Lluvia negra de Masuji Ibuse

El otro día, mientras escribía sobre Flores de verano, no podía dejar de pensar en Lluvia negra. Ambas novelas tratan sobre Hiroshima y sus autores son contemporáneos, pero a diferencia de Hara, Ibuse no fue testigo de la explosión de la bomba. Su historia se nutre de los testimonios de los supervivientes y, lo más importante, sí es una novela.

Su protagonista, Shigematsu, está preocupado por su sobrina Yasuko. Han concertado su matrimonio con un chico de buena familia pero la sombra de la “enfermedad de la radiación” planea sobre el enlace. Su sentimiento de culpa provoca que Shigematsu empiece a escribir un diario. Con él quiere despejar todas las dudas sobre la salud de Yasuko y, al mismo tiempo, ofrecer su testimonio de lo que ocurrió en aquellos días de agosto.

El ritmo de la novela es lo mejor. Alterna los duros pasajes de los recuerdos de Shigematsu con fragmentos de la vida que lleva mientras lo escribe. Además hay algo diferente en el sentido del humor de Ibuse y es el efecto contrario que produce: leer cómo Shigematsu finge ser sacerdote budista una y otra vez porque no hay nadie que se encargue de darle el adiós a los muertos tal y como quieren sus familiares, si es que viven, es todo menos gracioso.

Por último, si alguien se lo pregunta después de lo de Flores de verano, no, tampoco tiene nada de bello esta novela. Solo es más humana y cálida. No pasas frío cuando la lees.

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