Trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins

Los Juegos del Hambre  Lo primero que llama la atención de Los Juegos del Hambre es que está escrito en primera persona del singular del presente indicativo. El motivo de este modo de narrar es incomprensible para mí. No soy capaz de distinguir si la autora siempre ha escrito así, porque le resulta muy sencillo o porque no da para más, o si el toque infantil que ese presente le otorga a la historia se debe a que la narradora es la jovencita Katniss (y que la trilogía esté dedicada al público juvenil). Es cierto que en los siguientes libros esa sensación de extrañeza desaparece, pero la incógnita no. Un modo de solucionarlo sería leer más textos de Collins… pero me parece que va a ser que no.

¿Por qué? Bueno, en general, el efecto que toda la narración ha causado en mí es el de que ha sido construida con poco esfuerzo. Principalmente porque el contexto histórico con el que cuenta el lector es el mínimo exigido para entender el argumento. Esto sería válido si se desarrollara en nuestro siglo, por ejemplo, pero no es así. La trilogía transcurre en una época indeterminada, se supone que en el futuro, en el que el mundo ha dejado de ser lo que es hoy por motivos no especificados. Todos son suposiciones. Katniss vive en unos Estados Unidos del futuro dividido en distritos manejados por otro superior y un presidente tirano que exije tributos humanos para sacrificarlos en los llamados Juegos del Hambre. Por mucha curiosidad que tenga el lector, se va a quedar con las ganas. Collins solo cuenta lo necesario para que Katniss pueda dar el siguiente paso. También me gustaría hablar de ciertos giros sorprendentes en la historia solucionados con un fundido en negro… pero no me gusta desvelar tramas. Solo diré que en el último libro hay uno tan descarado que si hubiera ocurrido en el primero habría dejado de leer al instante.

Sin embargo, lo que más me intriga de todo es saber cómo el lector joven se ha podido sentir identificado con unos personajes tan poco merecedores de empatía. La narradora es un ser frío al que los demás le importan solo en la medida en que pueden salvarle la vida, quitársela o condicionar de una forma u otra su supervivencia… ¡pero es la narradora! Es el ojo a través del cual el lector vive toda la historia… ¡y es la cosa más rancia del universo! ¿Intencionado? No lo sé. En el último libro parece que sí, que hasta los demás reconocen que Katniss es un ser frío y despiadado. Pero en la narración esa percepción es mala, porque el resto de personajes parecen de mentira.

Un día viendo la televisión escuché cómo un chico decía que esta trilogía era mucho mejor que las novelas de Crepúsculo. Ahora, después de haberla leído y después de darle vueltas al tema de la identificación lector-personaje que creo que es imprescindible para que una novela entusiasme, me pregunto: ¿de verdad lo es? Y peor pregunta: ¿de dónde han sacado el entusiasmo? E impensable pregunta: no será del trío amoroso trillado, ¿verdad? Quizá la respuesta a todas estas preguntas es que estoy envejeciendo. O quizá no. Hay un ejemplo que demostraría mi inocencia, pero eso será en otra entrada…

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