La clave del enigma sagrado de Henry Lincoln

Mi interés por estos temas no surgió después de El código Da Vinci, sino tras jugar a una gran aventura gráfica: Gabriel Knight 3. En mi ignorancia pensé que la idea original era de Jane Jensen, pero varios libros, entre ellos El enigma sagrado, me demostraron que no.

Salvo excepciones de las que hablaré aquí más adelante (unas por extravagantes y otras por válidas), el noventa por ciento de este tipo de libros asegura con rotundidad que el santo grial del medievo es en realidad la sangre real de la unión entre Jesús y María Magdalena. Ésta emigró a Francia embarazada y los descendientes de sus hijos (nunca me ha quedado claro si uno o varios) con el paso de los siglos formaron la dinastía merovingia francesa.

Algunos aderezan esta idea con un vínculo templario, otros añaden la masonería y muchos las dos cosas a la vez. Los más osados aseguran que María, descendiente de la tribu de Benjamín, participó en una treta dinástica de ciertos sacerdotes para dar a luz al heredero del trono del rey David y los más surrealistas mezclan todo para echar leña al tema de las conspiraciones mundiales. Y, por supuesto, todo sin contar con una fuente histórica fiable. Porque no existe. Las supuestas alusiones a Jesús en ciertas fuentes romanas y en las Antigüedades judías de Flavio Josefo fueron introducidas a posteriori por la iglesia católica. Sin embargo, yo disfruté bastante con esos libros. Para mí eran como novelas históricas con ciertas licencias. Como no había pruebas, cualquier teoría podía ser posible.

En La clave del enigma sagrado Henry Lincoln no cuenta nada. Recuerda sus momentos en la investigación del misterio de Rennes-le Château (donde supuestamente está la tumba de Jesús) y se desdice de todo lo que sostuvo con tanta seguridad en sus libros para sustituirlo por la certeza de que los medievales construían con tal precisión geométrica que hoy en día solo podría hacerse con tecnologías tipo GPS. Y se queda tan tranquilo.

Que este libro sirva como ejemplo de la cantidad de mentiras pseudohistóricas que se publican sin ningún pudor y de la dignidad en la que se plantan este tipo de autores cuando fueron ellos mismos los que distribuyeron esas mentiras (inducidos por fuerzas misteriosas y también mentirosas) o no.

 

 

3 comentarios en “La clave del enigma sagrado de Henry Lincoln”

  1. Toda la verdad no sólo está contenida en el líquido azul o negro del tintero todavía por conocer la pluma del escribiente de turno sino que también está contenida en el libro diccionario de las palabras sueltas desde la primera hasta la última del abecedario. Sabemos que los artistas pintan sus cuadros, hacen esculturas y demás historias pero sólo ellos conocen bien que la fuente de inspiración donde ellos beben sorbos de creatividad muda como la piel de la serpiente donde nadie sabe donde para la siguiente creación. Hay escritores y artistas que de vez en cuando esbozan la verdad por iluminación espontánea que al punto se desvanecen como los sueños donde la razón y la vida donde la locura. Donde está la serpiente está el veneno, pero también por sabias que se tienen los hay que siguen su rastro a través del surco del camino hasta su guarida sin que ella lo sepa. Investigadores extraordinarios que aún sabiendo la verdad hasta el final callan porque conviene callar, porque no merece la pena la inmortalidad una vez muerto. Os digo, que la verdad se conoce pero muda de piel como la fuente de inspiración donde ellos beben sorbos de creatividad. Lo demás, simplemente es ruido.

  2. No comprendo como pude dejarme arrastrar por los efectos del alcohol escribiendo las tonterías de arriba. Ahora que estoy sereno y del todo intoxicado después de cuatro largos años opino de la siguiente manera acerca de la clave del enigma sagrado. En aquellos años beligerantes de la edad media era importante calcular bien las distancias existentes entre los emplazamientos de las torres de vigía militar, hoy día transformados en torres de campanas de las iglesias. Quizá, la geometría sagrada de Henry Lincoln podría coincidir con las distancias equidistantes entre dos o más torres de vigía o iglesias pertenecientes a un sistema de comunicación de la edad media de índole militar, eslabonados en cadena dentro de los límites audibles y visuales del turno de guardia, emitidas por algún tipo de dispositivo o instrumento de alarma para dar aviso de incursiones, etc. Podría ser. ¿verdad? No se me ocurre otra cosa mejor. Lo que está claro que la imaginación vuela.., y a veces demasiado alto. Todo esto es sólo entretenimiento, sólo diversión. No mentiras, ni verdades. Creo.

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