El jardín del samurai de Gail Tsukiyama

Unos meses antes de la guerra chino-japonesa que empezó en 1937, un joven de origen chino se recupera de una tuberculosis en un pueblo costero de Japón. Allí conoce a Matsu, el jardinero que se encarga de mantener la casa en la que se hospeda. Y entre ellos surge una relación extraña: el joven, enfermo, inseguro e inocente se convierte en el aprendiz de un maestro adusto, sombrío y misterioso.

Gracias a esta novela aprendí que la imagen idílica que muchos nos hemos formado del Japón no es real. Que como todos los pueblos a lo largo de su historia tiene sus grises, y dentro de ellos, muchas tonalidades. También aprendí que la belleza es algo más que una cara simétrica y un cuerpo esbelto, y que por tanto, el amor permanece durante más tiempo cuando la piel se cae y los rostros se desfiguran.

Por último, aprendí que las novelas sin grandes pretensiones, aquellas que hacen zoom en la vida de un grupo de personas durante unos meses y luego se vuelven a alejar son de las que más mérito literario tienen. No necesitan remontarse a cuando el mundo era una gran bola de fuego. Y lo agradezco mucho.

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