Recuerdos de un callejón sin salida de Banana Yoshimoto

Después de Kitchen, todo lo que he leído de Banana Yoshimoto me ha decepcionado. Pero como todavía tengo pendiente Amrita aún mantengo la esperanza. Supongo que superar a la amiga de la protagonista de Kitchen, aquella que se dedica a dormir y nada más que eso con las personas que se sienten solas es algo difícil de superar. Y Yoshimoto no lo ha hecho.

Está bien que un autor sea fiel a su estilo, que lo exprima y que no innove por temor a perder a los lectores. También está bien que un escritor viva de las rentas. Igual no tiene nada más que contar. Quizá esto es todo lo que había desde un principio y la expectativa se creó sola. Todo esto en un mundo en el que esos “está bien” tienen un significado literal y no son irónicos, claro.

Recuerdos de un callejón sin salida está formado por cinco relatos. Los dos primeros son para estampárselos en la cara a Yoshimoto. Tomaduras de pelo. El primero cuenta la historia de una pareja. Él vive en una casa antigua en la que hay un matrimonio de ancianos fantasma. La “trama” da vueltas y vueltas y vueltas, y con tanto mareo, termina con este frenazo:

Si no hubiésemos visto a los ancianos en aquel piso, ¿habríamos llegado a casarnos?
Siempre quedará la duda, pero creo que no nos habríamos casado.
Ésa es mi impresión.

Y tan ancha. El segundo es peor. Cuenta otra historia, la de una chica a la que envenenan en el comedor de su empresa. Uno de los efectos de la enfermedad consecuente es que recuerda cómo fue su infancia. Traumática. Si se hubiera quedado ahí, el relato no habría estado mal. Pero la autora se mete en el cuento, lo rompe, y nos dice que ella no conoció a la protagonista y que la historia se la contaron. ¿Y a mí qué me importa? ¿Por qué estropea el cuento así?

Por último, Yoshimoto introduce un epílogo. En él asegura que siente que los relatos sean tan tristes, pero que está embarazada y que quizá por eso, aunque no relata nada que le haya sucedido personalmente, de algún modo son los cuentos más autobiográficos que ha escrito hasta ahora (sic en primera persona). Que me lo explique. Y ya de paso por qué de cien páginas solo merece la pena leer el paseo entre las hojas otoñales del gingko.

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