convirtió a los tres de los seis que quedaron en marionetas de la mercadería y en reclamo para recaudar fondos.

Mi ignorancia de muchos aspectos impide que pueda expresar algunas de mis sensaciones. De otras sí que puedo hablar. Por ejemplo, del malestar, de la ternura y de la emoción que la historia de James Bradley me produjo. Y de la misma reflexión tópica de siempre acerca de las guerras: cuánta mierda y cuánto sacrificio.

Los vagabundos y otros cuentos de Jack London

Los vagabundos y otros cuentos  Esta edición de Los vagabundos y otros cuentos tiene una introducción de Ivana Graciela Mollo… que no he leído. Antiguamente solía hacerlo, sobre todo cuando se trataba de clásicos o de libros de lectura obligatoria, pero descubrí que la opinión crítica de algunos me condicionaba y los destripes de otros me molestaban, así que decidí optar por seguir mi criterio, por muy pobre que fuera.

Son seis los cuentos que forman esta recopilación: Los vagabundos, un chascarrillo acerca de tres vagabundos mancos y de cómo perdieron sus miembros, El ídolo rojo, con su argumento explícito en el nombre, Como Argos en los tiempos heroicos, el mejor y de los pocos que he leído con un anciano como protagonista, Hawaiana, el de la historia de amor triste, La pillastrona, el típico de la mujer regañona y El chinito de Honolulú, un relato sobre la picardía de un hombre chino.

Me niego a utilizar calificativos porque he leído tantos en las últimas dos semanas que empiezo a cuestionarme su valor. Entiendo que en un programa de formación sean necesarios, pero no me gusta estudiar así la literatura. Si yo fuera profesora, preferiría que un alumno me explicara con claridad lo que sintió al leer, por ejemplo, El rey Lear, antes que la enumeración de memoria de las mil y una características de la tragedia de Shakespeare. De un pensamiento se pueden obtener muchos beneficios didácticos, de una memorización en la que no se discurre, no. En el caso de Jack London, sus cuentos tienen una función muy específica, adaptada además al tiempo en el que se escribieron: entretener a un público ávido de historias transcurridas en parajes exóticos. Nada más.