La agonía y el éxtasis de Irving Stone

  La Piedad de Miguel Ángel se encuentra cerca de la puerta que se abre solo en los jubileos. Está encerrada y protegida por cristal antibalas porque un loco intentó destrozarla con un martillo en el año 1972. Los turistas se detienen para hacer fotos pero pocos para observarla. Los guías hablan del atentado, de las armonías de la escultura y de cuando Miguel Ángel esculpió la famosa frase de “Miguel Ángel Buonarroti, florentino, la hizo”. Para evitar confusiones.

 Esculpió hacia arriba del bloque, empleando su conocimiento de las formas que ya había liberado de él en la parte inferior, y una intuición, tan antigua y profunda como el largo entierro del mármol, para alcanzar la expresión de María, que emergía no tan sólo de su emoción sino del sentimiento de la escultura toda. Estaba con su cabeza más baja que la de la Virgen, las manos frente a sus ojos, las herramientas inclinadas hacia arriba. El bloque lo veía cara a cara, el escultor y la imagen, ambos envueltos por la tierna y reprimida tristeza. No esculpiría una agonía. Los agujeros de los clavos en las manos y los pies de Cristo eran apenas diminutos puntos. No se veía señal alguna de violencia. Jesús dormía plácidamente en los brazos de su madre. Sobre las dos figuras se advertía una luminosidad. Su Cristo despertaba la más profunda simpatía, no aversión, en aquellos que estaban fuera de la escultura y eran los responsables.

La agonía y el éxtasis es una biografía novelada de la vida de Miguel Ángel y este fragmento forma parte de la descripción que Stone hace de la creación de la Piedad. Cuando estaba frente a la escultura no recordé este libro, pero anoche, mientras movía libros de un sitio a otro, de repente su portada se me apareció. Es difícil distinguir qué es ficción y qué realidad en una obra así, pero merece la pena solo por averiguar a qué se refiere con agonía y a qué con éxtasis.

Por último, del mismo modo que hay una persona encargada de que nadie se sobrepase con la estatua de San Pedro, yo propondría que hubiera otra cerca de la Piedad. Primero, para que la gente mantuviera silencio, los guías incluidos, y segundo, para que leyera un fragmento de este libro o de cualquier otro dedicado a Miguel Ángel. Para que los demás entendieran.